Pequeña etimología ítalocastellana

Por años, no solo en mi infancia sino también durante buena parte de la edad adulta, un misterio se presentó ante mi en cada guiso dominguero: la palabra osobuco.

¿Por qué estos suculentos guisos, y en especial ese hueso en forma de anillo con su increíblemente grasoso y gustoso cargamento de tuétano tenía ese extraño nombre? Lo máximo que logré durante mi niñez fue una tajante aclaración indicando que esa carne nada tenía que ver con un corpulento úrsido, que era de normalísima vaca. Recuerdo que algún adulto intentó en su momento una explicación anatómica precisa del origen del corte… pero la palabra en sí siempre quedó sin explicación.

La revelación llegó en el momento de mudarme a Italia y acercarme a la carnicería del supermercado donde una bandeja blanca no solo me ofrecía el inconfundible osobuco perfectamente envasado: la etiqueta lo identificaba sin lugar a dudas como osso buco.

Osso → hueso

Buco → agujero

¡El misterio estaba finalmente resuelto!

Eso fue solo el comienzo de una serie de descubrimientos: por ejemplo, escarpines proviene del italiano scarpa (zapato) y vendría a ser «pequeño zapato» (en italiano, las terminaciones -ino e -ina y sus correspondientes plurales -ini e -ine indican diminutivos).

Incluso algunas frases hechas tienen un itálico origen. Típico de abuela chusma, la molesta pregunta «para cuándo los confites», insufriblemente repetida en cada noviazgo del benjamín/a de la casa, proviene de la costumbre italiana de regalar confites de colores en todo momento festivo: en los matrimonios, se regalan confites blancos con almendras enteras en su interior.

Uno de estos descubrimientos me provocó sin embargo una fuerte impresión que no he logrado superar aún. Luego de notar que los deliciosos filetes de carne empanados y fritos que toda mi vida llamé «milanesas» no eran otra cosa que cotolette alla milanese, es decir, «chuletas al estilo de Milán», me enfrenté con una terrible verdad: un plato típico de la gastronomía rioplatense como era y es la «milanesa a la napolitana» resultaba entonces una insuperable pesadilla intelectual.

Anuncios

,

  1. #1 por AlexSandovalM el 19 enero, 2015 - 21:18

    Muy interesante, breve pero bueno. Saludos.

A %d blogueros les gusta esto: