El ignorante voluntario

La presente reflexión, si bien diferente en su contenido, nace de la lectura de un reciente artículo de opinión por John Gray en la sección «Magazine» de la BBC, donde el autor analiza el conflicto de Irak y la reciente crisis económica como excusa para notar que el ser humano suele caer en tres tipos de ignorancias: aquellas cosas que sabemos que ignoramos, aquellas cosas que no sabemos que ignoramos y aquellas cosas que preferimos ignorar.

En mi opinión el primer tipo de ignorancia no es malo, más bien lo contrario: para una mente atenta y curiosa el enfrentarse a un misterio es solo el primer paso en un camino que lleva a obtener respuestas… y nuevas preguntas.

El segundo tipo de ignorancia solo habla de nuestros límites: el universo es tan complejo que siempre nos dará sorpresas. Pero más allá de presentarnos algunos riesgos, superada la sorpresa inicial una persona despierta y con la mente abierta a la novedad puede convertir este segundo tipo de ignorancia en el primero, y de allí generar nuevos conocimientos… y nuevas preguntas.

Tal y como comenta el artículo de la BBC, es el tercer tipo de ignorancia el peor de todos ya que ignorar voluntariamente un riesgo hace imposible el prevenir un desastre. Existen muchas variantes del dicho: «no hay peor sordo que el que no quiere oír», «no hay peor ciego que el que no quiere ver», etcétera, pero a pesar de que la ignorancia voluntaria es condenada incluso en la cultura popular, el ser humano parece tener una natural tendencia a engañarse a sí mismo llegando incluso, en su ciego afán por proteger su engañosa seguridad, a tildar de falsa la realidad.

Por supuesto, esta tendencia a engañarse a sí mismo no está limitada a la política: existe gente que cree en el horóscopo (occidental, chino, marciano, da igual), hablando incluso de la «precisión» de semejante sarta de lugares comunes y ambigüedades; gente que cree en la homeopatía, ignorando los numerosos estudios clínicos que demuestran que no es más que un costoso efecto placebo; gente que cree en el movimiento perpetuo, renegando de la física que por otra parte aceptan sin pensar en los dispositivos electrónicos que utilizan a diario (muchas veces para comunicar sus «descubrimientos»); gente que creen en ovnis; en espíritus; en conspiraciones… gente que cree.

Y es que creer es fácil: simplemente te despreocupas de cualquier evidencia o pregunta incómoda, dejas de lado el trabajo de buscar información y comparar lo que has encontrado, te olvidas de pensar por ti mismo y de evaluar los hechos.

Para creer solo se necesita aceptar incondicionalmente.

Si algo no nos agrada, sea la crisis económica o social, una enfermedad, la pérdida de un ser querido o simplemente la complejidad del universo en el cual vivimos es más fácil creer en lo que nos dice alguna autoridad que en lo que nos muestra la realidad de la que querríamos huir.

Ya sea bajo la forma de un periodista o un político que habla en televisión afirmando con total seguridad cosas sin asidero, de un «gurú» que vende libros y conferencias prometiendo la salvación de sus lectores mientras consigue la suya propia (la económica, al menos), de un «texto sagrado» lleno de hechos sangrientos que nadie condena, de un horóscopo que nada nos dice del futuro pero que aún así deja tranquilos a sus lectores… la autoridad siempre nos ofrece un culpable y una solución. Para mucha gente parece no importar el que ese culpable generalmente no existe (volviendo al artículo de la BBC: las armas de destrucción masiva que nadie encontró en Irak) o el que esté comprobado que esa «solución» no funciona (las pseudociencias, las «medicinas alternativas»…), lo importante parece ser quitar el peso de la responsabilidad de uno mismo y transmitirlo a alguien más, sea este una Persona, Institución o Dios Distante.

Mucha gente suele dejar de lado al Ignorante Voluntario pensando que éste no puede causar daño, sin darse cuenta que al hacer esto ellos también están actuando como ignorantes voluntarios: por una parte, el ignorante voluntario corre riesgos que podrían evitarse, riesgos que el nuevo sitio «qué mal puede hacer» trata de recopilar para advertir a todo aquel que quiera oír, pero por sobre todas las cosas el Ignorante Voluntario es también peligroso para la sociedad en la que vive ya que al dar soporte y sustento a grupos que intentan negar hechos claros (el cambio climático, el efecto nocivo del tabaco, la evolución) o soportar posiciones extremas (extrema derecha o extrema izquierda, neo esto o neo aquello) mueven el equilibrio de poder en la sociedad hacia gente que podría causar grandes problemas, gente que intenta aplastar conocimientos verificados que no cuadran con sus creencias, gente que intenta arruinar aún más el sistema educativo, gente que con colorida retórica puede convencer a otros ignorantes voluntarios de hacer o no hacer cosas que podrían afectar su salud o incluso su vida, y no justamente para bien.

¿Y todo esto por qué? ¿Por miedo a lo desconocido? ¿A aquello que no se comprende? ¡Pero si es justamente la incertidumbre y la conciencia de horizontes inexplorados lo que da valor a la existencia!

Al dejar de lado la incertidumbre, al evitar la duda, al no hacer preguntas, el Ignorante Voluntario se pierde una de las más grandes bellezas de esta vida: el responder inquietudes no para resolver todos los problemas, cosa que sabemos es imposible, sino para crear más y mejores preguntas.

En futuras entradas (no puedo garantizar cuándo llegarán Edito, que ya están listas: Una cuestión de «presión» y El inventor del agua caliente) contaré mis experiencias tratando de hacer razonar (sin éxito) a dos creyentes en el movimiento perpetuo y temas asociados.

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