Con lo fácil que es convencer a un escéptico…

… solo se necesitan pruebas.

Pero antes de continuar con esto, un par de aclaraciones.

Primero, el verbo creer. Según el diccionario de la RAE,

creer.

(Del lat. credĕre).

1. tr. Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado.

2. tr. Dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios.

3. tr. Pensar, juzgar, sospechar algo o estar persuadido de ello.

4. tr. Tener algo por verosímil o probable. U. t. c. prnl.

5. tr. Dar asenso, apoyo o confianza a alguien.¿Nunca me habéis de creer? U. t. c. intr. CreemosEN él.

6. tr. creer en Dios.

7. prnl. Dar crédito a alguien. Creerse DE su gran amigo.

Segundo, correlación no implica causalidad. Que dos cosas estén relacionadas, ya sea espacial o temporalmente no significa que una de ellas sea la causa de la otra. Ambas podrían tener una causa común o simplemente darse bajo las mismas condiciones, pero esto no implica que una siga a la otra o que necesariamente deban darse juntas: todo podría haber sido una gran casualidad.

Los partidarios de las pseudo medicinas y pseudo ciencias suelen basar su soporte a estas «teorías» en anécdotas que «apoyan lo dicho»: el clásico «a mí me va bien con esto». Pero es importante notar que una anécdota nunca será una prueba, sobre todo si carecemos de suficiente información.

Siempre existen otras cosas que podrían influir sobre los «resultados obtenidos» por la «terapia», llámese esta homeopatía, acupuntura, meditación… ¿Un pico de estrés? ¿Relajarse luego de algo que sale bien? ¿Cambios en la alimentación (dejar de comer agentes alergénicos, por ejemplo)?… Y es que la gente suele tener una extraña «memoria selectiva», recordando solo las cosas que apoyan sus ideas y no las que las contradicen.

Insisto: correlación no implica causalidad. Una anécdota aislada nunca será una prueba. No importa qué tan bello nos parezca algo: creer en ello no es suficiente para hacerlo realidad.

Y aquí volvemos a lo simple que es convencer a un escéptico: es suficiente desarrollar un estudio clínico durante varios años, en donde un grupo se somete a la «terapia alternativa» mientras un grupo de control sigue las terapias tradicionales y un tercer grupo ninguna terapia, siempre reuniendo toda la información relevante dada por los participantes del proyecto. Al final de este proceso quedará más que claro si la «terapia alternativa» funciona o no. ¿Ha oído o leído el lector sobre este tipo de estudios en cosas como la acupuntura o la homeopatía? ¿No? Pues los hay: por ejemplo, la asociación americana de veterinarios rechaza la homeopatía, ya que se ha demostrado que el efecto placebo también funciona con animales (y ya que estamos, incluso con niños pequeños).

La fe y la esperanza en algo no pueden ser sustitutos de la realidad. Si nos enfrentamos a algo concreto como un problema de salud, debemos enfrentarlo en forma concreta, no con nubes de humo vendidas por charlatanes que se llenan los bolsillos de dinero: recuerden que la homeopatía es mucho más costosa que la medicina tradicional y que solo ofrece anécdotas privas de contexto como soporte.

Es por esto que veo con tristeza y preocupación cuando en el mundo se toman absurdas medidas que dan vía libre a la estafa de la homeopatía. Es por esto que apoyo, desde estas itálicas orillas, el manifiesto No sin evidencia.

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  1. #1 por filipobecerra el 12 diciembre, 2013 - 18:51

    Aplausos por el post.

    • #2 por elpinguinotolkiano el 12 diciembre, 2013 - 20:42

      ¡Gracias! 🙂

      Una nota: pensándolo bien he decidido eliminar la anécdota que contaba originalmente. A pesar de no dar detalles de la persona no está del todo bien contar su historia por lo que he modificado el texto original un poco. Igual creo que sigue siendo claro lo que quería transmitir.

      Saludos

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