Los dioses digitales 3: Las comunidades son dioses celosos

Tercer parte de la serie «Los dioses digitales»

Primera parte: Guerras santas entre licencias

Segunda parte: Los dioses de plástico y silicio


 

En la entrada anterior comenté la veneración por los ídolos de metal, arena y plástico, pero si el lector quiere realmente saber hasta dónde puede llegar el fanatismo de los seguidores de la manzana de Cupertino solo tiene que preguntar a uno de ellos cómo se desactiva el menú global, diciendo que prefiere tener los menús de cada aplicación en las ventanas a las que estos pertenecen… Eso sí, prepárese para ser tratado, como mínimo, de ignorante.

Este tipo de reacciones exageradas (por no decir injustificadas) ciertamente no se limita a los usuarios mac. Es suficiente darse una vuelta por los foros de Phoronix, por ejemplo, para ver las luchas de insultos entres los miembros de la secta pro Ubuntu/Canonical y los miembros de la secta anti Ubuntu/anti Canonical. O las guerras de insultos entre los que están a favor y los que están en contra del trabajo de Lennart Poettering (systemD, PulseAudio). O las guerras a favor o en contra de Qt o GTK. O…

Pero Phoronix es solo un punto en el ciberespacio: también tenemos las guerras KDE/gnome, las guerras Apache OpenOffice/LibreOffice, vim/emacs…, infinitas guerras santas que se libran constantemente, unas pocas casi como en broma, muchas, quizás la mayoría, con el ceño fruncido y una expresión de «¡están atacando mis creencias!».

Y es que las «comunidades» pueden convertirse en dioses celosos que quieren sentirse superiores a la «competencia».

La formación de clanes y tribus es una actividad que está escrita en nuestros genes, no se puede evitar: creamos círculos de amigos, de socios, de compañeros, de facebook, de G+, grupos con los que decidimos saludarnos en el tren y grupos que preferimos ignorar. Es normal. El problema no está en la creación de la tribu en sí, el problema está en dejar de lado la identidad individual para darle mayor importancia a la identidad colectiva.

Cuando alguien me cuenta del porqué usa la distribución X en lugar de la Y, no siempre tengo la suerte de encontrarme con una lista de cuestiones técnicas o al menos con una simple y sincera declaración de costumbre («fue mi primer distro y sé cómo funciona»): muchas veces me han golpeado frases que contienen las palabras «comunidad» y «principios». Y es en esos momentos en los que me doy cuenta de que la conversación carece ya de todo sentido.

Recuerdo hace ya varios años, en el bar del departamento de informática de una universidad, haber visto una persona que, hablando con otra, levantó los brazos y sacudió la cabeza diciendo «no me vengas con eso, ¡yo SOLO utilizo Linux!».

Hasta pude oír las mayúsculas…

Yo también utilizo solamente Linux, pero eso no quita que piense que la persona que realizó semejante afirmación en forma tan absurdamente categórica, con todo y bien pronunciadas mayúsculas que no dejaban lugar a considerar alternativas, fuera un perfecto idiota.

Cuando se pierde el sentido de identidad en favor del de pertenencia, cuando molesta más el insulto a la comunidad que al individuo, el concepto de tribu degenera hasta niveles peligrosos.

Conclusión final

Realmente no veo mucha diferencia entre el idiota que dice que la GPL es inmoral y el otro idiota que sostiene la literalidad de su particular «texto sagrado», descartando hechos más que comprobados como la evolución y la antigüedad del universo con la frase «es solo una teoría»: el fanatismo, sea este religioso, negacionista (cambio climático,[1] vacunación…), la idolatría hacia determinado software, hardware o equipo de fútbol es siempre una pérdida voluntaria de la capacidad de analizar la realidad objetivamente.

Ciertamente algunos tipos de fanatismo son más peligrosos que otros y por supuesto nadie ha muerto aún por un insulto de un fanático de una licencia, comunidad de software o hardware particular (sí ha sucedido en estadios de fútbol, que no solo las religiones y la política causan estos problemas), pero no por eso los seguidores de los dioses digitales se vuelven «menos malos»: aunque no cometan crímenes no dejan de ser absurdamente fanáticos.

El ser humano tiene una fuerte tendencia hacia la irracionalidad que lo aleja del pomposo y autoimpuesto título de homo sapiens, al punto de que personas que en otros ámbitos parecen ser pensantes dejan de lado frente a ciertos temas todo rastro de razonamiento lógico.

Me gustaría pensar que este tipo de (mal) comportamiento se debe mayormente a una deficiencia en el sistema educativo, que en un futuro cuando la sociedad esté bien ajustada sabremos enseñar a cada niño el pensamiento crítico y la capacidad de ser objetivos, que esos niños sabrán que «grupo de amigos» no es sinónimo de «pandilla juvenil», que los adultos que crezcan a partir de esos niños sabrán que «comunidad» no es sinónimo de «secta».

Pero claro, no puedo simplemente aceptar esta esperanzadora idea: hacerlo sería un acto de fe, una creencia arbitraria en algo para lo cual no existen evidencias. Y eso sería irracional.


Bonus track:

Las Creencias y el Autoengaño – Michael Shermer

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  1. #1 por José Alex Sandoval el 25 abril, 2014 - 14:07

    Me han gustado las tres entregas de los diosos digitales! Muchas gracias.

    • #2 por elpinguinotolkiano el 25 abril, 2014 - 20:52

      ¡Hola, Alex! Pues muchas gracias a ti por seguir leyéndome 😉

      Saldos

  2. #3 por karlggest el 25 abril, 2014 - 15:36

    Hola.

    En general, la habilidad para crear grupos es innata. Incluso hay mecanismos, como por ejemplo la disonancia cognitiva, que permiten afianzar la pertenencia al grupo. Hay una frase que dice algo como “el grupo social que le parecía tan abierto y tolerante, resulta ser el más fanático y cerrado” XD

    Sin embargo, esto es susceptible a la influencia ambiental. Y como tantas otras cosas, en un mundo cada vez más pequeño van difuminándose. Sin duda hay problemas, pero muchos menos que antes. Piénsese que hace relativamente poco tiempo el ser de una comunidad diferente justificaba que pudieses ser propiedad de otro. Por no hablar del racismo y otras malas hierbas.

    EMHO, buena parte de las reacciones hostiles de los miembros de una comunidad determinada resultan hostiles al cuestionar sus planteamientos por algo tan sencillo como que a nadie le gusta que le cuestiones su elección. Cuanto más irracional sea tal elección, con más fuerza se aferrará a ella.

    Salud!!

    • #4 por elpinguinotolkiano el 25 abril, 2014 - 20:51

      La explotación ha cambiado formas, quizás esté atenuada en cuanto a la violencia, pero no ha desaparecido. Antes era el esclavo, ahora el inmigrante ilegal que vende chucherías proporcionadas por un «alguien» del cual nunca se sabe nada, pero que con toda probabilidad es una personalidad local que resulta mágicamente «intocable».

      Volviendo al excesivo apego a los dioses digitales, otro problema es el del aislamiento: cuando en el tren veo un grupo de adolescentes que en lugar de hablar con quienes tienen a su lado están pegados a sus teléfonos móviles mandando mensajes a través de la «comunidad» de facebook… como que me viene de pensar que algo grave está sucediendo en la sociedad.

      Saludos

      • #5 por karlggest el 27 abril, 2014 - 1:48

        Hola.

        A ver, una prostituta de calle o un vendedor ambulante ilegal tienen una protección social hoy que haría encogerse de asombro a un artesano de la Edad Media. Es cierto que todos los avances incluyen sus pasos atrás… pero las cosas mejoran.

        En cuanto al aislamiento… bien, puede argüirse que lo que entendemos por la realidad no es más que una representación virtual obra de nuestro cerebro. No veo por qué la proximidad física, o qué sentidos se vean involuncrados deba de ser tan relevante. En todo caso, como siempre, lo importante será el contenido de las comunicaciones, no su forma o situación geográfica. Además, das por hecho que un adolescente no es capaz de “estar a todo” xd

        Salud!!

      • #6 por elpinguinotolkiano el 27 abril, 2014 - 11:35

        Es verdad que la situación es mejor que en la edad media (aunque algunos republicanos en EEUU parecerían sentir nostalgia de aquellas épocas…). Esperemos que siga mejorando.

        El problema de la aislación es que, paradójicamente, parecería que cuantos más métodos de comunicación se tienen a disposición menos es lo que se termina comunicando: Justamente como dices, lo importante es el contenido de la comunicación y no tanto su forma. Sería de hecho esperable que un adolescente, usando como usa tantos sistemas de comunicación basados en texto escrito pudiera comprender sin mayores dificultades un enunciado, pero lo que veo con mis alumnos, y lo que mis colegas ven con los suyos, es exactamente lo contrario… La conclusión es que en estos años el contenido se ha degradado notablemente. Parece que están mejor comunicados, pero la realidad es otra. Pero bueno, este es un tema que daría para varias tesis.

        Saludos

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