Dos museos para Alexander Sokurov

Cuando en 2002 se estrenó la magnífica película de Alexander Sokurov magníficamente titulada El arca rusa tanto la crítica como el público quedaron extasiados, y con razón: el film es un alarde no solo técnico sino principalmente artístico y narrativo que te deja sin palabras.

Con una duración de 96 minutos, la película fue filmada en una sola secuencia, sin cortes, en una única, continua e impresionante toma que recorre no solo 33 estancias del Hermitage de San Petersburgo sino también tres siglos de historia rusa. Más de 2000 (sí, dos mil) actores con su vestuario y maquillaje, tres orquestas en vivo y un trabajo inimaginable de organización y creatividad hacen de este film algo realmente imperdible.

Francofonia, del 2015, también está filmado en un museo, esta vez el Louvre de París. La película, que también es magnífica, falló sin embargo en lograr la apreciación que se merecía. Quizás muchos estaban esperando una «versión francesa» del precedente film y se sintieron defraudados al ver que utilizaba técnicas de edición (más) convencionales, con cortes, cambios de escena y varias cámaras. Posiblemente fue esta infundada expectación, este sesgo, el que impidió a mucha gente el poder ver el verdadero valor del film… eso y el hecho de que, en realidad, resulta una película bastante «más difícil» que la otra.

Y es que Francofonia no podía ser más distinta de El arca rusa: el museo no es ya protagonista sino testigo, no se recorre «la Historia» sino un momento, no es sobre el desarrollo de una nación sino que habla de la improbable relación de trabajo de dos enemigos que en el fondo están preocupados por el mismo problema.

13 años no son pocos, por lo que si bien sigue gustando de escenas largas y detalladas (no te pierdas El Sol) Sokurov ya no está tan interesado en experimentar con desafíos técnicos, ahora quiere jugar con la imagen y con la narrativa. Algunas técnicas de saturación de colores y superposición de imágenes, «recorte» del plano de visión y otras «cosas extrañas» ya habían sido probadas en El Fausto (que sí te puedes perder), pero no se quedó allí: el director toma actores, vestuarios, muebles y vehículos perfectamente ambientados durante la ocupación alemana de París en la segunda guerra y los mezcla con señales de tránsito modernas en calles asfaltadas de la actualidad y con turistas que caminan por la rivera del Sena de hoy en día. No estamos viendo la reconstrucción histórica de un momento, nos encontramos frente a los fantasmas de esa historia, a la memoria de los hechos que trata de no ser olvidada, que trata de ser comprendida.

Eso sí, no todo es cambio. Y es que Sokurov ya había visitado estos museos en 1996 con el melancólico mediometraje Hubert Robert, una vida afortunada, film que, creo, te ayudará a ver esa parte de la mente del director que nunca ha cambiado.

Si luego de asombrarte con El arca rusa realmente quieres disfrutar de Francofonia, y es una película que merece ser disfrutada, mira primero esta pequeña maravilla de 26 minutos sobre un pintor romántico francés al que le gustaba imaginar ruinas.

Vale la pena.