Fotografía digital en Linux, 5

Quinta entrega del «curso» de fotografía digital en Linux.

Seguimos aún con las «bases teóricas».

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Sobre imágenes ruidosas y otras yerbas.

Ya mencioné en una entrega anterior que una imagen amplificada puede ser «ruidosa». Este «ruido de imagen» se ve como píxeles coloreados de distinta intensidad distribuidos aleatoriamente en la superficie de la imagen, especialmente en las zonas oscuras. Los casos en los que este «ruido» aparece son dos: el primero al usar valores iso grandes, el segundo al realizar exposiciones prolongadas.

El origen de esto es lo que se conoce como «ruido térmico», el cual es inherente a la electrónica utilizada y no está presente en la fotografía tradicional. Todo nace en el calentamiento del sensor, calentamiento que es capaz de mover los electrones en su interior dando una señal donde no debiera existir. Este calentamiento está siempre presente (de hecho, las cámaras digitales usadas en astronomía tienen un sistema de refrigeración incorporado) y también produce el ruido que aparece al amplificar la señal.

No existe solución para esto por lo que, además de evitar al máximo posible el utilizar isos altos y / o exposiciones prolongadas, lo único que nos queda es procesar la imagen en el computador con algún algoritmo de «reducción de ruido», el cual consistirá básicamente en tomar un «valor medio» de pixeles cercanos para así atenuar las desviaciones del valor «real».

Debe tenerse en cuenta que esta reducción de ruido también produce inevitablemente una «reducción de detalle», por lo que es mejor no exagerar. Ya volveremos sobre esto más adelante.

Otra cosa a tener en cuenta es que una imagen ruidosa generará un archivo más grande que una sin ruido, ya que estos pixeles coloreados contarán como «detalles».

Cámaras, monitores e impresoras

¿Quién ha dicho que el rojo que se ve en el monitor es el rojo que capturó la cámara? ¿Y de dónde sale la presunción de que el rojo del monitor será el mismo rojo que nos dará la impresora?

La calibración de color es algo que suele ser olvidado… especialmente en Linux, donde solo recientemente han comenzado a surgir soluciones al respecto. Existen innumerables páginas de Internet explicando este problema, por lo que no voy a repetir lo dicho allí (al menos no por el momento… quizás en un artículo posterior 😉 ), simplemente comentar que los monitores de computador (especialmente los viejos CRT) vienen pésimamente calibrados y que se debe trabajar bastante para hacer que muestren los colores correctos. Los monitores LCD, y en especial los de las portátiles, tienen además el problema de que los colores dependen del ángulo desde el cual los vemos por lo que el tema del color es algo a tener presente, especialmente si hacemos mucho trabajo de edición en nuestras imágenes: si no calibramos todo correctamente, lo que salga finalmente impreso nos dará una extraña sorpresa…

Y la impresión… Monitor y cámara usan el mismo espacio de color RGB por lo que es relativamente fácil que se «comprendan» mutuamente, pero las impresoras usan un espacio diferente, el CMYK, es decir, cian, magenta, amarillo y negro, por lo que la información del espacio de color RGB debe ser «traducida» al CMYK antes de imprimir. En la mayor parte de los casos esto no significará un gran problema, pero si somos muy detallistas con el color al final nos daremos cuenta que aquello que habíamos dejado de una forma al editar la imagen no necesariamente será así al imprimirla.

Diferencia entre las compactas y las reflex digitales

Más allá de la obvia diferencia de calidad (no por nada los precios son tan distintos…), existen cuestiones prácticas a tener en cuenta. La primera es el tamaño del sensor. Generalmente el sensor de las compactas digitales es entre un cuarto y un quinto del tamaño del sensor de las reflex (ni hablar de lo que viene en los teléfonos celulares…). Siendo así de pequeños, los ángulos en los que la luz llega al sensor serán siempre menores: ángulos más estrechos implican profundidades de campo mayores, lo cual, y esto es buscado, asegura que casi todo lo que se encuentra delante de la cámara esté en foco permitiendo un gran ahorro en las ópticas utilizadas… al costo de limitar enormemente las posibilidades creativas del fotógrafo.

En los sensores pequeños los problemas de ruido son aún mayores y no solo porque en una superficie más pequeña es más difícil dispersar calor: las compactas digitales carecen de un obturador mecánico y al estar continuamente encendidas en modo «live» el sensor estará evidentemente a mayor temperatura, dando por lo tanto una calidad de imagen inferior.

A todo esto se suman las ópticas de menor diámetro de las compactas: una fotografía es un registro de luz, y si nuestras lentes no dejan pasar suficiente luz pues nada quedará registrado… a menos que amplifiquemos la señal, aumentando también el ruido.

Finalmente, existe una limitación física que resulta ser de gran impacto: con detectores tan pequeños y tan próximos entre sí pueden darse fenómenos de transferencia de carga entre un detector y aquellos vecinos. Efectivamente: la luz llega en un punto y es registrada en otro… o mejor dicho en varios, dando lugar a manchas e imágenes borroneadas.

Y la situación está empeorando con los nuevos modelos de compactas… he tenido la oportunidad de comparar las imágenes generadas por dos compactas, una de 7 megapixeles y la otra de 10 megapixeles (no puedo compartir las fotografías ya que no me pertenecen) y puedo asegurar que la compacta de 10 megapixeles da imágenes de peor calidad que la otra.

No en vano las principales marcas (Nikon, Canon, Pentax…) están utilizando sensores más grandes para sus cámaras profesionales y semi profesionales, volviendo todas ellas a los míticos 36 milímetros.

Y además, las compactas no permiten salvar la imagen como raw, lo cual limita las posibilidades de edición.

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