Sobre la evolución

Leyendo un interesante artículo sobre el origen de la creencia en monstruos y la evolución de esa creencia, me encontré con este significativo párrafo

A estos libros le siguieron otros de enorme influencia en el siglo XVII como los del jesuita Atanasio Kircher. En Arca Noë (1675), aparte de describir cómo se pudo organizar internamente el arca y su logística para transportar todas las especies conocidas en su época, argumentaba que tras el diluvio pudieron surgir otras especies al transformarse las especies que viajaron en el arca al llegar a nuevos ambientes (los renos serían adaptaciones de los ciervos al frío del norte), y que otras podrían ser híbridos entre las existentes (los armadillos derivarían de las tortugas y los puercoespines).

(El resaltado es mío)

Kircher no ha sido el único religioso en no tener problemas con la palabra «evolución». De hecho, uno de los «padres» de la teoría del Big Bang fue el sacerdote Georges Lemaître. Y es que, en principio, esta palabra solo quiere decir «cambio»: hablamos cotidianamente de la «evolución de los acontecimientos», por ejemplo, o de la «evolución de una enfermedad».

Según la RAE,

evolución.

(Del lat. evolutĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de evolucionar.

2. f. Desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro.

3. f. evolución biológica.

4. f. Movimiento de una persona, animal o cosa que se desplaza describiendo líneas curvas. U. m. en pl.

5. f. Movimiento que hacen las tropas o los buques, pasando de unas formaciones a otras para atacar al enemigo o defenderse de él.

6. f. Mudanza de conducta, de propósito o de actitud.

7. f. Desarrollo o transformación de las ideas o de las teorías.

8. f. Cambio de forma.

9. f. Fil. Doctrina que explica todos los fenómenos, cósmicos, físicos y mentales, por transformaciones sucesivas de una sola realidad primera, sometida a perpetuo movimiento intrínseco, en cuya virtud pasa de lo simple y homogéneo a lo compuesto y heterogéneo.

~ biológica.

1. f. Proceso continuo de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones.

 

Surge por lo tanto la pregunta del por qué tanto religioso toma como ofensiva la sola mención de la palabra «evolución».

Si bien Kircher estaba dispuesto a aceptar que las especies animales podían cambiar y adaptarse al medio ambiente, debemos notar que él hace esta observación tomando como verdad indiscutida la historia bíblica del arca de Noé. Vamos, que considera animales y humanos como dos cosas completamente distintas.

En modo similar Lemaître usa la idea de que el universo tiene un origen para colocar allí a su dios: según sus propias palabras «Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos».

En general, y esto hasta es comprensible, los religiosos que aceptan ciertos hechos científicos lo hacen para dar fuerza a sus doctrinas: especies que cambiaban y se adaptaban le permitían a Kircher disminuir la población del arca y aún así explicar la diversidad biológica actual mientras que un universo en expansión implicaba para Lemaître un origen que pudiera permitir un acto de creación.

El problema, claro está, surge cuando esas doctrinas son claramente irreconciliables con lo que la ciencia muestra.

La evolución no es una teoría, sino un hecho experimental verificado repetidas veces. Por ejemplo, cuando la perca fue introducida en el Lago Victoria causó un desastre ecológico con la desaparición de varias especies de peces del orden de los cíclidos que eran exclusivas de ese lago. Pero el punto importante en esta discusión es que solo unas décadas después se han encontrado dos nuevas especies de cíclidos y que algunas de las preexistentes se habían ya recuperado y mostraban diferencias morfológicas con las variedades anteriores, siendo ahora más ágiles y rápidas para poder así escapar de un nuevo depredador: la perca del Nilo.

Es decir, en solo treinta años luego de la introducción de la perca los cíclidos del lago Victoria habían evolucionado.

¿Y puede alguien dudar de que la aparición de nuevas bacterias resistentes a los antibióticos no es más que un ejemplo de evolución en el sentido de cambio? ¿O que la cría selectiva de animales puede dar lugar a nuevas razas de perros, gatos y ganado que evolucionan desde las originales?

¿Quizás quienes creen en la literalidad de la biblia confunden el hecho de la existencia de un proceso evolutivo con la teoría que explica este hecho, la conocida selección natural, teoría que se opone a la idea de «diseño inteligente» que caracteriza a los creacionistas?

No creo que sea esa la única razón. En mi opinión, el «problema» principal no es que se den cambios o que el universo tenga miles de millones de años de antigüedad: ya hemos visto a religiosos dispuestos a aceptar estas cosas. El problema es que la combinación de un proceso evolutivo con un universo antiguo implica que el ser humano no es más que otra especie animal que también evoluciona, que está sometida al cambio. Y esto, claro está, destruye uno de los pilares principales de toda religión organizada: la creencia de que el universo existe solo para que el ser humano lo habite, un ser humano creado «a imagen y semejanza» de la divinidad.

Es decir, el problema no está en considerar la posibilidad de que los animales o el ambiente cambien, sino en aceptar el cambio de los seres humanos y el hecho de que este cambio implica que los humanos no somos más que simples animales que abitan un simple planeta en torno a una simple estrella que gira en una galaxia como tantas. Es decir, el problema está en digerir la idea de que no hay nada especial en nosotros. La ciencia nos obliga a ser humildes, y eso no parece llevarse bien con la orgullosa condición humana.

Ciertamente existen religiosos que juegan con la idea de «evolución guiada», tratando así de reconciliar ideas que parecen (y son) irreconciliables, pero esto no es más que una versión edulcorada de la idea de diseño inteligente y de hecho agrega sus propios problemas: ¿cómo hacer encajar el concepto de alma inmortal en un proceso evolutivo?

El hombre creó a dios a su imagen y semejanza para poder así creer que era alguien especial, que existía por una razón bien específica a la vez que misteriosa y que ese universo por él desconocido y amenazante estaba en realidad a su servicio, aún cuando no lo pareciera.

No es difícil encontrar religiosos que acusan a la ciencia de «soberbia», ¿pero existe acaso mayor acto de soberbia que insistir que todo el universo existe solo para que nosotros lo habitemos?

Ya había compartido este vídeo en una entrada anterior, pero en algunos temas nunca está de más el insistir:

Neil deGrasse Tyson – ¿Tiene el universo un propósito?

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  1. #1 por Karl García Gestido el 10 septiembre, 2014 - 12:54

    Hola!

    ¡Ésta me la sé!! Veamos, además de lo dicho, el problema de la teoría de la evolución darwiniana es que por primera vez proporciona una respuesta eficiente a nuestro papel en el Universo.

    Para el siglo XIX era relativamente sencillo creer en un Dios (cualquieras, digamos por costumbre el judeocristiano). Aun con formación científica, el vacío en nuestro conocimiento del Universo era tal que un Creador no era tan descabellado. Sin embargo, Darwin prorporciona un mecanismo que cubre ese hueco para Dios. Un ser pensante, ojos y simbiosis extrañas dejan de ser improbables para convertirse en meros resultados del tiempo. Por ejemplo, lo único que necesitas para tener un ojo es luz y bacterias y unos cuantos millones de años.

    Cierto, hubieron de pasar décadas hasta que nuestro conocimiento de genética nos permitió probar y entender cómo funciona la evolución natural. Pero una vez dispusimos de estas pruebas, Dios encontró casi su último recoveco ocupado… ahora los pobres religiosos lo relegan a los momentos anteriores al Big Bang y poco más.

    La Teoría de la Evolución es el penúltimo clavo en el ataúd de la religión, solo falta una idea equivalente para el cosmos.

    Salud!!

    • #2 por elpinguinotolkiano el 10 septiembre, 2014 - 16:01

      Exacto. Solo en los últimos siglos la ciencia ha podido afrontar con rigurosidad ciertos temas, y es precisamente aquí donde comienzan a generarse los «conflictos».

      Sobre el equivalente de la teoría de la evolución para el cosmos… Por influencia del nacimiento de la idea, mucha gente cree que el big bang implica un comienzo temporal para el universo, pero esto no es necesariamente así. Más allá de las teorías de universos oscilantes (big bang seguido de big crunch) lo único que podemos decir en la actualidad es que el universo observable estuvo alguna vez comprimido en un pequeño volumen, pero esto nada dice sobre el universo como un todo.

      Y es que el «infinito» puede jugarnos estas malas pasadas: tener el espacio infinitamente comprimido no excluye la posibilidad de que hubiera sido siempre infinitamente extenso.

      Muchas de las teorías inflacionarias implican un «vacío primordial» infinito y eterno (en algún sentido… que no estoy en condiciones de entrar en debates sobre el significado del espacio y el tiempo en esa situación 😄 ) en el cual pueden darse diferentes «big bangs», cada uno dando lugar a un «sub universo» con sus propias leyes físicas. Dado que aún no logramos acercarnos a una teoría unificada de la física estas ideas no son más que especulaciones… pero la idea de que todo el universo nació en nuestro big bang también es especulativa. Lo único que sabemos es que el universo se ha expandido y continúa expandiéndose, y que esto implica que alguna vez fue increíblemente más «denso» que ahora.

      Las próximas décadas, la cosmología y la física teórica nos regalarán interesantes ideas…

      Saludos

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