Y también hacía comedias…

No sin razón, el nombre de Ingmar Bergman suele estar asociado al drama: desde El séptimo sello hasta Fanny y Alexander, pasando por Los comulgantes, La hora del lobo, Gritos y susurros… la filmografía de Bergman ha abundado en relatos cargados de tensión psicológica, fuertes emociones, soledad, crisis de fe, locura…

Pero Bergman ha hecho otras cosas: la magnífica y demoledora El huevo de la serpiente sería hoy en día clasificada tanto como un «thriller psicológico» como un «policial», de «suspenso»… y más etiquetas aún todas juntas; El rostro presenta momentos muy intensos que influenciarían lo que posteriormente fue el cine de suspenso y de terror… en fin, una variedad más grande de lo que suele sospecharse.

Y claro: también hizo comedias.

Sonrisas de una noche de verano es un film realmente atípico en Bergman, tanto que se reconoce al director mayormente por sus actores (Gunnar Björnstrand, una aparición de Bibi Andersson…) y no tanto por su estilo (si bien la fotografía está magníficamente cuidada).

Más elaborada (y deliciosamente entretenida) es El ojo del diablo, donde Don Juan es enviado a la tierra eximiéndolo por un día de su castigo infernal para tratar de seducir a una joven que está por casarse virgen, hecho este que causa una incómoda molestia al demonio…

Pero por sobre todos estos film, destaca la versión que realiza en 1975 de La flauta mágica: una monumental presentación llena de amor al teatro y a la música, donde las técnicas cinematográficas y teatrales se encuentran y mezclan armoniosamente, sabiamente, alternando cortes tras bambalinas y primeros planos de los cantantes con telones que bajan y escenarios en movimiento.

La vida es un teatro, y el amor está al centro de la vida.

Una advertencia para quienes conozcan la ópera: además de estar cantada en sueco y no en alemán, Bergman comete una pequeña infidelidad al argumento mozartiano… la cual solo puede agradecerse ya que mejora sustancialmente el argumento. ¿Interesado en saber cuál es esta infidelidad? Busca la película, lector, y averígualo por ti mismo: Vale la pena.

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