Sobre separaciones, uniones y otras yerbas relacionadas

Comencé a escribir este artículo hace ya mucho… y lo reescribí muchas veces, nunca animándome a publicarlo. Pero una entrevista a Linus Torvalds publicada por la BBC me ha terminado de convencer, por lo que (luego de reescribirlo varias veces más) aquí va.

NOTA: artículo largo y muy personal a continuación…

Las comunidades vistas «desde afuera»

Es muy común cuando se discuten las acciones o incluso la propia existencia de comunidades libres que surja alguien llamando al sentido común para que se acabe esa «locura» de duplicar esfuerzos y que la comunidad X se disuelva, uniéndose sus miembros a la comunidad Y (o viceversa).

Hemos visto y seguimos viendo esto con la proliferación de distribuciones Linux, con gnome/KDE, con compiz/beril/compiz++/compiz fusion… y, por supuesto, lo vemos ahora con Apache OpenOffice/LibreOffice.

Otra encarnación de este eterno reclamo de coherencia es pedir que los desarrolladores abandonen la «loca idea» de desarrollar la característica A que «nadie utiliza» y se concentren en cambio en la característica B que «realmente es útil»…

Todos esos reclamos que parecen (a veces…) tan razonables al observador externo olvidan sin embargo un pequeño detalle: quien desarrolla el software en cuestión es un ser humano.

Sobre los porqué y los ¿porqué no…?

Hagámonos algunas preguntas antes de continuar:

¿Porqué alguien decide unirse a un proyecto de software libre?

¿Porqué decide trabajar en la característica A y no en la B?

¿Porqué, ante dos proyectos que hacen lo mismo decide unirse a uno y no al otro?

Condición 1: dejemos de lado la gente que recibe una paga por lo que hace (empleados de Novell Collabora trabajando en LibO, empleados de IBM —si bien ya no quedan muchos— trabajando en AOO, empleados de intel trabajando en Xorg…) y concentrémonos solo en los voluntarios.

Condición 2: respondamos con sinceridad.

Pues bien, bajo estas simples condiciones y a la luz de la entrevista a Linus que comenté más arriba creo resulta evidente que la respuesta a las tres preguntas anteriores es la misma:

Porque quiere hacerlo.

Dedicar gran parte de nuestro tiempo libre a un proyecto que nunca nos dará beneficios «materiales», ese mismo tiempo libre que podría ser pasado con la familia o los amigos (o simplemente con un libro) en lugar de estar frente a la pantalla de una computadora resolviendo problemas difíciles, tiene más que ver con las pasiones que con la razón. De hecho, dudo mucho que exista tan siquiera un voluntario de un proyecto libre que brinde su dedicación «por el bien de la humanidad»: lo hace porque le da satisfacción lograr que ese particular proyecto avance, o porque lo necesita para su propio trabajo… o simplemente por diversión. Es decir, lo hace por sí mismo, no por los demás.

Propongo al lector un experimento mental (ATENCIÓN: ¡NO HACERLO EN LA REALIDAD!): Elija una ciudad que tenga dos equipos de fútbol importantes, por ejemplo Milán con el Milan y el Inter. Durante un encuentro por el campeonato de estos dos equipos y con el estadio lleno póngase en pie en medio del campo con un megáfono en mano y grite a los cuatro vientos:

«¡Gente! Esta dispersión de esfuerzos no tiene sentido: ¿no sería mejor cerrar uno de los equipos y que todos sus miembros se unan al otro? ¡De esta forma conseguiríamos un equipo imbatible que represente toda la ciudad!»

Insisto: no intenten este experimento en la realidad

Antes que el lector proteste diciendo que el fanatismo por un equipo no es lo mismo que la dedicación a algo «útil para la sociedad» me apresuro en declarar que estoy completamente de acuerdo: el caso de una comunidad de software libre puede ser incluso peor.

¿Porqué peor? Pues porque aquí podrían incluso existir razones objetivas (o al menos que parezcan objetivas) para la separación: diferentes licencias, distintos métodos de trabajo o de organización, diferentes objetivos… diferentes personas.

Suponer que cerrando el proyecto X sus desarrolladores se moverán automáticamente al proyecto Y, o que con un simple pedido de detenerse a quienes desarrollan la característica A se logrará que automáticamente comiencen a trabajar en la característica B no solo es ingenuo: es sencillamente absurdo. Con suerte, los desarrolladores del así cerrado proyecto X se pasarán al Z, que nada tiene que ver con Y o con lo que alguna vez fue X, mientras que al prohibirles desarrollar A seguramente comenzarán a trabajar en C, nunca en B.

Insisto: estamos hablando de seres humanos, no de «autómatas que escriben código», y esto implica que la componente emotiva no se puede, y no se debe, evitar.

Es triste ver que comunidades se separan, pero estoy convencido de que si no se logró evitar la separación en su momento pretender que vuelvan a unirse es una pérdida de tiempo que podría causar más problemas de los que supuestamente solucionaría. Después de todo ¿cuántos matrimonios divorciados que volvieron a unirse conoce el lector?

Se dice que la unión hace la fuerza, pero también es cierto que es la diversidad lo que mantiene saludable a un ecosistema: es por esto que creo que es mejor superar la tristeza de las separaciones y ver qué oportunidades puede traernos el futuro.

Y tratar de ser amigos: una separación entre personas inteligentes no tiene porqué terminar en pelea.

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  1. #1 por antonio el 31 agosto, 2012 - 18:40

    No comprendo demasiado tu artículo, pero derrama chispa. Seguiré leyendote a ver si te pillo del todo. Saludos

  2. #2 por n19i7m8e el 4 septiembre, 2012 - 4:53

    En general, puede decirse que en la variedad está el progreso; pocas ideas engendran poca innovación.

    Salud!!

  3. #3 por Mauricio Baeza el 7 septiembre, 2012 - 6:09

    Cuando no me gusta un escritorio y puedo cambiar a otro… cuando una herramienta no cubre todas mis necesidades y encuentro otra… cuando quiero probar otra distribución… cuando todos mis documentos generados puedo verlos en cualquiera de estos escritorios o distribución… es cuando recuerdo a los seguidores de lo homogéneo y no puedo dejar de pensar que es una idea de esclavo…

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