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La trampa de los estándares

No pensamos demasiado en ellos, pero los formatos de archivo son una parte esencial de nuestra vida digital: en ellos guardamos imágenes, texto, bases de datos, confiamos en ellos para almacenar nuestra información importante, dependemos de ellos. Pero así como son una herramienta versátil y potente pueden también crear trampas difíciles de evitar.

Estas trampas pueden tomar varias formas. La más evidente es el infame «vendor lock-in»: un formato de archivo cuyo funcionamiento es secreto o está «protegido» por patentes en modo tal que solo pueda ser utilizado por un programa particular o, en el menor de los males, por «socios autorizados».

No creo que los lectores de este pingüino necesiten una lista de ejemplos de esta nefasta (al menos para el usuario) práctica.

Para luchar contra el «vendor lock-in» es que, en principio, nacen los estándares abiertos: contra los formatos cerrados que alguna vez utilizó MSOffice se creó el estándar ODF, para enfrentarse al ubicuo mp3 vorbis y compañía, etcétera.

La idea es que al ser un estándar abierto cualquiera puede implementar su uso y que por lo tanto un mismo archivo podrá ser abierto por cualquier programa en cualquier momento obteniendo siempre el mismo resultado.

La idea, digo.

Porque si bien es cierto que a veces esto se logra (png, PDF, vorbis, theora) la realidad es siempre más compleja.

Tomemos como ejemplo un archivo ODT creado en LibreOffice Writer en el que además de aplicar características OpenType avanzadas se tenga la fuente incrustada en el mismo.

Probemos ahora a abrir ese archivo en Apache OpenOffice o en Calligra Suite (en ambos se ve igual). ¿Resultado?

Y mejor no empezamos a hablar de los problemas que tiene Calligra Words para abrir documentos odt «normales»

Ahora bien, el formato ODF es un estándar ISO, ¿porqué tanta diferencia?, ¿no debería ser el resultado siempre el mismo?

Desafortunadamente no.

Pero antes de continuar debemos distinguir entre estándares «solo para almacenar y mostrar» y estándares «para ser manipulados». Ejemplo de estándar para «almacenar y mostrar» son los formatos de audio y vídeo o el magnífico PDF, mientras que para los formatos «a ser manipulados» tenemos el formato utilizado por LibreOffice y compañía, ODF. En este artículo estamos hablando mayormente de la segunda categoría, que nadie va a discutir la utilidad de un estándar como PDF. ¡Los PDF son magníficos! Solo no hay que tratar de modificarlos.

Veamos entonces el porqué un archivo «estándar para ser modificado» como el ODT puede fallar tanto.

Por una parte diferentes programas tienen distintos niveles de desarrollo por lo que el hecho de que algo esté definido en el estándar no implica que todos los «clientes» de ese estándar lo implementen. Por otro lado, y esto es aún más importante, los «estándares para ser modificados» no suelen ser las recetas rígidas exentas de ambigüedad que muchos creen: hasta donde comprendo el asunto ODF permite el uso de «extensiones» no definidas explícitamente en el estándar, extensiones que en realidad solo podrán ser utilizadas por una implementación particular que las reconozca… y LibreOffice hace uso de varias de esas extensiones, como incrustar fuentes, por ejemplo, o utilizar nombres extendidos para tener soporte OpenType.

¿Conclusión?, pues que ODF no resuelve el problema de la «interoperatividad». Y por si esto fuera poco agrega otro problema más sutil, pero no por eso menos grave. Veamos un ejemplo.

Writer ofrece la posibilidad de numerar las notas al pie de página «por capítulo». El problema es que define como «capítulo» solo títulos de nivel 1: si queremos agrupar nuestros capítulos en «partes» y nuestras notas al pie «por capítulo» tendremos problemas si tratamos de utilizar el nivel 1 para la parte y el 2 para el capítulo.

Existen «trucos» para superar este problema, es verdad, pero ninguno de ellos resulta perfecto. Por algo son trucos.

Ahora bien, ¿imaginas, lector, el motivo por el cual esta opción de usar «capítulos» que sean títulos de nivel 2 no está disponible en Writer? Sí, se debe al formato ODT: simplemente no lo permite.

Bug 112301 – Set outline level for chapters

(ver comentario 2)

LibreOffice ha sido capaz de aprovechar las ambigüedades de ODF para implementar características sumamente útiles y potentes como el soporte OpenType, el incrustar fuentes y vídeos en sus archivos, implementar firmas digitales y mucho más, pero al costo de perder interoperatividad con otros editores ODF. Y al mismo tiempo LibreOffice tiene las manos atadas a la hora de implementar características útiles cuando el estándar ODF decide ser explícito.

Es decir, por una parte la ambigüedad de ODF ha dado lugar a una especie de «vendor lock-in soft» donde documentos medianamente complejos creados en versiones recientes de LibreOffice no funcionan correctamente en otros editores ODF, mientras que por otra parte la rigidez del estándar hace difícil el ir más allá de lo que ya tenemos, bloqueando efectivamente el progreso del programa.

En el pasado fui un furioso defensor de ODF, pero ahora ya no estoy tan seguro de su utilidad. Y es que el objetivo de limitar el poder de los formatos de MSOffice lo ha cumplido solo parcialmente (sigue siendo más sencillo manipular un .doc que un .docx), crea la ilusión de una interoperatividad en realidad inalcanzable y por si esto fuera poco dificulta la implementación de nuevas características.

Ahora creo que cada programa que crea documentos «para ser manipulados» debería utilizar su propio formato de archivo y que ese formato de archivo solo necesita estar bien documentado, con documentación accesible a todos así cualquiera puede implementar filtros para importar y exportar a ese formato. Nada más. ¿Ser un «estándar»? Para esta categoría de programas ya no creo en los estándares. Uno de los motivos por los que LaTeX sigue funcionando a través de los años es que no se preocupa de lo que hacen los demás y tiene un formato de archivo que le sirve solo a él. Comprensible por todos, sí, pero exclusivo.

Los estándares han resultado ser un mito pernicioso, lleno de trampas. Y es que solo funcionan (cuando lo hacen) para tareas bien definidas como un formato de imagen, audio o vídeo o cuando el contenido que llevan no debe ser modificado, como en un PDF. Para tareas más complejas como documentos que combinan texto e imagen (y audio y vídeo) en una página bien definida y que deben ser manipulados (documentos de texto, planillas de cálculo) los estándares resultan ser poco más que un cuento de hadas: algo bonito, incluso deseable, pero completamente alejado de la realidad.

Y sí, HTML es una más que bienvenida excepción, pero tiene su truco. O más bien tres trucos.

Primer truco: HTML es un estándar que nació antes que los programas que actualmente lo implementan mientras que ODF nació a partir del formato ya en uso por OpenOffice.org y por lo tanto los otros programas que lo implementan se adaptaron a ese formato, no les es nativo.

Segundo truco: el visor de HTML (el navegador) está separado del editor de HTML mientras que para ODF ambas funciones coinciden en el mismo programa. Esto hace que HTML sea más parecido a los estándares «para almacenar y mostrar» (como el PDF, que sí funciona) que a los estándares «para ser modificados» (como el ODF, que como estamos viendo en este artículo puede resultar un tanto problemático).

Tercer truco: los desarrolladores web necesitan comprobar todo varias veces y en varios navegadores diferentes para hacer «ajustes finos» antes de poder publicar por lo que… en fin, que se entiende.

Finalmente comprendo el porqué la gente de Abiword usa un formato propio y solo da soporte para importar o exportar ODT: atarse a un estándar puede complicarte la vida.

Para completar la lista de dificultades podríamos hablar también del asunto de la proliferación de estándares… pero ese es otro problema que me permitiré dejar pasar.

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Les Luthiers: 50 años de humor musical

Como dije en su momento, solo alguna noticia particularmente importante podría hacer que se adelantara el primer artículo de esta nueva temporada bloguera, el cual estaba planeado para el 7 de septiembre. Pues bien, he aquí el acontecimiento notable (mañana tendremos otro…): el grupo de humor argentino Les Luthiers cumple hoy nada menos que 50 años. ¡Felicidades!

Hoy hablaré un poco de la historia detrás de este evento histórico.


Las imágenes que ilustran el artículo son principalmente del sitio Les Luthiers on-line. Un clic sobre ellas lleva a la página desde donde las he tomado.


Oficialmente todo comenzó la noche del 4 de septiembre de 1967 cuando Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna decidieron formar un nuevo grupo de humor, adoptando el nombre de «Les Luthiers». Un par de semanas más tarde, el día 20, enviarían la nota de prensa comunicando el inicio del nuevo grupo y a partir de allí todo es historia.

O casi.

En realidad todo comenzó un poco antes. Las cosas siempre comienzan al menos un poco antes.

Este comienzo antes del comienzo parte de un grupo de amigos que se conocían de los coros universitarios de mediados de los años sesenta (estamos en una ya mítica Buenos Aires llena de centros culturales y eventos de todo tipo), gente extraña que quería divertirse con la música clásica.

Dos años antes del inicio oficial de Les Luthiers tuvo lugar el VI Festival de Coros Universitarios en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el noroeste de Argentina. Allí se estrenó una obra coral compuesta por Gerardo Masana titulada «Cantata Modatón».

La música de la cantata estaba inspirada en «la pasión según San Mateo» de Bach mientras que el texto estaba basado… en el prospecto de un conocido laxante de la época.

Y por si esto no fuera suficiente, la presentación incluía «instrumentos informales» inventados por el propio Masana.

Más adelante en esta historia se uniría Carlos Iraldi, un médico que quedaría como «Luthier de Les Luthiers» hasta su muerte en 1995.

El éxito de la Cantata fue tan grande que inspiró la creación de un grupo llamado «I musicisti» formado por los que luego fundarían Les Luthiers más Carlos Núñez Cortés y otra gente. La pieza fue entonces renombrada como «Cantata Laxatón» para evitar problemas comerciales.

Diferencias creativas en I musicisti llevaron a la separación del grupo y a la creación «oficial» de Les Luthiers que comentamos más arriba. Curiosamente Núñez Cortés, quien por los fanáticos del grupo es reconocido como «el más Les Luthier de Les Luthier» se quedó con I musicisti por un tiempo y solo se reuniría con el grupo un par de años más tarde.

Este primer quinteto (Masana, Mundstock, Rabinovich, Maronna y Núñez) comenzaría a experimentar diferentes tipos de presentaciones con un nivel creativo difícil de igualar: con un espectáculo nuevo al menos una vez al año fueron depurando la fórmula que los llevaría al éxito.

Los primeros espectáculos, realizados en teatros pequeños y cafés-concert eran sumamente elaborados. Contrabatan actores y músicos, utilizaban disfraces…

Para el lector curioso que quiera navegar en la red: resulta bastante sencillo encontrar el audio (generalmente de baja calidad) de algunos de estos espectáculos iniciales. Un magnífico ejemplo de estos es «Blancanieves y los siete pecados capitales» de 1969, donde cada uno de los integrantes realizaba varios roles y una conocida locutora (Betty Elizalde) hacía la voz en off de Blancanieves durante su sesión con el psicólogo…

En ese espectáculo se estrenaron varias piezas que más adelante serían utilizadas en forma independiente, como «Gloria Hosanna that´s the question» y «Oi Gadóñaya».

En 1970 contrataron para tocar el «latín» (violín de lata) a un músico profesional, director general de orquesta y de coros, llamado Carlos López Puccio, quien no tardaría en ser incorporado como miembro estable.

La primera composición de Puccio como miembro oficial fue «voglio entrare per la finestra», una opereta estrenada en el espectáculo «Les Luthiers, Opus Pi» donde Ludovico, el juglar protagonista, «insiste en llegar hasta su amada; él quiere cantarle su aria de amor y solamente eso… aunque cada vez piensa menos en cantar y más en solamente eso».

Un año más tarde se incorporaría también Ernesto Acher, un multi instrumentista capaz de tocar cualquier instrumento de viento que le pusieran delante. Llegado para reemplazar a Mundstock durante una «licencia», Acher se quedaría en el grupo por muchos años.

Acher sería el gran responsable de la mayor parte de las composiciones en tiempo de Jazz y Blues, como las famosas cinco piezas monovocálicas: “Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi’s spring” (Shimmy) 1973, “Doctor Bob Gordon shops hot dogs from Boston” (Foxtrot) 1975, “Papa Garland had a hat and a jazz-band and a mat and a black fat cat” (Rag) 1981, “Pepper Clemens sent the Messenger; nevertheless the Reverend left the herd” (Ten step) 1983 y “Truthful Lulu Pulls Thru Zulus” (Blus) 1985. También sería el autor de “Teresa y el oso” y otras piezas memorables.

Es por esa época que Les Luthiers adquiere su «estilo» característico: todos vestidos de frac esmoquin y con Mundstock como presentador de cada número, muchos de los cuales eran atribuidos al compositor «Johann Sebastián Mastropiero».

En 1973 se produce la pérdida de Gerardo Masana, pero el grupo continúa con los seis miembros restantes.

En 1976 realizan la primera antología: Viejos fracasos. Ese espectáculo y el siguiente, el mítico «Mastropiero que nunca» de 1977, representan quizás el punto más alto de la carrera de Les Luthiers.

A partir del «Mastropiero que nunca» los espectáculos durarían dos años en cartel (más tarde se extenderían a tres)… y un cambio en el estilo comenzaría a perfilarse.

Con la incorporación de Roberto Fontanarrosa como «colaborador creativo» a partir de «Muchas gracias de nada» (1979) comienza a crecer la importancia de la «teatralidad» de cada número, reduciéndose el peso de la «musicalidad»: la música y los instrumentos informales lentamente comienzan a perder protagonismo y se vuelven más «decorativos». De hecho es en este espectáculo que por primera vez el grupo hace «playback» en el número principal de cierre. Y sí, ya antes habían utilizado grabaciones como en la mencionada «Blancanieves y los siete pecados capitales», pero nunca para un número musical (al menos que yo sepa).

Aparentemente estos cambios generaron tensión en el grupo, la cual se «resuelve» en 1986 con el alejamiento de Acher.

Recuerdo una entrevista a Acher realizada pocos después de su separación… de la Banda Elástica (vamos, que Acher tiene su carácter) en la que decía que él siempre había querido pertenecer (llevo al límite mi memoria) «a un cuerpo colegiado que gustara de divertirse con la música. Les Luthiers era un cuerpo colegiado, pero con el tiempo se volvía cada vez más teatral y menos musical: cuando fue claro que no podía cambiar esto, me alejé».

A partir de allí se darían algunos espectáculos un poco mejores que otros no tan buenos, los «chistes» se volverían más básicos, los instrumentos informales menos importantes, pero aún así (o quizás por eso) la popularidad continuaría en aumento.

Quizás el mejor espectáculo de la era «post Acher» sea Lutherapia (2008), donde vuelven a hacer algunas de las cosas «que hacían antes». Y no me refiero solo a recuperar el magnífico «Pepper Clemens» sino a crear números donde la música fuera más importante.

Curiosamente el estupendo instrumento informal presentado en ese espectáculo, el bolarmonio, no fue creado por Les Luthiers sino para ellos: fue el ganador de la «Expo Les Luthiers» que se realizó cuando el grupo cumplió 40 años.

En fin, que este artículo está ya quedando demasiado largo por lo que resumamos los principales detalles de lo que siguió.

En el 2015 falleció uno de los fundadores del grupo, Daniel Rabinovich. Para reemplazarlo durante su enfermedad Les Luthiers incorporó a dos personas, Horacio (Tato) Turano y Martín O´Connor, ambos con formación tanto musical como teatral más que suficiente para cubrir los roles que han tomado.

Y así llegamos al 50 aniversario del grupo. Una fecha muy especial por varios motivos ya que no solo es «un número grande y redondo», también marca el retiro (largamente anunciado) de uno de los miembros emblemáticos del grupo: Carlos Núñez Cortés.

Personalmente conocí a Les Luthiers en mi adolescencia a través de un gastado casete con el audio del «Mastropiero que nunca», casete que supe gastar aún más antes de devolverlo a su dueño. Creo ser capaz de recitar de memoria buenas partes de ese espectáculo…

He oído y vuelto a oír sus discos, visto y vuelto a ver los vídeos de sus espectáculos. Nunca me canso del humor de Les Luthiers.

En fin, ¡muchas gracias Les Luthiers por estos 50 años de humor y música!


https://es.wikipedia.org/wiki/Les_Luthiers

http://www.leslu.com.ar/index.htm

https://lesluthiers.org/ (esta página tiene algunos problemas)

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Pausa

Ya comenzaron los cursos de verano por lo que estoy de trabajo (y calor) hasta el cuello. Inicia aquí una pausa para este blog en la que trataré de utilizar el escaso tiempo libre (y las escasas fuerzas) que me quede(n) para terminar el libro sobre LyX.

A menos de una hipotética, imprevista e improbable novedad demasiado grande como para dejarla pasar, el primer artículo luego de la pausa está programado para el 7 de septiembre (sí, con p, que me sigo resistiendo).

¡Buenas vacaciones!

Y recuerden usar filtro solar.

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Leonardo

El monumento a Leonardo da Vinci en Piazza della Scala, justo en frente al Teatro alla Scala di Milano, en enero del 2017

leonardo

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Pausa obligada

Breve anuncio: Este pingüino tiene que mudarse a una nueva pingüinera. Hasta tanto tenga todo resuelto y el internet conectado en el nuevo lugar me veo obligado a no estar «en línea».

Y cuando vuelva a estar en línea por unos días me dedicaré exclusivamente a recuperarme del estrés de la mudanza, por lo que no me pidan nada más complicado que el ponerme al día con mis listas de reproducción (sí, esas de las que hablé en diciembre…) 😉

Y es que el mercado del alquiler está difícil… Una lucha. ¡Pero venceremos! Y luego la siesta, que hace falta.

En fin, que el futuro inmediato estará marcado por una sequía de artículos.

¡Nos leemos en tiempos más tranquilos!

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Luz y oscuridad, 4

Otra edición del festival de la luz en Como. Este año no hacía tanto frío por lo que la cantidad de gente dando vueltas por allí era importante.

como-2016_12

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Escritorio actual (al menos por ahora)

Ya tenía programada una «primera entrada del año» para el próximo jueves, pero se me ocurrió comenzar un poco antes compartiendo cómo se ve (por ahora) el escritorio:

escritorio2017-01-03

Fuente de la imagen de fondo (la recorté un poco).

El tema de escritorio es «Brisa oscuro», en Plasma 5.8. Las aplicaciones (lo sé, ninguna a la vista) están en «Brisa claro»: me gusta mantener un contraste entre el escritorio y las aplicaciones.

Después de muchos años de utilizar paneles verticales he vuelto (siempre por el momento) a una estructura más tradicional. ¿La razón? Pues claramente la imagen que elegí como fondo de pantalla  :lol:. De hecho verán que no tengo «plasmoides» tirados por allí: los anillos de Saturno y Encedalo con sus géisers lo dominan todo.

Y sí, el artículo del próximo jueves tendrá capturas de pantalla del escritorio anterior. Qué se le va a hacer.

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