La identificación de Glamdring

En el Hobbit, luego del episodio de los tres troll la compañía encuentra en la madriguera de estos últimos un pequeño botín que incluye algunas espadas y, por supuesto, la pequeña daga de Bilbo que más adelante sería bautizada como Sting.

Algo que llama la atención al lector actual (además del misterio de cómo esas espadas llegaron allí en primer lugar, claro está) que tiene en sus manos no solo el Hobbit sino también El señor de los anillos y El Silmarillion es el hecho de que Gandalf no logre leer las runas de las espadas, debiendo esperar hasta llegar a Rivendell para que Elrond las reconozca.

Desde un punto de vista literario la explicación de este peculiar desconocimiento es bien simple: al momento de escribir Tolkien esas líneas Gandalf no era aún Olorin, un maia anterior al mundo, sino un «simple» mago aventurero recorriendo un mundo que había tomado prestado muchos elementos de su legendarium, pero que no era aún parte de este.

Pero para el lector esta explicación ciertamente no es satisfactoria: a pesar de sus anacronismos, a pesar de sus contradicciones, el Hobbit tiene que ser parte de la mitología total, Elrond tiene que ser el hijo de Eärendil y Glamdring tiene que ser la espada de Turgon. ¿Podemos entonces buscar al menos una excusa para este problema?

Según leo en el Tolkien Gateway, en las décadas del ’20 y del ’30 Tolkien trabajó sobre el concepto de que en Gondolin se tenía un sistema de escritura rúnico independiente de las runas desarrolladas por Daeron en Doriath.

Luego de la caída de Gongolin, estas runas fueron quizás utilizadas por un tiempo en Arvernien, lugar donde Eärendil conoció a Elwing y donde los hermanos Elrond y Elros fueron criados, pero es evidente que fueron rápidamente reemplazadas por los otros sistemas de escritura existentes en Beleriand. Esto explicaría el porqué al final de la tercer edad solo Elrond conocía estas runas, las cuales habían sido dejadas de lado al menos seis mil años antes y daría un respiro al pobre Gandalf ya que este habría llegado a la tierra media milenios después de la desaparición de este sistema de escritura.

Pero aquí entramos nuevamente en los riesgos de la arqueología literaria en la obra de Tolkien, ya que al parecer el mismo autor descartó sobre el final de su vida esta idea: en el inconcluso intento de reescribir el Hobbit que comenzara (y abandonara) en la década del ’60, la razón por la cual Gandalf no puede leer las runas es que la espada estaba cubierta con sangre ennegrecida, por lo que fue necesario esperar a su limpieza en Rivendell para poder identificarla.

Que el lector de este artículo elija su «porqué» preferido. Por mi parte me quedo con la versión de las runas de Gondolin…

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  1. #1 por ibiut el 30 mayo, 2013 - 0:22

    Increíble., Yo habría tardado un montón (¿meses?) en relecturas y demás para imaginarme algo similar. Luego hay gente que pone en duda que Martin está un pasito por detrás de Tolkien.

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