Sobre las adaptaciones cinematográficas

Si bien se han mencionado en entradas anteriores la existencia de las adaptaciones de la obra de Tolkien firmadas por Ralph Bakshi y Peter Jackson, claramente no he entrado aún en detalles sobre ellas ni sobre la adaptación de El Hobbit que se espera para fines del 2012… y esto, en un blog llamado el pingüino tolkiano ciertamente resulta un tanto extraño.

Pero antes de hablar de adaptaciones pasadas y futuras, me desviaré un momento para hablar en este artículo sobre qué es lo que considero una buena adaptación cinematográfica.

Sobre la fidelidad a la obra

Ser «fiel» a la obra original es siempre considerado un punto a favor de una película… pero ¿qué significa ser fiel? ¿Respetar el texto? ¿A los personajes? ¿Las situaciones? ¿Cuál es el límite entre ser flexible con la adaptación y volverse un traidor al libro original?

Por ejemplo, Kennet Branagh realizó en 1996 una maratónica adaptación de Hamlet, la primera en respetar completamente el texto original. Branagh no perdonó ni una coma: cada palabra escrita en el libro ha sido pronunciada en la película. ¿Puede decirse entonces que la adaptación fue fiel al libro original?

En mi opinión, no.

Hamlet habla sobre una persona atormentada por las dudas, alguien que se divide entre el deber (medieval) de vengar a su padre y su conciencia (moderna) de saber que una tal venganza es un acto inútil. Si el príncipe Hamlet fuera el gritón desaforado que interpreta Branagh la historia terminaría seguramente mucho antes del quinto acto… de hecho no creo que hubiera pasado de la mitad del tercero. Y esto por no hablar de los flash back y de las imágenes interpoladas (como cuando Polonio, padre de Ofelia despide una… compañera casual, o cuando Hamlet y Ofelia son mostrados en una escena «intimista»…) que sugieren cosas que no están en el libro ni siquiera en forma aproximada.

Es decir, la película respeta el texto al 100 % y aún así es completamente infiel a la obra…

Otro ejemplo Shakespeariano: dos adaptaciones de Macbeth, una por Roman Polanski y otra por Akira Kurosawa.

Polanski cuida de ir a los paisajes correctos, de utilizar los vestuarios apropiados, de mostrar las costumbres, tanto sociales como guerreras, de la época retratada corrigiendo incluso algunos anacronismos propios de Shakespeare.

Kurosawa por otra parte cambia todo. Trueca caballeros en samuráis, tres brujas por un espíritu del bosque, infinitos diálogos por silencios cargados de significado. No aparece el personaje de Macduff: son los propios soldados del dictador quienes matan a Washizu/Macbeth.

Y sin embargo, aún cambiando todo Trono de sangre de Kurosawa es infinitamente más fiel al original que la película de Polanski.

Macbeth no es una historia de los crímenes cometidos por una persona de nombre Macbeth, sino una historia de cómo esa persona antes leal y valiente se transforma rápidamente en un criminal despiadado guiado por la ambición del poder. En la obra original no vemos a Macbeth cometer crímenes sino hasta el  quinto acto, cuando mata al hijo de Siward en medio de la última batalla. El lector sabe que Macbeth ha matado al rey y luego a los guardias que su esposa había previamente drogado, sabe que manda matar a Banquo y a su hijo, a la familia de Macduff y a tantos otros… pero nunca ve esos crímenes sino hasta la última escena, cuando el bosque ha comenzado a caminar hacia el castillo y él se lanza a la batalla final aferrándose a la engañosa profecía de que ningún hombre nacido de mujer logrará matarlo.

Polanski elige mostrar todos los crímenes de Macbeth en forma feroz. Kurosawa nos muestra en forma rápida solo uno de los crímenes de Washizu: la muerte de los guardias.

Kurosawa respeta el espíritu de la obra, respeta sus personajes y cómo estos se degradan, respeta los sentimientos, las intensiones. Polanski solo respeta las formas y agrega una gran dosis de violencia visual, traicionando por lo tanto la esencia de la obra.

Primera conclusión

Es claro que el lenguaje cinematográfico es diferente del lenguaje literario y por lo tanto resulta también claro que es necesario introducir cambios en la estructura de la historia para llevarla al cine: pasar a imágenes aquello que solo era palabras confabuladas con la imaginación del lector no es (no debería ser) tarea simple. Pero también es claro que si hablamos de «respetar la obra original» estos cambios no pueden ser arbitrarios.

El primer ejemplo nos muestra que ser fiel a la palabra no implica ser fiel al contenido. El segundo ejemplo nos muestra que ser fiel a la forma no implica ser fiel al espíritu.

Desgraciadamente el cine, sobre todo aquel de «alto presupuesto» (léase Hollywood y afines) no solo no es fiel a la palabra sino que tampoco respeta el espíritu o la forma… en síntesis, el cine comercial suele ser más infiel que un proverbial Casanova…

Una última curiosidad… solo conozco un ejemplo de semejante situación, pero como para muestra basta un botón también debemos decir que, en principio, ser infiel al libro original no necesariamente es un error.

Después de todo, la película Blade Runner (especialmente en su versión director’s cut del ’92), si bien lejos de ser perfecta es infinitamente superior al en mi opinión sumamente pobre libro original de Philip Dick.

En un próximo artículo hablaré sobre las adaptaciones cinematográficas de la obra de Tolkien y del porqué no creo que llegue a ir a un cine a ver El Hobbit…

Anuncios

,

  1. #1 por ANGELUS-Ruy el 7 enero, 2012 - 16:04

    Buenas. Antes de nada gracias por comentar en el blog en el que escribo. En cuanto a este artículo quiero darte, así por encima, mi opinión. Para mí modificar el texto para adaptarlo al cine no creo que requiera modificar muchas cosas, manteniéndo el espíritu. El espíritu de una obra no hace la obra, la forma es parte fundamental. Es decir, la versión japonesa de Macbeth, tal y como la comentas, no la veo muy fiel a la obra original, para mí no está justificado que personajes no aparecen, al igual que no me parece justificado añadirlos, en este caso lo digo por Macduff.

    Creo que el espíritu y la forma son importantes. Entiendo que no añadieran a Gordo Bolger y todo el capítulo en el que están en la casa de Cricava, o que suprimieran el capítulo de Bombadil, esto último mejor hecho que lo anterior, pues hay un simple salto de tiempo, mientras que para lo de Bolger tuvo que inventarse parte de la historia. Pero hay cosas que no me gustan, como que Arwen esté buscándolos en vez de Glorfindel. Es un cambio que sólo sirve para los intereses de Philipa Boyens y la otra guionista, que quisieron meter esa historia de amor con calzador.

    A donde voy: los cambios innecesarios creo que traicionan, sólo los necesarios se pueden justificar, Claro, habría que definir lo que es un cambio necesario, pero tampoco creo que sea tan difícil. Voy a seguir con la segunda parte.

    • #2 por elpinguinotolkiano el 7 enero, 2012 - 16:36

      Hola, ANGELUS-Ruy,
      Gracias por tus comentarios. Estoy completamente de acuerdo que los cambios innecesarios implican una gran traición, pero a lo que me refería con preservar el espíritu quizás esté mejor representado por la palabra «objetivo»: ¿cuál era el objetivo de Shakespeare al escribir Macbeth? Evidentemente no podemos afirmarlo con total seguridad, pero estoy convencido que no fue el hablar de los crímenes de su personaje, sino de cómo la línea entre el servidor leal y el criminal despiadado es más sutil de lo que podría parecer a simple vista. En mi opinión y como comento en el artículo Macbeth es sobre la transformación del personaje, los crímenes particulares son casi anecdóticos y por eso creo que la versión de Kurosawa es más «fiel» que la de Polanski.
      Saludos

A %d blogueros les gusta esto: