El ignorante voluntario: el inventor del agua caliente

Lo que contaré aquí sucedió hace unos cuatro años y cierra el ciclo de los artículos El ignorante voluntario y El ignorante voluntario: una cuestión de «presión».

Un amigo mío, químico de profesión, recibió un día un llamado de un antiguo compañero de escuela que le hablaba de un fantástico (nunca mejor aplicado el término) sistema para calentar agua: siendo científico algo tendría para decir sobre el magnífico invento, le dijo. Este amigo me llamó entonces, ya que lo que vio le dejó con más dudas que certezas y necesitaba de un físico para poder enfrentar el tema.

Usaré aquí nombres ficticios. Mi amigo por supuesto no tiene nada de qué avergonzarse (tan solo es un poco tímido), pero los otros dos personajes sí deberían avergonzarse… si bien no creo que lo hagan. Mi amigo será, como es, «mi Amigo», al excompañero de mi Amigo, un ingeniero civil, lo llamaremos Tizio (el equivalente italiano de Fulano) mientras que al «inventor» del dispositivo, cuyo nombre real recuerda una figura geométrica, lo llamaremos Pirámide. Le cuadra muy bien el nombre.

Premisa: calentar agua es difícil

No solemos reparar en ello, pero desde el punto de vista energético calentar agua no es tarea sencilla. Cierto, es suficiente encender el fuego de la cocina o el microondas y en unos minutos estará lista, pero eso no quita (sin entrar en consideraciones sobre la eficiencia de ambos procesos) que la energía que se consume para llevar un solo litro de agua casi al punto de ebullición sea la misma con la que podría levantarse un automóvil de mil kilogramos a una altura de más de treinta metros

Es entonces evidente que un sistema eficiente para calentar agua es algo importante, y que conseguir el sistema para calentar agua con gran eficiencia podría tener un enorme impacto económico.

Buscando energía donde no la hay

Pues bien, mi amigo químico fue presentado por Tizio al tal Pirámide, y juntos vieron el «dispositivo». Este consistía, me cuentan, en una especie de radiador y una «cavidad» conectada a una bomba. Al parecer, conectando todo a los típicos 220V el agua dentro del sistema comenzaba lentamente a calentarse.

Nunca vi nada de esto en persona, ni siquiera al tal Pirámide.

Un día me reuní con mi Amigo y Tizio en la oficina de este último y allí hablamos por teléfono con Pirámide. La reunión fue más bien grotesca: con el apoyo de Tizio, Pirámide comenzó a hablar no tanto de su invención sino de temas… extraños que según él eran afines. Nos invitó a ver en youtube (sí, youtube) algunos vídeos donde se «mostraba» cómo se podía hacer hervir agua instantáneamente con variados dispositivos. Digamos, que empezaba a verse que el señor Pirámide era uno de estos esotéricos buscadores del movimiento perpetuo.

La mayor parte de los «argumentos» que expuso no merecen mayor consideración: tan fáciles eran de refutar. Como ejemplo, baste mencionar el vídeo de un vejete que mostraba orgulloso su «dispositivo sónico» (sic) con el cual, él decía, lograba «hacer hervir» una cantidad importante de agua en forma casi instantánea: dado que todo sucedía en un largo y liso vaso de vidrio lleno de agua que el hombre sostenía con la mano desnuda, es fácil darse cuenta que las grandes burbujas no eran justamente de vapor de agua y que el agua no estaba en ebullición… a menos, claro está, que se crea que el vejete tenía dedos de asbesto y que por eso no se quemaba.

Sí, ese es el «nivel» del que estamos hablando.

Pero uno de los vídeos me tomó por sorpresa y no pude «tirarlo abajo» tan rápidamente. El vídeo en cuestión mostraba una persona con un «tazón cantador tibetano» (o simplemente «bol tibetano») de pequeño tamaño el cual contenía una pequeña cantidad de agua. Esta persona frotaba el borde del bol continuamente con un bastón cubierto de cuero, lo cual generaba una vibración de un tono intenso y claro. La sorpresa estaba en que luego de unos minutos el agua en el interior del bol parecía que comenzaba a hervir.

Y bien digo parecía… Me llevó un par de días (mucho tiempo no le dediqué, como imaginarán) el encontrar una hipótesis del porqué de este fenómeno y en ese tiempo Tizio, que se ve que dinero no le faltaba, había ya adquirido uno de estos boles tibetanos y por correo electrónico nos confirmaba que el efecto mostrado en el vídeo era claramente reproducible.

Pero como ya dije, a ese punto tenía a disposición una buena hipótesis de lo qué allí sucedía: el bol era una cavidad resonante que hacía que la superficie del agua comenzara a vibrar rápidamente lanzando gotas muy pequeñas que creaban una «niebla» sobre su superficie, niebla que simularía el vapor que en ocasiones se produce durante una ebullición. A esto se le podría incluso agregar un proceso de cavitación que generaría pequeñas burbujas en el líquido y la escena estaba ya montada.

Es importante notar que el proceso de cavitación puede utilizarse para calentar agua y de hecho existen sistemas comerciales que lo utilizan eficientemente (aunque nunca con una eficiencia mayor al 100% como los sitios de los amantes del movimiento perpetuo dicen). El problema aquí es que la energía dada por la fricción del bastón claramente no era suficiente para hacer hervir el agua, especialmente si consideramos que buena parte de esa energía se iba en forma de sonido.

Expliqué entonces por correo mis razones para pensar que era altamente probable que el agua no estuviera hirviendo de verdad y que la forma más simple de comprobarlo sería colocar un termómetro… por algún motivo, el señor Tizio al parecer nunca realizó la prueba.

Unos meses después, con la aventura ya casi olvidada, encontré este artículo:

Tibetan singing bowls give up their chaotic secrets

No estuve tan lejos…

El aparato

El señor Pirámide insistía en que su aparato era magnífico, y yo insistía en que la única forma de demostrarlo era medir la energía consumida por el mismo y compararla con la energía tomada por el agua, y que para eso se necesitaban más datos que él no estaba proporcionando. En un momento incluso habló este buen señor de acoplar su invento a un generador de electricidad… sí, el hombre estaba convencido de que su sistema daba más energía de la que él ponía para hacerlo funcionar.

Movimiento perpetuo

Con cierta reticencia y luego de algunos cruces de palabras consintió el señor Pirámide en pasar por correo electrónico algunos «datos» como la potencia de la bomba, la cantidad de agua dentro del sistema, el tiempo que tardaba esta en calentarse y la temperatura final de la misma. Sus datos eran muy vagos, por no decir muy malos, y no había indicación sobre cómo habían sido medidos. Digamos, que no servían para nada. Pero aún así y tomando con generosidad los valores más optimistas ni por asomo se violaba la conservación de la energía: de hecho, lo más probable es que se tratase de un pésimo sistema que desperdiciaba buena parte de lo que recibía.

Final de juego

El señor Pirámide pareció no darle importancia a lo que le decíamos y se mostró seguro de poder mejorar el rendimiento: según él solo necesitaba un nuevo prototipo. La discusión, con abundancia de «documentos» obtenidos en Internet, se disparó entonces por rincones cada vez más grotescos cuya descripción ahorraré al lector (ni ganas tengo de repasarlos). Como ejemplo baste decir que, en medio de teorías conspiratorias, acusaciones de «ser cerrados» dirigidas a los investigadores y demás bellezas, el señor Pirámide llegó a preguntarme dónde se podía adquirir «agua pesada» para ver si de ese modo el sistema funcionaba mejor…

En fin, que luego de decirle yo un par de cosas de entre todas las que se merecía el hombre bajó los decibelios y prometió terminar el nuevo «prototipo» antes de volver a contactarse… cosa que, afortunadamente, nunca hizo.

Coda

Varios meses después de esto, mi Amigo el químico recibe una llamada de Tizio, quien con la excusa de preguntarle cómo va todo le dice que, casualmente, se encontraba en esos momentos con el señor Pirámide. «Te lo paso» le dijo, sin darle tiempo a reaccionar, y mi Amigo se vio obligado a intercambiar unas palabras con este particular «inventor».

Ni mención hizo el señor Pirámide de su sistema para calentar agua: claramente estaba ya en otra cosa. De hecho, comentó, estaba tomando unas sales de plata y decía que se sentía muy bien…

Al parecer Pirámide no había oído hablar de la argiria, intoxicación por plata que termina volviendo azul la piel (y los ojos, y otros órganos) de sus víctimas, entre otros problemas. O tal vez sí oyó y creyó que era otro complot de los investigadores… cómo saberlo.

Lo que más me molestó de esta aventura con un ignorante voluntario como el señor Pirámide no fue el señor Pirámide en sí, ni su soberbia, ni sus acusaciones hacia los demás de algo que él hacía: no escuchar y no aceptar las evidencias. Después de todo, ese es el comportamiento típico de los ignorantes voluntarios, por desagradable que pueda parecernos no hay nada nuevo allí. Lo que realmente me resultó molesto fue su improbable defensor: el ingeniero Tizio tiene una formación universitaria que debería mantenerlo alerta ante estas estupideces, ¿qué buscaba entonces con todo esto? Debo decir que ninguna de las posibilidades que se me ocurren hablan bien de él…

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