El mito del «teclado perfecto» 1

¿Alguna vez se puso a pensar el lector en el porqué las letras en el teclado QWERTY fueron ordenadas así?

Seguramente, si busca un poco por la red encontrará el mito de que su creador, Christopher Sholes (estamos hablando de la década de 1870), estaba tratando de disminuir la velocidad de los mecanógrafos para así evitar los problemas mecánicos de las teclas ordenadas alfabéticamente que se trababan entre sí en forma continua; por esto, al menos eso dice la teoría conspiratoria base de este mito, distribuyó todo más o menos al azar para hacer la vida de quienes escribían más difícil y por sobre todas las cosas más lenta.

También encontrará el lector otro mito sobre distribuciones de teclas más «ergonómicas» que dan (eso dicen sus promotores) resultados «infinitamente superiores»: Dvorak, AZERTY para el francés…

En esta serie de tres artículos pretendo llamar la atención del lector sobre la falsedad del primer mito y sobre la irrelevancia del segundo.

¿Administrando la velocidad?

Tengo ya algunas décadas sobre mis huesos, por lo que recuerdo perfectamente la época en la cual las computadoras eran argumento de ciencia ficción. La primera vez que vi una calculadora electrónica fue durante la escuela primaria: más grande y pesada que mi actual teléfono celular (el cual ya es viejo…) solo podía realizar las operaciones básicas, tenía una pantalla con horribles números que brillaban en verde y las baterías se consumían a una velocidad importante.

En aquella época teníamos en casa una máquina de escribir mecánica portátil (no recuerdo la marca) que siempre luego de utilizarse devolvíamos cuidadosamente a su pesada valija verde. La máquina era utilizada para preparar cartas, trabajos escolares… era sumamente útil. Llena de botones y con una cinta que podía escribir en dos colores con tan solo mover una palanca, era una tentación irresistible para un niño…

Recuerdo de hecho que cuando nadie me veía me divertía presionar dos teclas consecutivas (la «s» y la «d», por ejemplo) para ver cómo los pequeños martillos con las correspondientes letras invertidas quedaban bloqueados uno contra el otro antes de terminar su recorrido…

Esta pequeña travesura infantil era justamente el problema que Christopher Sholes quería resolver y de hecho puede verse que el buen hombre puso la «T» y la «H» (la combinación «TH» es la más frecuente del idioma inglés) en lados opuestos del teclado.

Ciertamente sería absurdo suponer que alguien en el siglo XIX podría pensar en términos de «ergonomía», pero al resolver el problema mecánico el buen señor Sholes resolvió, por cierto imperfectamente (poner la «E» y la «R» juntas fue una mala idea), también el problema ergonómico.

Es por esto que dudo mucho que el señor Christopher Sholes se hubiera propuesto «frenar» a los usuarios de sus máquinas. Lo más probable es que ni siquiera pensara a la velocidad: él se propuso resolver con ingenio un problema mecánico imposible de solucionar con la tecnología que tenía a su disposición, alternando ambas manos en las combinaciones de letras más frecuentes para evitar así que estas se bloquearan entre ellas, objetivo que logró en gran medida. Todo esto pudo, indirectamente, aumentar la velocidad de escritura de los usuarios.

En los próximos dos artículos comentaré el segundo mito y… bueno, dejo este «y» como sorpresa.

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