LyX: otro ejemplo del uso del paquete caption

En el capítulo 14 de mi libro sobre LYX comento algunos ejemplos de uso del paquete caption que permite configurar las leyendas de figuras y tablas, que son cuadros, en fin, tablas.

Siguiendo una pregunta de un lector, hoy quiero comentar cómo agregar una línea debajo de las leyendas de las figuras. La idea es simple: agregar la instrucción \hrulefill como sigue

\usepackage{caption}

\DeclareCaptionFormat{miformato}{#1#2#3\hrulefill}
\captionsetup[figure]{format=miformato}

Supongamos ahora que queremos modificar esta línea para que sea de un color particular y más «gruesa»:

\usepackage{xcolor}
\definecolor{rojito}{rgb}{.8,.2,.1}

\usepackage{caption}

\DeclareCaptionFormat{miformato}{#1#2#3\color{rojito}
    \def\hrulefill{\leavevmode\leaders\hrule 
        height 2pt\hfill\kern\z@}\hrulefill}
\captionsetup[figure]{format=miformato}

Por supuesto, esto se puede combinar con lo que cuento en el libro. Te dejo con los detalles 😉


El monstruo infinito, 2: ¿qué tan grande es el infinito?

Además de celebrar el octavo año de esta pingüinera (¡fue ayer!), hoy cerramos el tema que comenzamos la semana pasada. Asegúrate de leer el artículo anterior antes de comenzar con este, que lo que allí se discute es importante para comprender lo que sigue.

Allá vamos.

Medir el infinito

Si definimos un conjunto que sea «sillas en una habitación» podremos fácilmente definir su cardinal, es decir, el número de elementos que el conjunto contiene. Si el cardinal de un conjunto es 2 y el de otro resulta 4, rápidamente podremos decir cuál conjunto «es más grande».

Ahora bien, ¿cómo hacemos esto con conjuntos que tienen infinitos elementos como los números?

Has un esfuerzo de memoria, que seguro lo has visto: «hay tantos números pares como números naturales». De hecho podremos decir que hay tantos números primos como números naturales. Simplemente pones los números en dos columnas y asocias los de una columna con los de otra: si puedes hacer una relación uno a uno entre ambos conjuntos sin olvidarte ningún elemento, decimos que ambos conjuntos tienen «el mismo cardinal»

1 → 2

2 → 3

3 → 5

4 → 7

5 → 11

6 → 13

y así siguiendo infinitamente. Por lo que sí, el cardinal de los números enteros es igual al cardinal de un subconjunto de los mimos como los números primos. Las cosas que pasan cuando tienes conjuntos infinitos. En esta forma de comparar conjuntos infinitos trabajó un señor llamado Georg Cantor, por si te da curiosidad y quieres sumergirte en la wikipedia (buscar enlaces de todo esto te queda como ejercicio: no te quejes, que no te estoy dando para hacer cálculos).

El truco puede extenderse para demostrar (te lo dejo como otro ejercicio, por protestar) que el conjunto de los racionales ℚ también tiene el mismo cardinal que ℕ. Es decir, aunque no lo parezca hay tantas fracciones posibles como números enteros, no más, no menos: ambos conjuntos son «igual de infinitos». ¿Que te resulta extraño? Pues sigue leyendo, que la cosa solo empieza.

El cardinal de los números naturales suele llamarse «aleph cero»: ℵ0. Y sí, como ya te imaginarás existe un «aleph uno», ℵ1, que es más «grande» y corresponde (estoy simplificando mucho el discurso aquí) a la cardinalidad de los números reales ℝ, esos que dijimos están formados por los algebraicos y los trascendentes.

Y es que puede demostrarse que es absolutamente imposible realizar una asociación «uno a uno» entre los naturales y los reales, los reales «siempre sobran» por lo que el conjunto ℝ «es más grande» que el conjunto ℕ. ¿Cómo? Pues con el «argumento de la diagonal de Cantor».

Primero tienes que demostrar, sí, tú, que no voy a hacer todo el trabajo por ti, que la cardinalidad del segmento que va del 0 al 1 es igual a la de todos los reales (pista: piensa en una función como la tangente). Hecho esto, comienzas una «demostración por reducción al absurdo».

El procedimiento es el siguiente: supones que los números reales entre 0 y 1 pueden ser numerados, es decir, que puedes escribir una lista completa de ellos. Pues bien, ahora construyes un nuevo número tomando, para el primer dígito decimal, un número diferente del primer dígito decimal del primer número en la lista, para el segundo dígito decimal del nuevo número, tomas un número diferente del segundo dígito decimal del segundo número de la lista… y así infinitamente. ¡De esta forma habrás construido un nuevo numero que es diferente a todos los números de la lista! ¡La lista no era completa!

Pues bien, demostrado esto tenemos ante nosotros el ℵ0 y el ℵ1, que son diferentes. Aquí tampoco tienes que preocuparte ya que no entraré en el tema de la jerarquía de infinitos o la hipótesis del continuo, temas que nos dejarían a un paso de los problemas de indecibilidad, el axioma de selección y… en fin, mejor no.

Ahora bien, te hago una pregunta tramposa: ¿te imaginas cuál es la cardinalidad de los números algebraicos?

Pues resulta ser ℵ0.

Exacto: \sqrt{2},~\sqrt[3]{5} y todos los números de esa especie que en la escuela eran el ejemplo por excelencia de los números reales resultan ser parte de un conjunto que tiene la misma cardinalidad de los modestos naturales.

La demostración es bien simple: construyes una tabla donde en la primera columna vas pasando por todos los polinomios a coeficientes enteros, en la segunda pones los ceros de esos polinomios y en la tercera los números naturales: relación uno a uno, igual cardinalidad.

Bueno, pensarás, es cuestión de agregar π y todos sus amigos, que así ya tenemos nuestro cardinal ℵ1, ¿verdad?

¡No tan rápido! No tan rápido.

Los números calculables… y los otros

Lo que sigue es algo que se le ocurrió a un tal señor Alan Turing, por si quieres profundizar.

Números como π, e, \ln(2) y parientes son números que, si bien trascendentes, sabemos cómo calcular. De hecho, hace unos años publiqué un artículo sobre cómo calcular π «al estilo de Arquímedes», ¿recuerdas? ¿No? En fin. Ahora bien, piensa un momento, ¿qué significa calcular un número?

Ya sea que lo hagamos a mano o le dejemos la ingrata tarea a una computadora, calcular un número particular implica desarrollar un algoritmo, una lista de instrucciones… y aquí ya tendrías que comenzar a sospechar algo.

Definamos el conjunto de todos los algoritmos posibles. Dado que cada algoritmo no es más que una lista de instrucciones, podremos simplemente hacer una lista numerada de algoritmos: tienes el primer, el segundo… el millonésimo algoritmo, uno de ellos te calcula π, pero no puedes tener el algoritmo número π.

Es decir, dado que puedes hacer una lista con los algoritmos, puedes asociar cada uno de ellos a un único número natural, y eso quiere decir que el cardinal de los números que podemos calcular también es0. El cardinal del conjunto de los números calculables es igual al cardinal de los números naturales.

Exacto: todo esto significa que la enorme, abrumadora, monstruosa mayoría de los números reales no pueden, ni podrán jamás, ser calculados. Están allí, sabemos de su existencia, pero no podemos verlos, acceder a ellos o saber cómo son.

El conjunto de los números reales es un monstruo infinito… y fascinante.


Complemento

Luego de escribir estas dos entradas (el primer borrador creo que lo hice en marzo) descubrí un muy buen canal de youtube llamado Lemniscata, y en él el siguiente vídeo que trata en forma muy entretenida una parte de lo que hemos discutido aquí:

El monstruo infinito, 1: «¡está lleno de números!»

La semana que viene el blog cumplirá 8 años, por lo que me puse a pensar en algo divertido para decir sobre el número 8. Como te imaginarás, no encontré nada (2 al cubo, qué se puede decir, bien aburrido) por lo que mi mente comenzó a dispersarse y a dar tantas vueltas que caí en una cadena de asociaciones que me llevó a escribir sobre todos los números. Sí, todos, que así soy yo. Por lo que ya sabes: ajustate el cinturón de seguridad que en este artículo y en el próximo vamos a hablar de números, conjuntos e infinitos.

Y de un monstruo, sí, también de eso.

Más precisamente quiero mostrarte el motivo por el cual los números reales forman un conjunto monstruoso… y fascinante. Para esto tendremos que tocar unos cuantos temas, pero no te preocupes que no tendrás que hacer cuentas y el viaje es, creo yo, muy interesante.

Los números de toda la vida, y algunos otros

Todo comienza con los números naturales, los «números de contar» de toda la vida: 1, 2, 3… No voy a entrar en la discusión de si el cero es natural o no (aunque lo usaremos como si lo fuera) y menos aún de si es par o no, o que si la definición axiomática de Peano o de quien quieras. Nada de eso. Lo importante es que tenemos los números naturales, el conjunto ℕ, y una operación definida entre ellos, la adición. Generalizando la adición podemos definir el producto y de invertir suma y producto podemos definir diferencia y división.

De tratar de dar sentido a las operaciones de diferencia y división es que generalizamos los números para obtener los enteros ℤ (agregar los negativos a ℕ) y los racionales ℚ (agregar las fracciones).

Hasta aquí todo bien y consistente. Pero solo hasta aquí, que cuando generalizamos el producto para crear las potencias y luego invertimos las potencias para crear las raíces (cuadradas, cúbicas, las que hagan falta) todo comienza a complicarse, incluso si solo nos dedicamos a considerar las raíces de los números positivos.

Y es justo en estas «complejidades» donde la didáctica numérica suele perder un poco el rumbo: en las escuelas nos dicen cosas como que de las raíces de ciertos números, por ejemplo los números primos, nos dan los irracionales (aquellos números que no pueden ser escritos como fracciones) y que el conjunto formado por los racionales y los irracionales nos da el conjunto de los números reales ℝ.

A ver, un momento, que el conjunto de los números irracionales es mucho, pero MUCHO más grande que el conjunto de «las raíces de ciertos números». Podríamos incluso decir que es monstruosamente más grande… ya llegaremos a eso.

Números algebraicos y números trascendentes

¿Recuerdas qué son los polinomios? ¿No? En fin. Empecemos entonces con los monomios, que son un tipo de función elemental de la forma a_n x^n, con a_n un número cualquiera, al que llamaremos coeficiente, y n un número perteneciente a ℕ (con el cero), al que llamaremos grado. Si ahora sumas varios monomios, cada uno con un grado distinto, pues tenemos un polinomio.

No voy a entrar en los detalles, no te preocupes, es suficiente que tengas en mente esta idea básica de polinomio y el concepto de «cero de una función». No, no estamos hablando de «cero como en el número cero»: un cero de un polinomio es el valor que tienes que darle a la x para que toda la función dé como resultado el número cero. También se lo llama raíz. Que no, que no es «raíz como en raíz cuadrada»… en fin, las limitaciones del lenguaje.

Ya casi estamos. Si de todos los polinomios posibles nos restringimos ahora a aquellos que tienen coeficientes que pertenecen a los números enteros ℤ podemos comenzar a razonar. Pues bien, el conjunto de todos los ceros de todos los polinomios a coeficientes enteros forman el conjunto de los números algebraicos.

Nota: por simplicidad del discurso hoy vamos a ignorar a los números complejos, por lo que solo tomaremos en consideración los ceros de estos polinomios que pertenecen a ℝ.

Es justo en este punto donde la didáctica matemática suele explicar las cosas un poco mal, porque si bien los números algebraicos incluyen aquellas «raíces de ciertos números» de los que hablamos antes, como \sqrt{2},~\sqrt[3]{5}, etcétera, dejan afuera los números como π.

\ln(2), π, e y otras bellezas por el estilo son números que no pueden expresarse como números algebraicos y por lo tanto vienen llamados números trascendentes. Es la unión de los números algebraicos (no complejos) y de los trascendentes la que nos da finalmente los números reales.

¿Que porqué es esto importante? Bueno, para verlo primero tenemos que hablar de otro concepto fundamental, pero el artículo de hoy está quedando ya demasiado largo.

Seguimos en el próximo.

El androide científico

No, no voy a hablar ni de Data ni de su recientemente anunciado retorno, que nunca me vas a ver en una convención de Trekkies.

Hace poco caí finalmente ante la presión social y me vi obligado a adquirir un teléfono con internet. En fin, qué vamos a hacerle. «Ya que no me queda otra que estar aquí, mejor me aprovecho», pensé, por lo que he estado buscando algunas aplicaciones de código abierto que hagan que el androide ese sirva para algo. El amigo Mauricio ya me sugirió una, hoy voy a compartir otras dos de corte «científico» que me han sorprendido y mucho, especialmente la primera.

Calculator N+

Esta aplicación se presenta como «una poderosa calculadora», pero esta descripción resulta demasiado humilde: es en realidad un completo sistema de álgebra simbólica computacional que permite trabajar con precisión arbitraria, cambiar entre representación decimal y exacta (raíces y fracciones), resolver ecuaciones, factorizar números y polinomios, resolver expresiones trigonométricas. Con ella puedes derivar, integrar, calcular límites, realizar gráficos, cálculo combinatorio, trabajar en teoría de números (álgebra modular y números de Catalán, por ejemplo) y mucho, pero mucho más

 

 

 

 

 

Con licencia GPL 3, puede utilizarse sin conexión, es increíblemente rápida, presenta los resultados en LATEX y, qué más puedo decir, ¡es sorprendente lo que se puede hacer en estos días con un teléfono!

Por el momento, la aplicación solo se encuentra en inglés.

Sistema periódico

Una completísima y perfectamente actualizada tabla periódica de los elementos, con muchísima información sobre todos los átomos: masa atómica, electronegatividad, configuración electrónica, puntos de fusión y ebullición, densidad… lo que necesites.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La aplicación se encuentra traducida al castellano, no requiere permisos, puede utilizarse sin conexión a internet… qué más se puede pedir.

¿Conoces alguna otra aplicación libre que haga que los teléfonos se vuelvan algo útil? ¡Aquí abajo tienes los comentarios para compartirla!


Nota: en forma excepcional, en la semana que viene también habrá artículo, ¡y en la otra! Pero no hay que acostumbrarse, que esto ha sido un poco por casualidad.

Estoy cansado de los fanáticos de Star Wars

Pues sí, que hoy me descuelgo con otra diatriba. Si te sirve de consuelo no voy a atacar a Star Wars como producto#↑, más bien a sus fanáticos.

Y antes de que me protestes: los fanáticos de Tolkien también me tienen cansado, especialmente aquellos que defienden las indefendibles películas de Peter Jackson. Pero no es correcto el ponerse a despotricar contra dos religiones cinematográficas en un único artículo, las tensiones se volverían tan grandes que la curvatura resultante generaría un agujero negro, por lo que me voy a enfocar en un único grupo que así lograremos mantenernos fuera del radio de Schwarzschild#↑. Quizás otro día seguimos con los demás.

En fin, a lo nuestro. Hagamos un poco de historia.

Allá por la segunda mitad de los años 90 del pasado siglo, en una época en la que internet era una cosa que pocos utilizaban y empresas como google todavía no habían sido fundadas#↑, se produjo el anuncio de las precuelas de la trilogía original de Star Wars. Fue allí que finalmente comencé a notar que algo andaba mal con cierta gente.

Recuerdo que estaba en la concurrida reunión cuando salió el tema de la nueva trilogía. En el grupo había dos personas sobre las que me concentraré en esta anécdota (sin dar nombres, por supuesto): la primera confesó que no había visto la trilogía original y la segunda puso una cara extraña al oír tal confesión, pero al principio no dijo nada. Me ofrecí entonces a contar de qué se trataba la historia a esta primera persona mientras la segunda permanecía en silencio sosteniendo su drink.

Dije las típicas cosas: la primera película es entretenida y fue pionera de los efectos especiales, la segunda es quizás la más «profunda» (si bien la palabra profunda es un tanto exagerada aquí) y la que desarrolla mejores ideas… Entonces comencé a hablar de la tercera, y lo hice con la siguiente frase: «eso sí, El retorno del Jedi empieza con el que es quizás el peor plan de rescate de la historia del cine»#↑.

Fue en ese momento que la segunda persona se movió y, tensando su rostro en un gesto de desprecio me dijo: «Star Wars es sobre la eterna lucha del bien contra el mal, si no entendés eso…».

No estoy exagerando, esas fueron sus textuales palabras#↑.

A partir de ese momento mi definición de estupidez se actualizó con el ejemplo perfecto.

No pude evitar el lanzar una carcajada ante tal disparate, y los demás que allí estaban presenciando la escena me siguieron, reduciendo nuevamente al silencio a este fanático irredimible. Locos nunca faltan, pensé, y no le di mayor importancia… gran error: ese fue el primer momento en el que me enfrenté a la «subcultura Star Wars», pero no sería el último.

No te cansaré con mis anécdotas, que son muchas, especialmente porque me cansa el contarlas, por lo que pasaré directamente a una de las últimas#↑.

Un par de años atrás, en plena promoción de la nueva trilogía (no recuerdo si antes o después del estreno de The Force Awakens), me encuentro con otro adorador de la saga y, tanto para molestar, inicio la conversación así:

—Algo que no se entiende es el motivo por el cual Obi-Wan deja al Luke bebé con sus tíos. ¡No tiene sentido! ¡Tendría que haberlo entrenado desde el principio! Claro, la verdadera respuesta a esto es que Lucas no tenía ni idea de cómo seguiría la historia cuando desarrolló la primera película allá por 1977. De hecho, ni siquiera sabía que la historia seguiría, punto. Pero de cualquier forma es un enorme hueco argumental, hay que admitirlo.

—¡Para nada, para nada!— dijo mi interlocutor, con marcada satisfacción —Hay un canal de youtube llamado Star Wars Theory que tiene un vídeo que justo explica esto a la perfección. ¡Todo está allí!

La verdad es que me quedé sin palabras. A ver, ¿la explicación de uno de los principales huecos argumentales la da un desconocido en youtube? Como diría el señor Spock, «fascinante».

En fin, que fui a ver el bendito vídeo. No me pidas que te lo enlace, si te interesa te lo buscas, pero básicamente ese vídeo dice que en un comic publicado por Disney luego de adquirir los derechos de las películas se muestra cómo un enojado tío de Luke le dice a Obi-Wan que se aleje de su familia, ¡y Obi-Wan le hace caso!

A ver si entiendo, me está diciendo que Obi-Wan, una persona que lo primero que hace cuando aparece en la trilogía original es mentirle a Luke#↑, que sigue manipulando mentalmente a todos los que se le cruzan, que corta con su sable de luz el brazo de un extraterrestre sin mirar siquiera cómo este, seguramente, luego moría, alguien que en las precuelas no perderá oportunidad para mostrarse seguro de sí mimo por no decir soberbio, que llega a decirle a Yoda que está dispuesto a desafiar al consejo jedi entrenando a Anakin por su cuenta… en fin, ¿que esta persona que de sumisa tiene bien poco#↑ simplemente acepta lo que el tío de Luke le dice y se mantiene aparte? ¿Y que todo esto está «explicado» en un comic publicado por Disney cuando se propuso relanzar la saga?

Qué puedo decir, estoy tentado de actualizar nuevamente el ejemplo perfecto de mi definición de estupidez.

Por curiosidad miré algunos vídeos más de ese canal de youtube y leí alguno de los comentarios de sus seguidores. Como decimos por estas tierras, llevándonos las manos a la cabeza, mamma mia!

La verdad es que me superan. Ver hasta donde llegan los fanáticos de Star Wars para justificar el que la saga que tanto adoran es en realidad digna de toda su devoción me ha asqueado tanto que no he podido ir a ver las nuevas películas. Como digo en el título, los fanáticos de Star Wars me han cansado, llevándome a un punto en el que esas simples historias que alguna vez me resultaron entretenidas ahora me parecen completamente intolerables.

Y mejor no entremos a hablar de la secta que llora, grita y patalea en youtube hablando de la «desalmada»#↑ Disney que ha «arruinado» la saga con las secuelas y qué se yo qué más… A ver, si no te gustan las secuelas, y me parece perfectamente creíble el que sean un desastre abominable, ¡quédate con la trilogía original y sigue con tu vida!

En fin, que para suavizar esta particular diatriba te dejo con una viñeta de La pulga snob, donde el señor Diplotti desarrolla un tema relacionado (clic en la imagen para ir a la tira original)


Como siempre, el próximo artículo será normal. Digo, normal en el sentido de «como las otras cosas que escribo normalmente», que yo de normal tengo bien poco, ya sabes.

RegExp: buscar números mayores a un número dado en Writer

Estimado lector, te has distraído. Sí, sé que es duro, pero las cosas hay que decirlas: ya ha pasado casi un año desde la publicación de la edición 2018 de Domando al escritor y hay dos errores que no has visto. Bueno, un lector de la edición inglesa vio uno de ellos, ¡pero tu no has visto ninguno! Yo tampoco, es verdad, ¡pero estamos hablando de ti!

El primer error está en la página 20, donde te encuentras con un .dev en lugar del .deb que debería ir. Este error vaya y pase, que la v y la b están muy cerca en el teclado, ¡pero el otro!

En uno de los ejemplos del capítulo de las expresiones regulares cuento cómo encontrar números entre 1 y 50, pero no mayores. ¡Aquí está el error que no viste!

Yo tampoco lo vi, lo sé, que por algo está allí, pero insisto, ¡estamos hablando de ti!

El gazapo está en que allí uso la expresión \d para indicar un dígito genérico, ¡pero no la había definido en ningún lado! Se me traspapeló en la lista de expresiones. ¡Un año entero y nadie lo vio!

En fin, que peor fue el error de la versión 2016 con la desastrosa explicación de las listas numeradas… pero ese mejor lo olvidamos, que ahora está bien.

Y sí, \d equivale a [:digit:] y sirve para encontrar un dígito cualquiera.

Bueno, zanjado esto y ya que estamos aquí hagamos otro ejemplo para encontrar un número entero mayor que un dado número. Por ejemplo, busquemos en un texto cualquiera números enteros mayores que 42, pero sin incluir 42.

Veamos, para encontrar números del 43 al 49 podemos utilizar

\b4[3-9]\b

es decir, un cuatro seguido de un dígito entre el 3 y el 9. (Lee el libro así no tengo que explicarte aquí qué significa \b 😉 ). Si ahora queremos buscar números entre 50 y 99 podemos utilizar

\b[5-9]\d\b

Finalmente, podemos encontrar números del 100 para arriba con

\b[1-9]\d{2,}\b

Para buscar todo eso junto, pues solo tenemos que utilizar las barras verticales

\b4[3-9]\b|\b[5-9]\d\b|\b[1-9]\d{2,}\b

Y así las cosas. La próxima vez hay que estar más atento. Digo, yo también tengo que estarlo, ¡pero estamos hablando de ti!

Diccionarios para Falkon

Nota: si me has escrito utilizando el formulario de contacto y en tu bandeja de entrada no haz encontrado respuesta, mira la carpeta de spam. Los proveedores de correo electrónico están un poco paranoicos estos días.


Hace algo más de un año hablaba en estas páginas de Falkon, el nuevo navegador de internet del proyecto KDE. En ese artículo comenté los puntos buenos y los no tan buenos, y entre los últimos los problemas que tenía con el corrector ortográfico.

Pues bien, desde que instalé todo en mi nuevo portátil linuxero noté un pequeño detalle: no solo el corrector ortográfico de este navegador sigue siendo bien pobre, en Leap 15.1 Falkon no instala los diccionarios por lo que de corrección, buena o mala, nada.

En el artículo de hoy cuento cómo instalar los diccionarios .bdic necesarios para Falkon, aprovechando una instalación existente de Chromium (lo instalé para participar en el podcast de KDE España).

Primero, lanzando Chromium nos vamos a su configuración e instalamos los paquetes de idioma necesarios.

Esto hará que los diccionarios de corrección ortográfica se copien al siguiente directorio de nuestra carpeta personal

~/.config/chromium/Dictionaries/

Abriendo un terminal allí (si estás viendo la carpeta desde Dolphin, solo tienes que presionar F4), tenemos que ejecutar estos dos comandos

sudo mkdir /usr/share/qt5/qtwebengine_dictionaries/

sudo cp *.bdic /usr/share/qt5/qtwebengine_dictionaries/

El primer comando crea (luego de ingresar la contraseña de administrador) la carpeta correcta para los diccionarios que utilizará QtWebEngine, la «maquinaria web» utilizada por Falkon, mientras que el segundo comando copia los diccionarios a esa carpeta.

Ahora solo queda abrir Falkon, ir a su configuración y habilitar los diccionarios que hemos instalado

Las limitaciones siguen siendo las mismas que comentamos en aquel artículo: todos los idiomas instalados y habilitados se comprueban simultáneamente, para elegir un único idioma de corrección hay que entrar cada vez en la configuración del programa para deshabilitar los otros.

En fin, que este tipo de cosas no tendrían que ser tan complicadas. Esperemos que futuras versiones de Falkon logren resolver este problema.


La inspiración de este artículo se encuentra en la sección Spellcheck Woes de este artículo (la parte de encontrar los diccionarios en la instalación de Chromium ha sido pura prueba y error de mi parte… se ve que tenía tiempo)