El gran problema de la confianza

El método científico funciona y todo lo que el lector tiene a su alrededor (comenzando por la computadora desde la cual está leyendo estas líneas) lo demuestra. Sin embargo, es normal oír cómo algunos filósofos de bar disparan en modo displicente frases hechas sobre la ciencia como «culpable» de esto o aquello. En general, no es difícil darse cuenta de que en las raras ocasiones en las que esas culpas podrían ser reales, estas recaerían no en la herramienta llamada «método científico» sino en el uso que algunas personas (políticos, militares, la industria) hacen de esa herramienta. Acusar a la ciencia de algo sería como acusar a los cuchillos de cocina porque luego de ver Psicosis nos hemos dado cuenta de que estos podrían ser utilizados para lastimar a las personas: la herramienta nunca puede ser culpable, el usuario de esa herramienta sí.

Como hemos dicho el método científico funciona a la perfección, el problema, claro está, es que un individuo no puede aplicarlo a absolutamente todo. Es humanamente imposible dedicarse a estudiar profundamente cada rama del conocimiento para poder así aplicar el método científico a cada aspecto de nuestras vidas: en algún momento tenemos que confiar en un médico, por ejemplo, o en alguna institución, y aceptar lo que nos dicen y nos piden. En principio no hay nada de malo en esta «confianza necesaria» ya que es claro que no puedo hacer un postgrado en oftalmología solo porque tengo la vista cansada: voy al oculista, este me receta unos lentes y confío en que lo que me está dando es bueno para mí.

El problema está en los criterios que utilizamos para dar esa confianza a alguien más. ¿En quién confiará más el lector, en un oftalmólogo diplomado con varios cursos de postgrado documentados o en la abuela que le aconseja rezar a Santa Lucía todas las noches?

Por evidente que resulte la respuesta a la pregunta del párrafo anterior, la triste realidad es que la mayor parte de la gente regala su confianza con gran despliegue de arbitrariedad y sin preocuparse por los más mínimos criterios de evaluación, lo que invariablemente termina dando un gran poder a personas que no necesariamente están capacitadas para ejercerlo.

Y así resulta fácil encontrar «razonamientos» del tipo «si A es malo y B se opone a A, B debe ser bueno», lo cual lleva a muchas personas a creer en los ecologistas porque supuestamente se oponen a las industrias contaminantes, a creer en las pseudomedicinas porque se oponen a los grandes laboratorios, etcétera. Este tipo de razonamiento no tiene ni pies ni cabeza y es muy simple encontrar ejemplos históricos que demuestren cuán equivocados pueden ser. Por dar un ejemplo extremo, ¿alguien se anima a utilizar el «razonamiento» que inicia este párrafo con el dueto Hitler / Stalin…?

Y eso que estoy dejando pasar la pregunta obvia de si eso que nos dicen que es malo, es realmente malo o no… Ya saben, mucha gente se siente atraída por las teorías conspiratorias más disparatadas.

El enemigo de mi enemigo no necesariamente es mi amigo. Greenpeace, por ejemplo, dice oponerse a los «malos», pero, ¿podemos confiar en esta organización? En mi juventud hace ya varias décadas hubiera dicho que sí, ahora que soy más viejo…

Y es que ver el absurdo acto de vandalismo perpetrado por Greenpeace en las líneas de Nazca,1 o descubrir que buena parte del dinero que financia el grupo viene de la familia Rockefeller (lo cual resulta particularmente llamativo cuando nos damos cuenta de que Greenpeace suele atacar a las petroleras europeas, pero no a las americanas…), ciertamente no ayuda a confiar en ellos.

Como tampoco inspira confianza el ver cómo los partidos «verdes» de Francia atacan los OGM, pero nada dicen de las centrales nucleares que tienen en cada rincón de su país, llegando a presionar para quitar de su cargo a alguien que, por una vez, está realizando su trabajo.

Y qué podemos decir al ver a los defensores de la homeopatía aferrándose a frases fuera de contexto o estudios que, en el mejor de los casos, dicen que nada puede decirse al respecto (enlace uno y enlace dos, por dar solo un par de ejemplos).

O…

Bienvenido, lector, a esta sociedad moderna (aunque siempre fue así) en donde la regla general debería ser «atención a quién damos nuestra confianza». Muy pocos la practican, pero la sana costumbre de «confiar científicamente y nunca ciegamente» resulta cada vez más importante, especialmente considerando que la todopoderosa Internet ofrece muchísimas herramientas para hacer pasar por buenas las estupideces más grandes que la mente humana es capaz de concebir, promocionando al mismo tiempo a los charlatanes y estafadores más descarados.


 1 Ellos dicen que no han causado daños a las líneas de Nazca, pero eso nada cambia: entrar sin autorización en un sitio de acceso restringido cuya conservación es sumamente difícil y delicada sería un acto de vandalismo aún si hubieran utilizado (que no lo hicieron) zapatos especiales para no dejar marcas en el frágil suelo.

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  1. #1 por Karl García Gestido el 13 diciembre, 2014 - 11:22

    Hola.

    En general, cuando te declaras partidario de una corriente, estás enfatizando la superioridad de aquello que defiende dicha corriente sobre lo que defienden los partidarios de otra corriente distinta. Así, un ecologista no es una persona con mayor o menor conocimiento de la “ecología”, sino simplemente alguien que prioriza la conservación “natural” por encima del resto de consideraciones. De forma similar, un capitalista defiende la “bondad” de los “rendimientos del capital” respecto, por ejemplo, de consideraciones sociales, mientras que para un “comunista” es más importante la propiedad común de los medios de producción que el derecho de cada uno a hacer lo que considere oportuno.

    Un dilema interesante para un ecologista (mejor se diría un “conservacionista natural”) es qué hacer con ecologías débiles o ineficientes. Por ejemplo, si la Humanidad encontrase ahora una “Luz Divina” que nos hicese “los más mejores del Universo y tal” podría adoptar criterios científicos para no solo no estropear más el planeta, sino para revertir su degradación. Supongamos por un momento esto. Tenemos políticas responsables, desaparece el efecto invernadero, plantamos millones de bosques, etc. Presumiblemente, repoblar zonas áridas tendrá el efecto de cepillarse la ecología (árida) existente. ¿Habría que conservar desiertos “protegiéndolos” de la reforestación?

    En realidad, un “ecologista” al uso es capaz de pensar las dos cosas a la vez (tenemos que reverdecer el planeta y mantener los “santuarios ecológicos”) en un ejercicio de “doble-pensar” que habría dejado tieso a Orwell 😉

    Así, no es extraño que antepongan criterios “conservacionistas naturales” a criterios “conservacionistas culturales” y que en realidad ellos no llegasen a pensar nunca en que lo que estaban haciendo era malo. Para su punto de vista, era algo similar a colarse en instalaciones privadas o en una convención internacional. ¡ah! y sin olvidar señalar que cuándo el ser Humano ha sido expulsado de la naturaleza para que el término “natural” no incluya a nada humano es uno de los grandes cambios de pensamiento, en mi opinión una reacción contra la Ilustración (recordemos que hasta entonces la filosofía -y el conocimiento en general- era denominada “filosofía _natural_”).

    Todo esto sobre la ecología (y otras corrientes de no-pensamiento). Sobre la confianza, hace mucho había visto un documental con una entrevista sobre el tema y me había llamado poderosamente la atención. También he leído (en Dawkins y otros) cómo los mismos principios se pueden utilizar para explicar -que no probar- la difusión de memes como el de la religión. Muy interesante ¿cómo otorgamos nuestra confianza en alguien para creer lo que nos dice? ¿debe de ser mayor? ¿debe de desempeñar algún rol concreto? ¿somos más propensos a creer a un sacerdote -por definición, el “líder de la comunidad espiritual”- que a un profesor -quien, por definición, se encarga de la educación de niños?.

    Y sin olvidar que la Ilustración y el uso de la Razón son disciplinas humanas, comparativamente hablando, muchísimo más recientes. Es más, durante muchos siglos el cuestionar un dogma ha sido perseguido penalmente.

    En fin, sí, interesante 😉

    Salud!!

    pdata.: ¡No digas Hitler!! XDD

    • #2 por elpinguinotolkiano el 13 diciembre, 2014 - 14:09

      Volviendo al ejemplo de tu primer párrafo, podríamos decir que un ecologista prioriza la conservación que cree es natural. Y ese es el problema: las razones para unirse a un movimiento suelen ser todo menos racionales.

      Es muy fácil poner en dificultades a un ecologista, o a un capitalista, o a casi cualquier persona que se declara parte de un «movimiento». El famoso «too big to fail», por poner un ejemplo, es contrario a las «leyes capitalistas», pero de pronto te encuentras con economistas presuntamente liberales defendiéndolo a muerte. Y así estamos en la situación actual en la cual el sistema económico global es capitalista con las ganancias, pero socialista con las pérdidas.

      El gran dilema de los ecologistas existe ya hoy y se llama energía nuclear: por una parte la odian, pero si no se utiliza la emisión de CO2 aumenta enormemente tal y como le está pasando a Alemania con su «salida del nuclear»: este año contaminó mucho más que los anteriores.

      Tal y como dices, la ecología es en realidad una corriente de no-pensamiento con un marcado sesgo cognitivo, mucho de superstición y poco de racional. El problema es que casi todos los movimientos son así. De esta forma nos va… 😦

      Saludos

      PD: Dije que era un ejemplo extremo… XD

      • #3 por karlggest el 14 diciembre, 2014 - 2:17

        En general, el mejor argumento antinuclear es que la mayor parte de los costes los soporta el estado. Eso incluye tanto la construcción, como la mayor parte de los sistemas de emergencia asociados, o mejor aun, con el sistema de tratamiento de residuos.

        Pero eso es un juguete (y discutible, pero sí podría hacerse una discusión racional sobre el tema) desde el punto de vista intelectual. Normalmente, cuando nos decantamos por una postura es porque honradamente creemos lo que es más correcto. Por supuesto, en consecuencia, todo aquello que la favorece gozará de mayor credibilidad, mientras que lo que la perjudique a nuestra postura tendrá menor credibilidad. Es lógico y humano.

        ¿Tiene esto algo que ver con la forma de establecer nuestro sistema de confianza en las personas? Seguramente explica por qué podemos seguir al líder de nuestra comunidad religiosa, de nuestro partido político, etc.; pero no explica por qué alguien “carismático” puede influir en otro para hacerle cambiar de sistema de pensamiento. Piénsese en todos estos nuevos islamistas radicales que se van a luchar por ahí -donde “luchar” significa “asesinar a otros”-, por ejemplo.

        Salud!!

      • #4 por elpinguinotolkiano el 14 diciembre, 2014 - 15:23

        Podría decirse que el ser humano está «programado para creer», como nos comenta Michael Shermer en este TED talk:

        y que una estructura de pensamiento extremista tiene la «ventaja» de no dejar lugar a dudas incómodas, liberando al individuo de la obligación de pensar en si mismo… y por si mismo.

        También están los experimentos de Skinner sobre lo fácil que es conseguir «palomas supersticiosas». En fin, el sesgo cognitivo, la «decisión de creer» y, recordando a Erich Fromm, el «miedo a ser libre» hacen que sea particularmente difícil el ser verdaderos «libre pensadores». El ser humano tiene la capacidad de ser racional, pero no necesariamente la ejerce en forma continua.

        Nadie está libre de esto: al fin y al cabo, incluso los científicos más destacados son seres humanos y por lo tanto pueden dejarse llevar por la pasión. Por ejemplo, Millikan hace sus experimentos sobre el efecto fotoeléctrico no porque quisiera comprobar la teoría de Einstein sino porque estaba convencido de que este último estaba equivocado… en su defensa podemos decir que ante los resultados que obtuvo, Millikan aceptó inmediatamente y sin reservas la idea del «fotón».

        (Mmmm, esto último daría para un interesante artículo… XD )

        Saludos

  2. #5 por Karl García Gestido el 15 diciembre, 2014 - 14:09

    Bueno, yo creo que es bastante evidente que el ser humano está programado para actuar de forma irracional. Si los primeros intentos de aplicar el razonamiento aceptamos que están en la Grecia Clásica, pero que hemos de esperar hasta la Ilustración para ver el uso de la razón como forma básica de pensamiento, y tenemos en cuenta que la historia (y prehistoria 🙂 ) humana abarca decenas de milenios, bien.. XDD

    ¿Pero por qué crees al individuo A y no al individuo B? ¿Por qué si crees a Rajoy no puedes creer a Iglesias? Es sencillo que un creyente acabe en una secta (más o menos destructiva, por otra parte cualquier “iglesia” puede ser considerada una secta xd), pero ¿y un ateo? ¿y un ateo humanista?

    Y sí, el contraste entre la ciencia y el pensamiento no racional tiene muchas anécdotas. Habrás visto o conocerás la serie documental basada en el Cosmos de Sagan que estrenaron no hace mucho. Una de las cosas en las que se hacía hincapié con frecuencia era la necesidad de “cuestionar”, tanto al pensamiento establecido como para desafiar a la “autoridad”. Y abunda en ejemplos.

    Salud!!

    • #6 por elpinguinotolkiano el 15 diciembre, 2014 - 20:43

      Quizás el problema no sea tanto el elegir arbitrariamente dar la confianza a A y no a B, sino que una vez que la elección está hecha se vuelve casi imposible cambiar de idea. Decidir ante una situación de incertidumbre es difícil, por no decir doloroso, lo que nos lleva a tratar de evitar el tener que realizar una nueva elección… o a que la elección original sea basada en cosas simples como el carisma y la seguridad que esa persona muestra. Vamos, que una vez encontrada una marca de zapatos que nos van bien cambiar a otra suena casi a herejía XD .

      Encerrarnos en una caja nos limita, pero al mismo tiempo mantiene aquello que no conocemos afuera.

      Al menos en apariencia.

      Un común denominador en los «creyentes» (y no me refiero solo a los religiosos, que «creyentes» hay de muchos tipos) es el temor a la incertidumbre: la creencia da una ilusión de seguridad y previsibilidad con la que resulta difícil luchar. El «a mí me funciona» va mucho más allá del típico error de confundir correlación con causalidad, ya que si el objeto al cual se da la confianza no llegara a funcionar toda la estructura que la persona ha construido para defenderse de aquello que no conoce se caería a pedazos… y eso no es algo que pueda aceptarse a la ligera. La típica pregunta del creyente en una religión es «cómo haces para vivir sin dios»… pues, «¿cómo haces tu a vivir con uno?»

      Creo que tenía unos ocho años cuando por primera vez tuve la «revelación» de cuán inmenso es el universo. No recuerdo los detalles (los adultos hablaban de algo relacionado), pero de pronto tuve una «imagen» del infinito, tanto en el espacio como en el tiempo: infinitas estrellas en un vacío perfecto en todas las direcciones. Debo decir que en ese momento me descompuse, me sentía realmente mal y tuvieron que atenderme. Por fortuna, pronto pude cambiar esta sensación tan opresiva en fascinación (Carl Sagan algo tuvo que ver en todo esto…), pero puedo comprender que alguien no logre superarla y trate de «ocultarse» detrás de una creencia o cediendo su independencia a una «autoridad». De hecho, a mi casi me sucede.

      Saludos

      PD: He visto la nueva Cosmos y me ha gustado mucho. Dado que no tengo televisión tuve que esperar un poco y verla… con ayuda de los amigos XD

      • #7 por Karl García Gestido el 18 diciembre, 2014 - 10:46

        Una curiosidad, que igual simplemente viene de haber visto demasiados programas de Punset seguidos… xd, es precisamente el porqué de que un individuo dado consiga nuestra confianza. ¿Qué sentido evolutivo tiene?

        Estos días las redes sociales y la TV andan a vueltas con un estudio (de estos sin mucho sentido probablemente para justificar presupuestos) sobre la presunta “idiotez” de “los hombres”. Bien está para la gente con mucho tiempo libre, y simplemente estaría muy bien que prestasen tanta atención a por lo menos algunos otros estudios científicos de todo tipo. No obstante, hay algunos otros estudios menos conocidos que sugieren la hipótesis de que los hombres sí que tienden a ser más “temerarios” en la toma de decisiones (a lo que solamente tienes que sumar muchos hombres en cualquier órgano de decisión). En general, si eso fuese así, tendríamos una pauta evolutiva que funcionó bien (aquí estamos) que no se adapta bien al mundo real.

        Otro tema: en mi opinión, la pregunta típica “¿cómo puedes vivir sin Dios?” (y que realmente debería de ser “(…) UN dios?”) lo que esconde es un poco el miedo al azar y a la insignificancia. Si ha muerto tu padre no es porque tuviese una edad y una probabilidad determinada en ciertas circunstancias, sino porque es un designio divino; ni cayó el avión de tu hermana porque eventualmente cae algún avión en algún lado en el que viaja gente que también eventualmente tiene hermanos, sino que es un designio divino. Y es que Dios debería ser más bien “el dios de los caminos rebuscados”.

        Como anécdota, lo mío fue mucho más lógico y frío. Mi familia era muy católica, o al menos en lo que entendía como catolicismo, porque también llevaban una buena dosis de misticismo estándar. Así que tuve una educación razonable (era bueno con “las cuentas”, la lectura y la escritura, con una caligrafía legible) a los 7 años, y razonablemente bueno en historia y geografía a los 8, para una familia de clase social muy baja. Por supuesto, donde destacaba era en Religión (así, con mayúscula, en mi centro escolar público de EGB la alternativa a la religión era la religión, salvo en el caso de uno que era hijo de evangelistas y otro que era “malo maloso” (al cual enviaban a clase de matemáticas xdd). Las discusiones con el sacerdote que impartía las clases de religión eran inevitables a lo largo de los años, en paralelo a la comprensión del mundo, otras religiones, principios básicos de ciencia, etc. Como es de esperar, en el principio de la adolescencia fui abandonando la creencia de una institución religiosa -que realmente tampoco tuve- sustituyéndolo por una religión más personal… hasta que colegí que en realidad el mundo puede interpretarse sin la existencia de ningún dios personal y que tu ética y moral depende de ti y los valores que hayas aprendido. Muchos años después leí que “Dios ha muerto”, y es una idea interesantemente similar xdd

        Salud!!

      • #8 por elpinguinotolkiano el 18 diciembre, 2014 - 11:46

        No recuerdo dónde lo leí, pero creo que hay estudios que hablan de comportamientos «parasitarios» de adaptaciones evolutivas válidas. Uno de ellos es la costumbre de reconocer rostros donde no los hay, costumbre que vendría de la adaptación válida de reconocer depredadores ocultos. Otro podría ser el tema de la confianza: casi todos los primates viven en estructuras sociales piramidales con un líder bien definido, lo que nos habría adaptado a esta dualidad de o bien buscar ser líder y recibir la confianza de los demás o bien a ser sumiso y regalar nuestra confianza al líder. Considerando que la sociedad ha evolucionado más rápido que nuestra biología, no sería de extrañar que ese comportamiento que fuera válido para nuestros ancestros nos genere hoy problemas en la nueva situación.

        Estoy completamente de acuerdo con la idea de que la búsqueda de un dios personal tiene mucho que ver con un intento inconsciente de evitar el sentimiento de nimiedad. Yo por mi parte me siento orgulloso de ser capaz de ver qué tan insignificante soy XD

        Saludos

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