Dos magníficos podcast para practicar tu inglés

Ambos son de entrevistas, por lo que te ayudarán a afilar el oído con distintos acentos y estilos. Aquí van.



Brady Haran (hablé ya de él en este artículo), conocido presentador de varios canales de youtube cientófilos como Periodic Videos (química), Sixty Symbols (física), DeepSkyVideos (astronomía), Objectivity (curiosidades de la Royal Society) y, bien, Numberphile (matemática) lleva adelante también varios podcast, a los cuales ha agregado Numberphile podcast. Con interesantes y amenas entrevistas a conocidos matemáticos y divulgadores, este podcast resulta muy recomendable.


Sean Carroll (sitio web) es un conocido físico teórico que no teme a la divulgación, pero a diferencia de otros científicos y divulgadores también famosos él sabe distinguir entre una conjetura discutida y un hecho aceptado, lo cual es de agradecerse. Tampoco teme a hablar de filosofía y materias humanísticas, de hecho, contrariamente a muchos otros científicos y divulgadores también famosos él lo hace con propiedad. En su podcast, llamado Mindscape, entrevista a personalidades de diferentes campos de la actividad humana  y el resultado es siempre brillante: científicos e investigadores, sí, pero también filósofos, músicos, un director de cine, un «teólogo ateo» e incluso a una jugadora profesional de poker. Una serie de conversaciones entre un presentador sumamente inteligente y entrevistados sumamente inteligentes es algo que no puede fallar. Cada tanto nos ofrece un programa sin invitados donde se lanza a hablar en solitario de lo que le viene en gana, lo cual también está muy bien.

En las páginas correspondientes a cada episodio es posible encontrar la transcripción de los mismos, lo cual puede resultar muy útil si aún no tienes tu oído bien entrenado.



Pues aquí los tienes: dos magníficos podcast que te mantendrán informado mientras te ayudan a afilar tu inglés. ¡No te los pierdas!

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Dos museos para Alexander Sokurov

Cuando en 2002 se estrenó la magnífica película de Alexander Sokurov magníficamente titulada El arca rusa tanto la crítica como el público quedaron extasiados, y con razón: el film es un alarde no solo técnico sino principalmente artístico y narrativo que te deja sin palabras.

Con una duración de 96 minutos, la película fue filmada en una sola secuencia, sin cortes, en una única, continua e impresionante toma que recorre no solo 33 estancias del Hermitage de San Petersburgo sino también tres siglos de historia rusa. Más de 2000 (sí, dos mil) actores con su vestuario y maquillaje, tres orquestas en vivo y un trabajo inimaginable de organización y creatividad hacen de este film algo realmente imperdible.

Francofonia, del 2015, también está filmado en un museo, esta vez el Louvre de París. La película, que también es magnífica, falló sin embargo en lograr la apreciación que se merecía. Quizás muchos estaban esperando una «versión francesa» del precedente film y se sintieron defraudados al ver que utilizaba técnicas de edición (más) convencionales, con cortes, cambios de escena y varias cámaras. Posiblemente fue esta infundada expectación, este sesgo, el que impidió a mucha gente el poder ver el verdadero valor del film… eso y el hecho de que, en realidad, resulta una película bastante «más difícil» que la otra.

Y es que Francofonia no podía ser más distinta de El arca rusa: el museo no es ya protagonista sino testigo, no se recorre «la Historia» sino un momento, no es sobre el desarrollo de una nación sino que habla de la improbable relación de trabajo de dos enemigos que en el fondo están preocupados por el mismo problema.

13 años no son pocos, por lo que si bien sigue gustando de escenas largas y detalladas (no te pierdas El Sol) Sokurov ya no está tan interesado en experimentar con desafíos técnicos, ahora quiere jugar con la imagen y con la narrativa. Algunas técnicas de saturación de colores y superposición de imágenes, «recorte» del plano de visión y otras «cosas extrañas» ya habían sido probadas en El Fausto (que sí te puedes perder), pero no se quedó allí: el director toma actores, vestuarios, muebles y vehículos perfectamente ambientados durante la ocupación alemana de París en la segunda guerra y los mezcla con señales de tránsito modernas en calles asfaltadas de la actualidad y con turistas que caminan por la rivera del Sena de hoy en día. No estamos viendo la reconstrucción histórica de un momento, nos encontramos frente a los fantasmas de esa historia, a la memoria de los hechos que trata de no ser olvidada, que trata de ser comprendida.

Eso sí, no todo es cambio. Y es que Sokurov ya había visitado estos museos en 1996 con el melancólico mediometraje Hubert Robert, una vida afortunada, film que, creo, te ayudará a ver esa parte de la mente del director que nunca ha cambiado.

Si luego de asombrarte con El arca rusa realmente quieres disfrutar de Francofonia, y es una película que merece ser disfrutada, mira primero esta pequeña maravilla de 26 minutos sobre un pintor romántico francés al que le gustaba imaginar ruinas.

Vale la pena.

«El mensajero» (relato)

Por distintos motivos que no conviene comentar en estas primeras líneas, recordé hace poco un relato de ciencia ficción que escribí hace ya unos 30 años, cuando era joven y productivo 😉

He intentado corregir los excesos de la redacción original (como dijo Borges alguna vez «todo escritor comienza siendo barroco»), ya me dirás si lo he conseguido.


El mensajero

El tiempo de reacción del cual dispuso el capitán fue extremadamente breve. La composición metálica del objeto y su escasa densidad mostraban sin lugar a dudas que era artificial, no una simple roca, por lo que sin pensarlo dos veces ordenó capturarlo, igualando su velocidad a la de la nave.

La pequeña sonda fue así recuperada, pero a un gran costo y con un enorme riesgo: una pequeña falla en el campo de empuje y se habrían estrellado contra ella a prácticamente la velocidad de la luz. Era evidente el que recibiría una fuerte amonestación cuando llegasen a destino… Para colmo el escaso tiempo no permitió tomar buenas mediciones de su curso ni de su velocidad, por lo que era imposible decir de dónde provenía.

¡Pero qué importaba todo eso ahora! Ya nada podría empañar el enorme descubrimiento que acababa de hacer.

Evidentemente se trataba de una sonda de exploración planetaria, lanzada en los albores de alguna civilización técnica quizás desaparecida: la antena de «largo» alcance que cubría toda una de sus caras, aquellos objetos que deberían ser cámaras, el pequeño generador por isótopos radiactivos hace ya mucho extinto que se proyectaba lejos del cuerpo principal… todo lo mostraba.

Pero entre todos esos objetos, fácilmente reconocibles con un poco de imaginación, había algo que resaltaba extrañamente y que no parecía encajar en nada: Un disco dorado, rayado por golpes de micrometeoritos y extraños dibujos aún reconocibles, llamaba la atención sobre uno de los flancos de la sonda. Tenía electrochapado una fuente de uranio 238 que indicaba una antigüedad de unos doscientos mil años, lo suficiente como para haber llegado hasta allí desde casi cualquier lado.

Al extraer la placa circular lo sorprendió la existencia de otro disco que se ocultaba detrás del anterior y que estaba recorrido por un fino surco que trazaba una apretada espiral sobre cada una de sus caras. En el centro de la cara que miraba hacia la sonda se veía un grabado ciertamente desconcertante del cual se ocuparía a su debido tiempo.

También encontró una pequeña pieza metálica guardada allí, último detalle de una tríada de misterios.

«La clave debe estar en la cubierta», se dijo, mientras realizaba un escaneo tridimensional de todas las piezas.

 

Pero, ¿por dónde empezar? Bueno, ese círculo dibujado allí solo podía representar al disco interior y eso marcado en su periferia era un diagrama de la pieza de metal: al parecer, la parte aguda de esta última debía entrar en contacto con el disco, pero ¿para qué? ¿Y qué había que hacer con el otro extremo? ¿Habría dentro de la sonda algo donde conectarlo? No, debía ser otra cosa: en los inicios de toda cultura espacial el peso era un factor crítico y hasta los escasos gramos de los discos debieron ser cuidadosamente considerados a la hora del despegue.

A continuación del círculo —¿debajo?, ¿a un costado?— se veía una línea que debía representar al disco visto de canto ya que también poseía sobre su extremo un diagrama de la pieza de metal. Aparentemente la parte aguda de la misma debía ir en contacto con el surco.

Algo intrigante eran las líneas cortas que rodeaban al círculo y que también se hallaban junto al «disco de perfil». ¿Notación binaria? Pero si lo eran, ¿en qué sentido debían leerse? De los dos tipos de líneas, ¿cuál representaba al cero y cuál a la unidad? Y más importante aún, ¿de qué servían esos números?

Examinó una imagen ampliada del surco, notando una cierta regularidad en sus irregulares paredes. Tal vez la pieza de metal debía recorrer el surco para detectar sus rugosidades y transformarlas en vibraciones, las cuales podían contener muchísima más información que algunos simples dibujos. Eso no solo indicaba el sentido en el que debían leerse los números —el de la espiral—, sino que también daba sus significados: el que estaba en torno al círculo debía dar el período en el cual la pieza tendría que dar una vuelta, mientras que el que estaba debajo del disco-de-perfil, que era mayor, debía indicar la duración total… ¿pero en qué unidades? Ese dato tendría que estar en alguno de los otros dibujos.

El de arriba a la derecha mostraba tres períodos de una típica función de onda, los cuales estaban indicados por dígitos binarios sobre los mismos. Esto confirmaba que el disco era un registro vibratorio. Debajo del primer período se hallaba otro número, otra duración. Ciertamente no era eso lo que buscaba.

Una línea quebrada y dos rectángulos, el primero con un trazo zigzagueante y el otro con un perfecto círculo: al parecer esas vibraciones debían usarse para construir imágenes, pero si no hallaba el período unidad tardaría mucho en obtenerlas.

El dibujo inferior izquierdo era más interesante: varias líneas de distinta longitud confluían en un centro común, cada una con un número a su lado. Ese dibujo tenía toda la apariencia de ser un mapa en el que se indicaba la ubicación del sistema de origen de la sonda respecto de algunos hitos astronómicos… aunque por otro lado esos números deberían necesariamente ser otros períodos, ya que de lo contrario se haría muy confusa la notación. Pero, ¿períodos? ¡Por supuesto! ¡Ese mapa debía indicar la posición relativa respecto de un grupo de púlsares! El período de un púlsar es casi como su huella digital y conociendo la antigüedad del plano y las distancias relativas a cada uno de los púlsares —dadas por las longitudes de los segmentos—, se podría encontrar la estrella de la cual provenía la sonda. ¡Brillante!

Pues bien, lo único que podía dar el período buscado era ese pequeño dibujo de abajo a la derecha. Estaba formado por dos círculos, el centro de cada uno con un pequeño guion vertical rematado en su extremo superior por un grueso punto. El cenit de ambos círculos estaba atravesado por otro de esos guiones, el de la derecha igual al interior mientras que el de la izquierda se hallaba invertido —Uno entrando y otro saliendo, ¿por qué habría pensado en ello?—. Ambos círculos se hallaban unidos por una raya horizontal debajo de la cual se encontraba un dígito binario, un uno.

Esa debía ser la unidad de tiempo que estaba buscando. Ese era un esquema que representaba un proceso fundamental de la naturaleza cuya duración era conocida por todos en el universo.

Había muchas cosas fundamentales en la naturaleza, pero ¿cuál era la más fundamental?, ¿cuál habrían elegido los constructores?

El hidrógeno era un buen candidato.

Uno entrando y otro saliendo.

¡Por supuesto! ¡El diagrama mostraba una transición entre los dos estados más bajos del hidrógeno! ¡Esa era la unidad de tiempo!

 

Hubiera sido relativamente sencillo el descubrir el origen de la sonda mediante el mapa de púlsares de la placa, por lo que se volcó a la opción, mucho más interesante, de descubrirlo mediante el mensaje del disco.

Pasó varios días mejorando el sistema para leer las imágenes, ya que si bien la idea era simple tenía que construir todo desde cero.

La primera imagen que obtuvo fue un ligeramente achatado círculo. Era ahora evidente el por qué la secuencia de la placa que explicaba la formación de imágenes concluía con esa simple figura geométrica: era el modo de indicar que todo andaba bien. Aunque él tuvo algunos problemas ya que con esa primera imagen se dio cuenta de que estaba «estirando» lo que formaba, mientras que la segunda imagen —un fragmento del mapa de púlsares con el agregado de una galaxia espiral típica, seguramente M-31— le dijo que las estaba reproduciendo invertidas.

Luego de «ajustar» su sistema de reproducción continuó mirando con lentitud lo que obtenía, refrenando deliberadamente su ansiedad. La siguiente imagen podía denominarse «diccionario de definiciones matemáticas», ya que con una serie de puntos y notación binaria enseñaba los símbolos y las convenciones de las operaciones matemáticas básicas.

La cuarta figura definía las magnitudes físicas de masa, tiempo y longitud, usando siempre como patrón al átomo de hidrógeno. De eso se ocuparían otros.

Dos figuras mostraban lo que parecía ser el esquema de un sistema solar, con datos de masa y diámetro de cada uno de los planetas y de su sol, con las distancias medias entre éste y aquellos.

Inconfundibles primeros planos estelares daban paso a un igualmente inconfundible espectro de emisión, el cual fijaba sin lugar a dudas las características de esa estrella.

Pero a partir de allí había algo que no andaba bien: a la imagen del espectro le seguían otras dos que eran iguales a ésta, solo cambiados los tonos de grises. ¿Para qué repetir tres veces la misma imagen? Tal vez… ¡era una imagen a color! Sería fácil descubrir cuál era la verdadera apariencia de ese espectro dado que es una característica del tipo de estrella, por lo tanto podía utilizar esas tres imágenes para saber cuánto rojo, azul y verde debían ser mezclados para obtener el color correcto. ¡Interesante!

Pasó las siguientes horas revisando, y llevando a la práctica, esa posibilidad.

 

Las siguientes cuatro imágenes eran primeros planos planetarios, que por los datos que mostraban debían ser el primero, el cuarto, el quinto y el tercer planeta del sistema. Este último estaba en color, lo que indicaría que ese era el origen de la sonda.

Por un momento creyó reconocer a ese azul mundo, evidentemente oceánico, que estaba contemplando, pero no se preocupó demasiado por ello ya que en su trabajo no era completamente imposible el que lo hubiera visitado alguna vez.

Luego de pasar rápidamente una serie de definiciones de química se encontró ante una inconfundible cadena de ADN. «No es posible», se dijo, ya que esa era la molécula de la herencia exclusiva del planeta Tierra, cuna de su civilización.

«La Tierra», se dijo, y recordó que había visto el azul mundo de sus antepasados hacía casi un siglo de su tiempo local, cuando se decidió a conocer de dónde provenía su raza.

Ocho figuras mostraban huesos, músculos y órganos que prácticamente no diferían de los suyos.

Encontró diagramas de los órganos de reproducción. Un óvulo a punto de ser fecundado y la forma en que empieza a dividirse, el desarrollo fetal, el nacimiento…

Y a continuación, primeros planos de seres humanos.

Diagramas indicando la estructura de la Tierra. La deriva continental. Otras imágenes.

Costas oceánicas. Un río rodeado de bosques y con un fondo de montañas. Un desierto. Un valle muy erosionado.

Y árboles y hojas. Un insecto. Un diagrama simple mostrando la evolución, su evolución.

Una concha marina. Mamíferos acuáticos. Un hombre buceando… Imágenes de un mundo, su mundo, obtenidas por una raza, su raza, centenares de milenios atrás.

Luego vendrían diversas actividades humanas: muestras de arquitectura, templos, ciudades, humanos. Vehículos, edificios, radiotelescopios, libros. Un hombre flotando en torno a su mundo. Una primitiva nave espacial elevándose verticalmente de la superficie.

Un atardecer.

Cuatro personas sosteniendo instrumentos con un fin evidentemente musical daban paso a la última imagen: uno de esos instrumentos, el más pequeño, se hallaba sobre una hoja de algún material en la que se destacaba una sucesión ordenada de símbolos, líneas y círculos que hablaban el idioma de la emoción humana.

En su estupor tardaría mucho en darse cuenta de que las últimas señales de esa cara del disco no eran imágenes, sino música: la Cavatina del Cuarteto para Cuerdas Nº 13 de Beethoven, que volvería completa al final de la otra cara del disco. Allí no habría ya imágenes, sino sonidos, saludos en idiomas olvidados y música que no debería olvidarse. Los murmullos de un mundo que se hallaba a doscientos mil años en el pasado: una nimiedad, en la escala en que se maneja el cosmos.

Los símbolos que él había traducido habían sido creados por sus propios antepasados, los que hablaban en términos de su época con signos que hacía milenios habían sido abandonados.

Cuando logró recuperarse se lanzó con frenesí sobre los libros de historia almacenados en la memoria de la nave.

«…Misiones Voyager al sistema solar exterior. Dos naves de exploración que realizaron importantes aportes al conocimiento de su era […] Cada nave transportaba un disco de oro en el que se resumían las imágenes y la música de la Tierra y su humanidad al comienzo de la civilización técnica…»


Notas con spoilers

Clic para saber más

Para saber más sobre las Voyager, puedes consultar este artículo del blog de Daniel Marín

La historia de las Voyager, los mensajeros interestelares de la humanidad

o este otro

Una visita al reino de las lunas oscuras del séptimo planeta (30 años del sobrevuelo de Urano por la Voyager 2)

o simplemente usa el buscador del blog Eureka.

Y si quieres un ejemplo de la relevancia que las Voyager siguen teniendo hoy en día, más de cuatro décadas después de su lanzamiento, te dejo con este artículo de Francisco Villatoro

Voyager-1 y AMS-02 excluyen los agujeros negros sublunares como materia oscura

Vamos, que han sido fenomenales.

En su momento, para escribir este cuento el libro «Murmullos de la Tierra, el mensaje interestelar del Voyager» fue sumamente útil 😉

Mozart y Papageno

Advertencia: esta entrada es una especulación sumamente arbitraria, inútil y seguramente infundada sobre música clásica, opera y uno de los mejores autores de la historia, Wolfgang Amadeus Mozart. ¡Estás advertido!


Hace un tiempo vi un viejo documental de la BBC sobre la vida de Mozart: IMDb: The Genius of Mozart (2004). Si bien el presentador no es justamente el punto sobresaliente de la obra, el documental en sí está muy bien realizado y es altamente recomendable. Al (afortunadamente breve) diálogo directo del presentador con el público lo siguen magníficas actuaciones y una música conmovedora que sirven a dramatizar las distintas escenas de la vida de Mozart. Lo más llamativo de este documental es que una parte de las apariciones de los personajes históricos (el padre y la hermana del compositor, su esposa, sus amigos) se da como una serie de «entrevistas». La verdad es que está muy bien logrado y logra atrapar al espectador.

La razón para comentar hoy este extenso documental (en total, son casi tres horas) es la mención en el mismo de algo que ya había oído otras veces, algo que suena perfectamente razonable y que casi con total seguridad fuera verdadero, pero que siempre me generó una extraña sensación de incomodidad: me refiero a la pertenencia de Mozart al orden de la francmansonería y, particularmente, a la influencia de los ideales de este orden en la composición de una (¡de las tantas!) de sus obras maestras, La Flauta Mágica.

Parece no haber dudas de que Mozart, como muchos de sus amigos y protectores, fue francmasón, llegando incluso al grado de «maestro masón» con sorprendente rapidez (perteneció al orden solo durante los últimos siete años de su vida).

La visión general de muchos críticos, visión sostenida por el documental del cual hablo al inicio de esta entrada, es que en La Flauta Mágica es posible encontrar la influencia de los valores y los rituales de la fracmasonería: Tamino, empujado por el amor que siente por Pamina, enfrenta diferentes pruebas que lo llevan desde la ignorancia creada por los engaños de la Reina de la Noche hasta la iluminación final.

Y es que analizando la obra fríamente no es difícil el encontrar múltiples simbolismos que apuntan a la búsqueda de «la iluminación», de «la verdad».

Es decir, la hipótesis de la influencia de los ideales de la francmasonería en La Flauta Mágica parece verosímil y fácil de demostrar, incluso es razonable si consideramos la historia del compositor. Hasta podría admitir que conscientemente Mozart incluyó estas influencias en forma premeditada… pero aún así…

Todos los personajes de esta magnífica singspiel tienen su momento de gloria con arias memorables: Tamino frente al retrato de Pamina, la desilusión de esta última cuando equivoca el significado del silencio del primero, la magnífica pirotecnia de la Reina de la Noche en el segundo acto, el personaje de Sarastro que requiere de un bajo magníficamente expresivo, por no mencionar los continuos juegos vocales de «las tres damas». Pero seamos sinceros, ¿cuál es el personaje que todo espectador está esperando, aquel del cual recordamos todas sus arias? ¿Quién interpreta la melodía que silbamos cada vez que La Flauta Mágica vuelve a nuestra memoria? ¿Por quién estamos todos preocupados al final de la obra?

Tenemos que admitirlo de una vez: es Papageno.

Papageno, el cazador de pájaros, el hombre simple de gustos simples, el que dice

Luchar no es lo mío.

Y tampoco deseo la sabiduría.

Soy un hombre primitivo,

que se contenta con el sueño,

la comida y la bebida

Papageno, el que no puede callar, el que tiene miedo, el que falla en todas las pruebas.

Cuando vemos a Bergman1 diciendo que él no es Alexander intuimos que de alguna forma nos está, y se está, engañando y que de hecho el severo pastor de Fanny y Alexander no es otro que el padre del director. Cuando leemos a Tolkien sabemos que el personaje de Sam no hubiera existido sin la experiencia del autor en la Gran Guerra2.

Un autor es ante todo un ser humano que piensa y siente con toda su vida. Al crear no podemos, no debemos, excluir nuestros propios anhelos: la obra no puede separarse del autor.

Mozart puso especial cariño al desarrollar la música que acompaña al personaje de Papageno y esto el espectador lo nota. Quizás Mozart buscara conscientemente la «iluminación», pero no puedo quitarme la idea de que en el fondo, oculto incluso para sí mismo, tal vez, solo tal vez, prefería la vida simple, desenfadada y sin preocupaciones que nunca pudo vivir.


1 Ya he hablado por estas páginas de la relación de Bergman con La Flauta Mágica.

2 My Sam Gamgee is indeed a reflexion of the English soldier, of the privates and batmen I knew in the 1914 war, and recognized as so far superior to myself — Cartas de J.R.R. Tolkien

Sobre cómo este pingüino se decidió a escribir un relato breve que habla de Marte, y lo que finalmente resultó

¡Atención! Este artículo contiene un relato breve llamado «Otra oportunidad». Estuve tentado a dar al artículo el título de «el pingüino marciano», pero hubiera resultado un tanto confuso. Igual, que quede registrado el hecho indiscutible de que el título «El pingüino marciano» es idea mía, solo me queda encontrar un argumento válido que lo acompañe.


Para el episodio 50 de Radio Skylab, donde se destripa la novela de Rob Weir The Martian y su correspondiente película, los Radionautas organizaron un concurso de relatos cortos (hasta 500 palabras) con tema «colonización de Marte».

En mi juventud pasé una etapa donde escribía y sucesivamente descartaba muchas cosas, hasta que la vida hizo que comenzara a descartar más de lo que escribía llevándome al punto en el que casi nada ha quedado. Quizás por eso, cuando me enteré del concurso decidí saltarlo como siempre… hasta que el recuerdo de un artículo de la NASA (al final diré cuál) se despertó en mi mente y un argumento se construyó de la nada. Redactado in extremis y en un formato que no me es familiar, el mismo día de cierre envié el pequeño relato que encontrarás a continuación. No sé qué valor tenga y de hecho tampoco me interesa: me he divertido volviendo a escribir ficción y eso es lo que importa.


Otra oportunidad

Proteger a un planeta del viento solar creando un pequeño sol artificial puede sonar extremo, pero situaciones extremas requieren soluciones extremas.

La construcción de la estación llevó décadas: lograr que el mayor reactor de fusión jamás creado se mueva gentilmente en su órbita halo en torno al primer punto de Lagrange fue sumamente difícil.

Pero finalmente lo hemos logrado.

El flujo de plasma se estabiliza, las corrientes crecen, el campo magnético se intensifica.

Un campo magnético artificial, creado por un pequeño sol artificial para proteger la atmósfera de un planeta natural: Marte.

Los satélites comienzan a detectar el flujo de campo magnético y casi simultáneamente notan la clara disminución de las partículas del viento solar: el proyecto más grande de la humanidad deja por fin de ser un sueño.

Crear esta línea de defensa para Marte ha sido difícil, pero no más de lo que será mantenerla por siglos, milenios, por el tiempo que sea necesario.

Ahora que estamos protegiendo la tenue atmósfera podremos pensar en hacerla más densa, capaz de sostener temperaturas más altas y agua líquida, de recuperar al menos una parte del océano que alguna vez existió en el planeta.

Todo ha sido estudiado meticulosamente, todas las posibilidades han sido consideradas.

El dióxido de carbono congelado en los polos comenzará a sublimarse, aumentando no solo la presión atmosférica sino también el efecto invernadero. Grandes plantas químicas procesarán minerales de la superficie para emitir más gases que ayuden a retener el preciado calor del Sol.

Y así, lentamente, el planeta volverá a ser habitable.

Pero no para nosotros: para los verdaderos marcianos.

Las sondas de la segunda mitad del siglo XXI nos revelaron que Marte no solo había sido habitable en el pasado, descubrieron de hecho que estuvo habitado.

La vida es tenaz y cuando comienza es difícil detenerla. Las condiciones de Marte cambiaron para peor, los océanos se congelaron y la atmósfera se perdió en el espacio, pero la Vida que surgió al comienzo de su historia luchó para quedarse. Y ganó.

A su manera.

En los depósitos de hielo, bajo las rocas, muy por debajo de la línea donde domina la implacable radiación solar, la Vida se adaptó a un ambiente hostil, pero no por eso vacío de posibilidades.

Metabolismos lentos, requerimientos energéticos extremadamente modestos satisfechos gracias a la química y no al Sol: la biosfera marciana siguió evolucionando bajo la superficie por eones.

Hacer que Marte sea nuevamente habitable es el proyecto más grande encarado por la humanidad. Pero su grandeza no está en la escala de la Ciencia utilizada o en la brillantez de las soluciones dadas por la hija de esta, la Tecnología. Lo que hace que este sea el más grande de los proyectos de la humanidad es que no lo estamos haciendo por nosotros sino para ellos, para los Marcianos.

Le estamos dando a la vida en Marte una nueva oportunidad. Queremos que Marte sea colonizada por verdaderos Marcianos.

Como, 11 de marzo 2018


ReferenciaNASA proposes a magnetic shield to protect Mars’ atmosphere

Cómo responder una pregunta difícil sobre Gandalf

Durante mucho tiempo tuve una pregunta sobre Gandalf dándome vueltas en la cabeza, pero por más que trataba de buscarle una solución no lo lograba. Entonces a principios del año pasado finalmente hice lo que hay que hacer en estos casos: ¡preguntarle a Michael Martinez!

Y armarse de un poco de paciencia, que entre pregunta y respuesta puede pasar un buen tiempo.

Ayer finalmente la respuesta llegó y, como era de esperarse, ha resultado brillante.

Quienes puedan con el inglés, recomiendo encarecidamente ir ahora mismo (¡ya!) al artículo en cuestión:

Could Anduril Have Harmed Gandalf the White?

Para los demás, a continuación haré un resumen tanto de la pregunta como de la respuesta.

La pregunta

La escena es el bosque de Fangorn. Los Cazadores se encuentran con quien creen que es Saruman, lo amenazan con sus armas y… ¡resulta ser Gandalf que ha vuelto de la muerte!

En ese momento Gandalf el Blanco le dice a Gimli que ninguna de las armas que ellos tienen puede dañarlo…

Lo cual siempre me dejó rascándome la cabeza: ¡entre las armas allí presentes estaba Anduril, la llama del oeste! ¿Quiere decir esto que Gandalf el Blanco era inmune a Anduril, la espada que el propio Sauron temía?

La respuesta

Como dije antes, la respuesta de Michael Martinez es simplemente brillante.

A este punto de la historia es claro que los planes de los Valar habían fracasado, y mal: de los Istari solo Gandalf había quedado fiel a su misión, pero se había sacrificado en Moria para salvar a los otros. Fracaso total: nadie quedaba ya en la Tierra Media para ayudar a derrotar a Sauron.

El regreso de Gandalf fue entonces orquestado no por los Valar, quienes habían fracasado completamente (y no por primera vez) en sus planes, sino por el mismo Ilúvatar. No es de extrañar entonces que Gandalf volviera más fuerte, más sabio… y con una garantía: ya no podría caer por la acción de armas convencionales.

Esto no significa que Gandalf fuera más poderoso que Sauron ya que actuar por la fuerza no era su misión. La misión de Gandalf el Blanco era la misma que la de Gandalf el Gris: aconsejar, dar esperanza, poner las cosas en movimiento y ayudar en momentos de extrema necesidad. Al enviar a Gandalf de regreso Ilúvatar se aseguró que esa misión fuera llevada adelante hasta hasta las últimas consecuencias dándole al mago una «bendición» que lo hiciera invulnerable.

Y sí, también le dio más poder, el cual Gandalf utilizó para curar a Theoden, para enfrentar a Saruman y para detener al Rey Brujo a la entrada de Minas Tirith. Pero especialmente en esta última acción resulta claro que la misión de Gandalf era poner en movimiento la resistencia de la gente, no luchar él mismo, ya que no hubo batalla entre él y el señor de los Nazgûl. El final de este último, como todos sabemos, llegó de manos mortales.

¡Ya tengo mi respuesta!

Les Luthiers: 50 años de humor musical

Como dije en su momento, solo alguna noticia particularmente importante podría hacer que se adelantara el primer artículo de esta nueva temporada bloguera, el cual estaba planeado para el 7 de septiembre. Pues bien, he aquí el acontecimiento notable (mañana tendremos otro…): el grupo de humor argentino Les Luthiers cumple hoy nada menos que 50 años. ¡Felicidades!

Hoy hablaré un poco de la historia detrás de este evento histórico.


Las imágenes que ilustran el artículo son principalmente del sitio Les Luthiers on-line. Un clic sobre ellas lleva a la página desde donde las he tomado.


Oficialmente todo comenzó la noche del 4 de septiembre de 1967 cuando Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna decidieron formar un nuevo grupo de humor, adoptando el nombre de «Les Luthiers». Un par de semanas más tarde, el día 20, enviarían la nota de prensa comunicando el inicio del nuevo grupo y a partir de allí todo es historia.

O casi.

En realidad todo comenzó un poco antes. Las cosas siempre comienzan al menos un poco antes.

Este comienzo antes del comienzo parte de un grupo de amigos que se conocían de los coros universitarios de mediados de los años sesenta (estamos en una ya mítica Buenos Aires llena de centros culturales y eventos de todo tipo), gente extraña que quería divertirse con la música clásica.

Dos años antes del inicio oficial de Les Luthiers tuvo lugar el VI Festival de Coros Universitarios en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el noroeste de Argentina. Allí se estrenó una obra coral compuesta por Gerardo Masana titulada «Cantata Modatón».

La música de la cantata estaba inspirada en «la pasión según San Mateo» de Bach mientras que el texto estaba basado… en el prospecto de un conocido laxante de la época.

Y por si esto no fuera suficiente, la presentación incluía «instrumentos informales» inventados por el propio Masana.

Más adelante en esta historia se uniría Carlos Iraldi, un médico que quedaría como «Luthier de Les Luthiers» hasta su muerte en 1995.

El éxito de la Cantata fue tan grande que inspiró la creación de un grupo llamado «I musicisti» formado por los que luego fundarían Les Luthiers más Carlos Núñez Cortés y otra gente. La pieza fue entonces renombrada como «Cantata Laxatón» para evitar problemas comerciales.

Diferencias creativas en I musicisti llevaron a la separación del grupo y a la creación «oficial» de Les Luthiers que comentamos más arriba. Curiosamente Núñez Cortés, quien por los fanáticos del grupo es reconocido como «el más Les Luthier de Les Luthier» se quedó con I musicisti por un tiempo y solo se reuniría con el grupo un par de años más tarde.

Este primer quinteto (Masana, Mundstock, Rabinovich, Maronna y Núñez) comenzaría a experimentar diferentes tipos de presentaciones con un nivel creativo difícil de igualar: con un espectáculo nuevo al menos una vez al año fueron depurando la fórmula que los llevaría al éxito.

Los primeros espectáculos, realizados en teatros pequeños y cafés-concert eran sumamente elaborados. Contrabatan actores y músicos, utilizaban disfraces…

Para el lector curioso que quiera navegar en la red: resulta bastante sencillo encontrar el audio (generalmente de baja calidad) de algunos de estos espectáculos iniciales. Un magnífico ejemplo de estos es «Blancanieves y los siete pecados capitales» de 1969, donde cada uno de los integrantes realizaba varios roles y una conocida locutora (Betty Elizalde) hacía la voz en off de Blancanieves durante su sesión con el psicólogo…

En ese espectáculo se estrenaron varias piezas que más adelante serían utilizadas en forma independiente, como «Gloria Hosanna that´s the question» y «Oi Gadóñaya».

En 1970 contrataron para tocar el «latín» (violín de lata) a un músico profesional, director general de orquesta y de coros, llamado Carlos López Puccio, quien no tardaría en ser incorporado como miembro estable.

La primera composición de Puccio como miembro oficial fue «voglio entrare per la finestra», una opereta estrenada en el espectáculo «Les Luthiers, Opus Pi» donde Ludovico, el juglar protagonista, «insiste en llegar hasta su amada; él quiere cantarle su aria de amor y solamente eso… aunque cada vez piensa menos en cantar y más en solamente eso».

Un año más tarde se incorporaría también Ernesto Acher, un multi instrumentista capaz de tocar cualquier instrumento de viento que le pusieran delante. Llegado para reemplazar a Mundstock durante una «licencia», Acher se quedaría en el grupo por muchos años.

Acher sería el gran responsable de la mayor parte de las composiciones en tiempo de Jazz y Blues, como las famosas cinco piezas monovocálicas: “Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi’s spring” (Shimmy) 1973, “Doctor Bob Gordon shops hot dogs from Boston” (Foxtrot) 1975, “Papa Garland had a hat and a jazz-band and a mat and a black fat cat” (Rag) 1981, “Pepper Clemens sent the Messenger; nevertheless the Reverend left the herd” (Ten step) 1983 y “Truthful Lulu Pulls Thru Zulus” (Blus) 1985. También sería el autor de “Teresa y el oso” y otras piezas memorables.

Es por esa época que Les Luthiers adquiere su «estilo» característico: todos vestidos de frac esmoquin y con Mundstock como presentador de cada número, muchos de los cuales eran atribuidos al compositor «Johann Sebastián Mastropiero».

En 1973 se produce la pérdida de Gerardo Masana, pero el grupo continúa con los seis miembros restantes.

En 1976 realizan la primera antología: Viejos fracasos. Ese espectáculo y el siguiente, el mítico «Mastropiero que nunca» de 1977, representan quizás el punto más alto de la carrera de Les Luthiers.

A partir del «Mastropiero que nunca» los espectáculos durarían dos años en cartel (más tarde se extenderían a tres)… y un cambio en el estilo comenzaría a perfilarse.

Con la incorporación de Roberto Fontanarrosa como «colaborador creativo» a partir de «Muchas gracias de nada» (1979) comienza a crecer la importancia de la «teatralidad» de cada número, reduciéndose el peso de la «musicalidad»: la música y los instrumentos informales lentamente comienzan a perder protagonismo y se vuelven más «decorativos». De hecho es en este espectáculo que por primera vez el grupo hace «playback» en el número principal de cierre. Y sí, ya antes habían utilizado grabaciones como en la mencionada «Blancanieves y los siete pecados capitales», pero nunca para un número musical (al menos que yo sepa).

Aparentemente estos cambios generaron tensión en el grupo, la cual se «resuelve» en 1986 con el alejamiento de Acher.

Recuerdo una entrevista a Acher realizada pocos después de su separación… de la Banda Elástica (vamos, que Acher tiene su carácter) en la que decía que él siempre había querido pertenecer (llevo al límite mi memoria) «a un cuerpo colegiado que gustara de divertirse con la música. Les Luthiers era un cuerpo colegiado, pero con el tiempo se volvía cada vez más teatral y menos musical: cuando fue claro que no podía cambiar esto, me alejé».

A partir de allí se darían algunos espectáculos un poco mejores que otros no tan buenos, los «chistes» se volverían más básicos, los instrumentos informales menos importantes, pero aún así (o quizás por eso) la popularidad continuaría en aumento.

Quizás el mejor espectáculo de la era «post Acher» sea Lutherapia (2008), donde vuelven a hacer algunas de las cosas «que hacían antes». Y no me refiero solo a recuperar el magnífico «Pepper Clemens» sino a crear números donde la música fuera más importante.

Curiosamente el estupendo instrumento informal presentado en ese espectáculo, el bolarmonio, no fue creado por Les Luthiers sino para ellos: fue el ganador de la «Expo Les Luthiers» que se realizó cuando el grupo cumplió 40 años.

En fin, que este artículo está ya quedando demasiado largo por lo que resumamos los principales detalles de lo que siguió.

En el 2015 falleció uno de los fundadores del grupo, Daniel Rabinovich. Para reemplazarlo durante su enfermedad Les Luthiers incorporó a dos personas, Horacio (Tato) Turano y Martín O´Connor, ambos con formación tanto musical como teatral más que suficiente para cubrir los roles que han tomado.

Y así llegamos al 50 aniversario del grupo. Una fecha muy especial por varios motivos ya que no solo es «un número grande y redondo», también marca el retiro (largamente anunciado) de uno de los miembros emblemáticos del grupo: Carlos Núñez Cortés.

Personalmente conocí a Les Luthiers en mi adolescencia a través de un gastado casete con el audio del «Mastropiero que nunca», casete que supe gastar aún más antes de devolverlo a su dueño. Creo ser capaz de recitar de memoria buenas partes de ese espectáculo…

He oído y vuelto a oír sus discos, visto y vuelto a ver los vídeos de sus espectáculos. Nunca me canso del humor de Les Luthiers.

En fin, ¡muchas gracias Les Luthiers por estos 50 años de humor y música!


https://es.wikipedia.org/wiki/Les_Luthiers

http://www.leslu.com.ar/index.htm

https://lesluthiers.org/ (esta página tiene algunos problemas)