La trampa de los «asistentes»

Este artículo está basado en una parte de otro que publiqué originalmente en inglés en este sitio.

Imaginemos un nuevo usuario de Writer que necesita escribir un artículo con el texto distribuido en dos columnas. Buscando en los menús por un rato esta persona encuentra el menú Formato → Columnas. Luego de algunos clics de prueba, logra su objetivo de tener un documento en dos columnas.

Todo bien, ¿verdad? Falso. Supongamos que este nuevo usuario se da cuenta que el nombre del artículo que está escribiendo junto al resumen del mismo debería ir en una columna, con el resto del texto en dos. «Bien», se dice este nuevo usuario, «usemos lo que acabamos de aprender» y luego de seleccionar el texto que quiere pasar a una columna se dirige nuevamente a Formato → Columnas… solo para encontrar que el menú le dice que el texto seleccionado ya está en una columna.

¿Qué ha sucedido? Pues bien, la primera vez que el asistente para las columnas fue llamado se modificó el estilo de la página. La segunda vez que el asistente fue llamado trató de insertar el texto seleccionado en una sección (Insertar → Sección) y dar formato a esa sección para que tenga el número deseado de columnas, pero como el número de columnas quedó definido en el estilo de página nunca podremos reducirlo con una sección.

El nuevo usuario cayó entonces en una trampa de la cual es muy difícil escapar.

Crear un documento como el que el usuario necesita (primeras líneas en una columna, el resto en dos) es realmente simple… cuando se sabe cómo hacerlo: un estilo de página sin columnas con el nombre del artículo y el resumen al inicio de la primer página y luego una sección formateada con dos columnas. Pero al ocultar esta «complejidad» el asistente hace todo más complicado aún ya que para corregir lo que el asistente da el usuario necesita iniciar todo desde cero en el orden correcto.

Lo que está realmente equivocado con el asistente no es lo que éste intenta hacer, sino el hecho de que muestra el mismo diálogo para dos operaciones completamente diferentes: modificar el estilo de página y/o crear una sección, y no da al usuario ninguna pista de lo que está haciendo.

Otro ejemplo: LibreOffice ha agregado un asistente para crear «páginas de título» (páginas con cabecera/pié de página diferente al resto del documento) que tiene la potencialidad de crear otras «trampas» al tratar de ocultar las «complejidades» de crear dos estilos de página y pasar de uno al otro con un salto de página.

Este asistente funciona casi bien para documentos realmente simples donde solo se debe cambiar la primera página, pero cuando el usuario intenta ir un poco más allá (y los usuarios siempre intentan ir un poco más allá) es muy probable que encuentre problemas que serán sumamente difíciles de resolver después, como un número de quiebres de página insertados «manualmente» por el asistente que convertirán su documento rápidamente en un desastre.

Otro ejemplo: LibO 3.5 introducirá una nueva forma de manejar las cabeceras y pie de página a través de menús in situ que intentan ellos también ocultar al usuario el que está utilizando estilos de página, con el riesgo de que este usuario no sepa luego cómo obtener los resultados que necesita cuando intenta hacer tareas ligeramente más complicadas de aquellas para las que estos asistentes fueron diseñados.

¿Porqué suceden estas cosas? Porque columnas y numeración de páginas con tareas complejas y a menos que las computadoras aprendan finalmente a leer la mente del usuario y se vuelvan realmente inteligentes, nunca podrán resolver tareas complejas con asistentes simples.

¿Entonces? La solución no es y nunca será el ocultar las complejidades para que el usuario no las encuentre, la solución es diseñar las interfaces de esas complejidades para que sean más amenas simples de aprender a utilizar.

Y este es exactamente el problema de Writer y de OOo en general: no es difícil de utilizar una vez se ha aprendido como funciona, es difícil de aprender a utilizar.

Hasta tanto se de un rediseño de la interfaz que facilite su aprendizaje sin ocultar cosas lo único que queda es aprender cómo funciona el programa antes de utilizarlo.

Es decir, Writer es un programa muy potente y fácil de utilizar, pero requiere de su usuario el esfuerzo de ignorar prometedores asistentes y de leer el maldito manual.

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