Dos libros

Durante una conversación casual recordé dos libros que leí hace ya muchos años: Hacedor de estrellas (1937)1 y Sirio (1944)1, ambos de Olaf Stapledon, ambos del género de la ciencia ficción.

Recuerdo que la edición castellana de Hacedor de estrellas tenía un brillante prólogo donde Jorge Luis Borges no escatimaba elogios por la obra, si bien el escritor argentino admitía que de la escritura resultaba claro el que su colega británico era más versado en filosofía que en literatura. Esto ciertamente no era una acusación sino la simple declaración de un hecho que no escapará al lector que frecuente las mencionadas páginas.

Hacedor de estrellas es un libro sumamente ambicioso, por momentos quizás demasiado, pero el despliegue de imaginación que muestra el autor en cada uno de los «viajes» del protagonista es simplemente abrumador. Allí se describe por primera vez el concepto que más de veinte años más tarde sería bautizado como esfera de Dyson, allí también se habla de imperios galácticos, se describen razas simbióticas, se juega con la idea de utilizar ingeniería genética (aunque no le da ese nombre) para adaptar especies inteligentes a nuevos ambientes, aparecen estrellas y nebulosas inteligentes, se imaginan y describen detalladamente especies, ambientes y sociedades, se habla de la evolución de esas especies, esos ambientes y esas sociedades. En fin, que nos encontramos frente a un libro que introduce, quizás por primera vez en la historia de la literatura, casi todos los temas que dominarían la llamada ciencia ficción de las siguientes décadas.

Es en Sirio donde el comentario de Borges que mencionamos más arriba resulta aún más claro: los diálogos siempre dejan una impresión de profundidad exagerada, de extrema premeditación, impresión que atenta contra la credibilidad de los personajes. Pero no importa: la fuerza del relato es tan arrolladora que logra sumergirnos en la historia de su protagonista imposible y del sufrimiento que genera su unicidad. La llegada de la segunda guerra mundial es el marco improbable, pero no por eso menos apropiado, del desarrollo y la caída del ser cuyo nombre da título a la historia.

Stapledon influyó directamente en autores como Clarke, Asimov, Aldiss, Lem y otros, e indirectamente en un número aún mayor: sagas como la guerra de las galaxias o Star Trek claramente no hubieran sido lo mismo (posiblemente, ni siquiera hubieran existido) sin su abrumadora influencia.

Quizás ya sea hora de releer algunas de estas historias.


 1 Las fechas indican cuándo fueron escritos estos libros, no cuándo los leí… 😉

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