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Procrastinando como un boss

Hace un año publiqué tres artículos (1, 2 y 3) titulados «Podcast, youtube y afines» donde presentaba distintos canales que sigo más o menos fielmente, tanto en castellano (el primer artículo) como en inglés. Considerando que me he alejado de algunas de las «recomendaciones» de aquel momento (ya he actualizado los artículos originales) y que he descubierto otras nuevas (que de eso va este artículo), aquí agrego más información sobre cómo procrastinar como un boss.

En castellano

Mi dieta cojea es el canal de youtube del Dietista-Nutricionista, investigador y divulgador español Aitor Sánchez García. Con mucho humor y mayor rigurosidad nos habla de lo que comemos y lo que deberíamos comer. Un punto de referencia obligado para mantenerse saludable. En el año que llevo viéndolo y leyéndolo no solo aprendí mucho, también bajé más de 10 kilos 😉

deborahciencia La doctora en química, divulgadora multipremiada (premios Prismas, Bitácoras, Tesla… la lista es larga), autora de varios libros y especialista en arte contemporáneo Deborah García Bello ha creado este canal de youtube donde habla de ciencia, arte y, cada tanto, cocina. Que la ciencia está en todo y comprender esto nos ayuda a disfrutar de la vida.

En inglés

PSB Infinite Series De la misma gente que presenta el magnífico PBS Space Time tenemos ahora un igualmente magnífico canal dedicado a las matemáticas. Tocando temas de alto vuelo, pero en forma accesible a todos, es un canal de no perderse.

3Blue1Brown Otro canal dedicado a las matemáticas. Con vídeos mensuales, presenta temas de lo más variado en forma gráfica y sumamente amena. Para perderle el miedo a cosas como el álgebra, el análisis o incluso las redes neuronales.

PBS Eons Es un nuevo canal de PBS Digital Studios que habla de la evolución de la vida en la Tierra, desde sus orígenes hasta la última edad glacial. Los vídeos son breves, pero informativos y bien presentados. Y por supuesto tenemos dinosaurios.

Philosophy Tube Por lejos el mejor canal sobre filosofía que he encontrado. No anda con vueltas: los vídeos son claros y concisos, sin palabras de más o jerga técnica innecesaria. El objetivo del canal no se centra en la filosofía como fin, sino en su uso para interpretar la realidad. Puedo recomendar su serie sobre lo que era el liberalismo (con la inquietante pregunta que deja al final del cuarto episodio) o su episodio The Philosophy of Antifa, pero todos sus vídeos valen la pena. Requiere un nivel medio/alto de inglés para poder seguirlo con comodidad ya que habla relativamente rápido.

Overly Sarcastic Productions es un canal sumamente particular y altamente recomendable. Sus presentadores, Red y Blue, hablan de mitología, historia y literatura en un modo absolutamente irreverente y entretenido, pero no por eso menos profundo. La forma en la que Red cuenta las historias de los mitos griegos que hace tantos años leí en el clásico (y denso) libro de Robert Graves me ha hecho reír con ganas muchas veces. Las revisiones de La divina comedia, o de la Ilíada, o de la Eneida… son acertadas e hilarantes. Incluso logra hacer entretenido un tema que de otra forma jamás hubiera considerado como interesante: en la sección «Trope Talk» se dedica a analizar en profundidad los lugares comunes de la literatura y el cine popular. Y también tenemos a Blue hablando de las Cruzadas, o del imperio Persa, o de Alejandro Magno, o de los Tolomeos… Los vídeos con consejos sobre cómo sobrevivir el año académico a mi me llegan con un par de décadas de retraso, pero puedo confirmar que las recomendaciones son sumamente válidas. En fin, un canal muy joven llevado adelante por dos jóvenes talentosos y creativos. Se requiere un oído bien entrenado para seguirlos (especialmente a Red) por lo que no hay que avergonzarse de pausar el vídeo tantas veces como sea necesario para captar todo lo que pasa en pantalla.

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El primer número perfecto

Pues que hoy esta pingüinera llega a los seis años de existencia. A eso y a acumular 786 artículos. Menudos números.

En casos como estos suele oírse a la gente decir «cuando comencé, jamás hubiera imaginado que llegaría hasta aquí», lo cual en mi caso es cierto, al empezar a escribir no imaginé que seis años después seguiría escribiendo. Pero es que tampoco imaginé que no estaría escribiendo: simplemente no imaginé nada y comencé a escribir, que es lo que tenía ganas de hacer. Hacer lo que se nos viene en gana es la mejor forma de seguir adelante y como sigo teniendo ganas de escribir, aquí me tienen dando aún la lata. ¡Pues que aquí vamos con el cumpleaños!

\ 0>/ -{ ¡¡¡Síiiii!!! }
 (U)  
 " "   🎂

[ascipenguin para el pingüino mientras que el carácter de la torta es el U+1F382. Y es que unicode da para todo.]

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La trampa de los estándares

No pensamos demasiado en ellos, pero los formatos de archivo son una parte esencial de nuestra vida digital: en ellos guardamos imágenes, texto, bases de datos, confiamos en ellos para almacenar nuestra información importante, dependemos de ellos. Pero así como son una herramienta versátil y potente pueden también crear trampas difíciles de evitar.

Estas trampas pueden tomar varias formas. La más evidente es el infame «vendor lock-in»: un formato de archivo cuyo funcionamiento es secreto o está «protegido» por patentes en modo tal que solo pueda ser utilizado por un programa particular o, en el menor de los males, por «socios autorizados».

No creo que los lectores de este pingüino necesiten una lista de ejemplos de esta nefasta (al menos para el usuario) práctica.

Para luchar contra el «vendor lock-in» es que, en principio, nacen los estándares abiertos: contra los formatos cerrados que alguna vez utilizó MSOffice se creó el estándar ODF, para enfrentarse al ubicuo mp3 vorbis y compañía, etcétera.

La idea es que al ser un estándar abierto cualquiera puede implementar su uso y que por lo tanto un mismo archivo podrá ser abierto por cualquier programa en cualquier momento obteniendo siempre el mismo resultado.

La idea, digo.

Porque si bien es cierto que a veces esto se logra (png, PDF, vorbis, theora) la realidad es siempre más compleja.

Tomemos como ejemplo un archivo ODT creado en LibreOffice Writer en el que además de aplicar características OpenType avanzadas se tenga la fuente incrustada en el mismo.

Probemos ahora a abrir ese archivo en Apache OpenOffice o en Calligra Suite (en ambos se ve igual). ¿Resultado?

Y mejor no empezamos a hablar de los problemas que tiene Calligra Words para abrir documentos odt «normales»

Ahora bien, el formato ODF es un estándar ISO, ¿porqué tanta diferencia?, ¿no debería ser el resultado siempre el mismo?

Desafortunadamente no.

Pero antes de continuar debemos distinguir entre estándares «solo para almacenar y mostrar» y estándares «para ser manipulados». Ejemplo de estándar para «almacenar y mostrar» son los formatos de audio y vídeo o el magnífico PDF, mientras que para los formatos «a ser manipulados» tenemos el formato utilizado por LibreOffice y compañía, ODF. En este artículo estamos hablando mayormente de la segunda categoría, que nadie va a discutir la utilidad de un estándar como PDF. ¡Los PDF son magníficos! Solo no hay que tratar de modificarlos.

Veamos entonces el porqué un archivo «estándar para ser modificado» como el ODT puede fallar tanto.

Por una parte diferentes programas tienen distintos niveles de desarrollo por lo que el hecho de que algo esté definido en el estándar no implica que todos los «clientes» de ese estándar lo implementen. Por otro lado, y esto es aún más importante, los «estándares para ser modificados» no suelen ser las recetas rígidas exentas de ambigüedad que muchos creen: hasta donde comprendo el asunto ODF permite el uso de «extensiones» no definidas explícitamente en el estándar, extensiones que en realidad solo podrán ser utilizadas por una implementación particular que las reconozca… y LibreOffice hace uso de varias de esas extensiones, como incrustar fuentes, por ejemplo, o utilizar nombres extendidos para tener soporte OpenType.

¿Conclusión?, pues que ODF no resuelve el problema de la «interoperatividad». Y por si esto fuera poco agrega otro problema más sutil, pero no por eso menos grave. Veamos un ejemplo.

Writer ofrece la posibilidad de numerar las notas al pie de página «por capítulo». El problema es que define como «capítulo» solo títulos de nivel 1: si queremos agrupar nuestros capítulos en «partes» y nuestras notas al pie «por capítulo» tendremos problemas si tratamos de utilizar el nivel 1 para la parte y el 2 para el capítulo.

Existen «trucos» para superar este problema, es verdad, pero ninguno de ellos resulta perfecto. Por algo son trucos.

Ahora bien, ¿imaginas, lector, el motivo por el cual esta opción de usar «capítulos» que sean títulos de nivel 2 no está disponible en Writer? Sí, se debe al formato ODT: simplemente no lo permite.

Bug 112301 – Set outline level for chapters

(ver comentario 2)

LibreOffice ha sido capaz de aprovechar las ambigüedades de ODF para implementar características sumamente útiles y potentes como el soporte OpenType, el incrustar fuentes y vídeos en sus archivos, implementar firmas digitales y mucho más, pero al costo de perder interoperatividad con otros editores ODF. Y al mismo tiempo LibreOffice tiene las manos atadas a la hora de implementar características útiles cuando el estándar ODF decide ser explícito.

Es decir, por una parte la ambigüedad de ODF ha dado lugar a una especie de «vendor lock-in soft» donde documentos medianamente complejos creados en versiones recientes de LibreOffice no funcionan correctamente en otros editores ODF, mientras que por otra parte la rigidez del estándar hace difícil el ir más allá de lo que ya tenemos, bloqueando efectivamente el progreso del programa.

En el pasado fui un furioso defensor de ODF, pero ahora ya no estoy tan seguro de su utilidad. Y es que el objetivo de limitar el poder de los formatos de MSOffice lo ha cumplido solo parcialmente (sigue siendo más sencillo manipular un .doc que un .docx), crea la ilusión de una interoperatividad en realidad inalcanzable y por si esto fuera poco dificulta la implementación de nuevas características.

Ahora creo que cada programa que crea documentos «para ser manipulados» debería utilizar su propio formato de archivo y que ese formato de archivo solo necesita estar bien documentado, con documentación accesible a todos así cualquiera puede implementar filtros para importar y exportar a ese formato. Nada más. ¿Ser un «estándar»? Para esta categoría de programas ya no creo en los estándares. Uno de los motivos por los que LaTeX sigue funcionando a través de los años es que no se preocupa de lo que hacen los demás y tiene un formato de archivo que le sirve solo a él. Comprensible por todos, sí, pero exclusivo.

Los estándares han resultado ser un mito pernicioso, lleno de trampas. Y es que solo funcionan (cuando lo hacen) para tareas bien definidas como un formato de imagen, audio o vídeo o cuando el contenido que llevan no debe ser modificado, como en un PDF. Para tareas más complejas como documentos que combinan texto e imagen (y audio y vídeo) en una página bien definida y que deben ser manipulados (documentos de texto, planillas de cálculo) los estándares resultan ser poco más que un cuento de hadas: algo bonito, incluso deseable, pero completamente alejado de la realidad.

Y sí, HTML es una más que bienvenida excepción, pero tiene su truco. O más bien tres trucos.

Primer truco: HTML es un estándar que nació antes que los programas que actualmente lo implementan mientras que ODF nació a partir del formato ya en uso por OpenOffice.org y por lo tanto los otros programas que lo implementan se adaptaron a ese formato, no les es nativo.

Segundo truco: el visor de HTML (el navegador) está separado del editor de HTML mientras que para ODF ambas funciones coinciden en el mismo programa. Esto hace que HTML sea más parecido a los estándares «para almacenar y mostrar» (como el PDF, que sí funciona) que a los estándares «para ser modificados» (como el ODF, que como estamos viendo en este artículo puede resultar un tanto problemático).

Tercer truco: los desarrolladores web necesitan comprobar todo varias veces y en varios navegadores diferentes para hacer «ajustes finos» antes de poder publicar por lo que… en fin, que se entiende.

Finalmente comprendo el porqué la gente de Abiword usa un formato propio y solo da soporte para importar o exportar ODT: atarse a un estándar puede complicarte la vida.

Para completar la lista de dificultades podríamos hablar también del asunto de la proliferación de estándares… pero ese es otro problema que me permitiré dejar pasar.

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40 años de las misiones Voyager

Lanzadas en 1977 para recorrer el sistema solar exterior, las misiones Voyager han logrado mucho más de lo que sus diseñadores originalmente pensaron como remotamente posible.

A casi 19 horas luz del Sol, la Voyager 1 ha superado el límite de la heliosfera donde el viento solar y el campo magnético de nuestra estrella pierde la partida frente al medio galáctico, convirtiéndose en la primera nave interestelar lanzada por la humanidad.

Los descubrimientos de las Voyager son simplemente impresionantes y han revolucionado completamente nuestra comprensión del sistema solar: los volcanes en Io, la atmósfera de Titán, el espacio interestelar… y el famoso «pale blue dot».

No voy a tan siquiera soñar con escribir un artículo que compita con el siempre impresionante trabajo de Daniel Marín, por lo que los dejo con algo que él preparó para el 35 aniversario:

La historia de las Voyager, los mensajeros interestelares de la humanidad

También interesante: La Voyager 1 ya está oficialmente en el espacio interestelar

Seguramente hoy publicará también algunos de sus imprescindibles artículos para celebrar esta fecha. Si es así, actualizo los enlaces 😉

Más:

[BBC]Voyager 1 at 40: Scientists ‘amazed’ 1970s space probe still works

Una foto de Júpiter tomada por la Voyager 1 y procesada con tecnología actual

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Les Luthiers: 50 años de humor musical

Como dije en su momento, solo alguna noticia particularmente importante podría hacer que se adelantara el primer artículo de esta nueva temporada bloguera, el cual estaba planeado para el 7 de septiembre. Pues bien, he aquí el acontecimiento notable (mañana tendremos otro…): el grupo de humor argentino Les Luthiers cumple hoy nada menos que 50 años. ¡Felicidades!

Hoy hablaré un poco de la historia detrás de este evento histórico.


Las imágenes que ilustran el artículo son principalmente del sitio Les Luthiers on-line. Un clic sobre ellas lleva a la página desde donde las he tomado.


Oficialmente todo comenzó la noche del 4 de septiembre de 1967 cuando Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna decidieron formar un nuevo grupo de humor, adoptando el nombre de «Les Luthiers». Un par de semanas más tarde, el día 20, enviarían la nota de prensa comunicando el inicio del nuevo grupo y a partir de allí todo es historia.

O casi.

En realidad todo comenzó un poco antes. Las cosas siempre comienzan al menos un poco antes.

Este comienzo antes del comienzo parte de un grupo de amigos que se conocían de los coros universitarios de mediados de los años sesenta (estamos en una ya mítica Buenos Aires llena de centros culturales y eventos de todo tipo), gente extraña que quería divertirse con la música clásica.

Dos años antes del inicio oficial de Les Luthiers tuvo lugar el VI Festival de Coros Universitarios en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el noroeste de Argentina. Allí se estrenó una obra coral compuesta por Gerardo Masana titulada «Cantata Modatón».

La música de la cantata estaba inspirada en «la pasión según San Mateo» de Bach mientras que el texto estaba basado… en el prospecto de un conocido laxante de la época.

Y por si esto no fuera suficiente, la presentación incluía «instrumentos informales» inventados por el propio Masana.

Más adelante en esta historia se uniría Carlos Iraldi, un médico que quedaría como «Luthier de Les Luthiers» hasta su muerte en 1995.

El éxito de la Cantata fue tan grande que inspiró la creación de un grupo llamado «I musicisti» formado por los que luego fundarían Les Luthiers más Carlos Núñez Cortés y otra gente. La pieza fue entonces renombrada como «Cantata Laxatón» para evitar problemas comerciales.

Diferencias creativas en I musicisti llevaron a la separación del grupo y a la creación «oficial» de Les Luthiers que comentamos más arriba. Curiosamente Núñez Cortés, quien por los fanáticos del grupo es reconocido como «el más Les Luthier de Les Luthier» se quedó con I musicisti por un tiempo y solo se reuniría con el grupo un par de años más tarde.

Este primer quinteto (Masana, Mundstock, Rabinovich, Maronna y Núñez) comenzaría a experimentar diferentes tipos de presentaciones con un nivel creativo difícil de igualar: con un espectáculo nuevo al menos una vez al año fueron depurando la fórmula que los llevaría al éxito.

Los primeros espectáculos, realizados en teatros pequeños y cafés-concert eran sumamente elaborados. Contrabatan actores y músicos, utilizaban disfraces…

Para el lector curioso que quiera navegar en la red: resulta bastante sencillo encontrar el audio (generalmente de baja calidad) de algunos de estos espectáculos iniciales. Un magnífico ejemplo de estos es «Blancanieves y los siete pecados capitales» de 1969, donde cada uno de los integrantes realizaba varios roles y una conocida locutora (Betty Elizalde) hacía la voz en off de Blancanieves durante su sesión con el psicólogo…

En ese espectáculo se estrenaron varias piezas que más adelante serían utilizadas en forma independiente, como «Gloria Hosanna that´s the question» y «Oi Gadóñaya».

En 1970 contrataron para tocar el «latín» (violín de lata) a un músico profesional, director general de orquesta y de coros, llamado Carlos López Puccio, quien no tardaría en ser incorporado como miembro estable.

La primera composición de Puccio como miembro oficial fue «voglio entrare per la finestra», una opereta estrenada en el espectáculo «Les Luthiers, Opus Pi» donde Ludovico, el juglar protagonista, «insiste en llegar hasta su amada; él quiere cantarle su aria de amor y solamente eso… aunque cada vez piensa menos en cantar y más en solamente eso».

Un año más tarde se incorporaría también Ernesto Acher, un multi instrumentista capaz de tocar cualquier instrumento de viento que le pusieran delante. Llegado para reemplazar a Mundstock durante una «licencia», Acher se quedaría en el grupo por muchos años.

Acher sería el gran responsable de la mayor parte de las composiciones en tiempo de Jazz y Blues, como las famosas cinco piezas monovocálicas: “Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi’s spring” (Shimmy) 1973, “Doctor Bob Gordon shops hot dogs from Boston” (Foxtrot) 1975, “Papa Garland had a hat and a jazz-band and a mat and a black fat cat” (Rag) 1981, “Pepper Clemens sent the Messenger; nevertheless the Reverend left the herd” (Ten step) 1983 y “Truthful Lulu Pulls Thru Zulus” (Blus) 1985. También sería el autor de “Teresa y el oso” y otras piezas memorables.

Es por esa época que Les Luthiers adquiere su «estilo» característico: todos vestidos de frac esmoquin y con Mundstock como presentador de cada número, muchos de los cuales eran atribuidos al compositor «Johann Sebastián Mastropiero».

En 1973 se produce la pérdida de Gerardo Masana, pero el grupo continúa con los seis miembros restantes.

En 1976 realizan la primera antología: Viejos fracasos. Ese espectáculo y el siguiente, el mítico «Mastropiero que nunca» de 1977, representan quizás el punto más alto de la carrera de Les Luthiers.

A partir del «Mastropiero que nunca» los espectáculos durarían dos años en cartel (más tarde se extenderían a tres)… y un cambio en el estilo comenzaría a perfilarse.

Con la incorporación de Roberto Fontanarrosa como «colaborador creativo» a partir de «Muchas gracias de nada» (1979) comienza a crecer la importancia de la «teatralidad» de cada número, reduciéndose el peso de la «musicalidad»: la música y los instrumentos informales lentamente comienzan a perder protagonismo y se vuelven más «decorativos». De hecho es en este espectáculo que por primera vez el grupo hace «playback» en el número principal de cierre. Y sí, ya antes habían utilizado grabaciones como en la mencionada «Blancanieves y los siete pecados capitales», pero nunca para un número musical (al menos que yo sepa).

Aparentemente estos cambios generaron tensión en el grupo, la cual se «resuelve» en 1986 con el alejamiento de Acher.

Recuerdo una entrevista a Acher realizada pocos después de su separación… de la Banda Elástica (vamos, que Acher tiene su carácter) en la que decía que él siempre había querido pertenecer (llevo al límite mi memoria) «a un cuerpo colegiado que gustara de divertirse con la música. Les Luthiers era un cuerpo colegiado, pero con el tiempo se volvía cada vez más teatral y menos musical: cuando fue claro que no podía cambiar esto, me alejé».

A partir de allí se darían algunos espectáculos un poco mejores que otros no tan buenos, los «chistes» se volverían más básicos, los instrumentos informales menos importantes, pero aún así (o quizás por eso) la popularidad continuaría en aumento.

Quizás el mejor espectáculo de la era «post Acher» sea Lutherapia (2008), donde vuelven a hacer algunas de las cosas «que hacían antes». Y no me refiero solo a recuperar el magnífico «Pepper Clemens» sino a crear números donde la música fuera más importante.

Curiosamente el estupendo instrumento informal presentado en ese espectáculo, el bolarmonio, no fue creado por Les Luthiers sino para ellos: fue el ganador de la «Expo Les Luthiers» que se realizó cuando el grupo cumplió 40 años.

En fin, que este artículo está ya quedando demasiado largo por lo que resumamos los principales detalles de lo que siguió.

En el 2015 falleció uno de los fundadores del grupo, Daniel Rabinovich. Para reemplazarlo durante su enfermedad Les Luthiers incorporó a dos personas, Horacio (Tato) Turano y Martín O´Connor, ambos con formación tanto musical como teatral más que suficiente para cubrir los roles que han tomado.

Y así llegamos al 50 aniversario del grupo. Una fecha muy especial por varios motivos ya que no solo es «un número grande y redondo», también marca el retiro (largamente anunciado) de uno de los miembros emblemáticos del grupo: Carlos Núñez Cortés.

Personalmente conocí a Les Luthiers en mi adolescencia a través de un gastado casete con el audio del «Mastropiero que nunca», casete que supe gastar aún más antes de devolverlo a su dueño. Creo ser capaz de recitar de memoria buenas partes de ese espectáculo…

He oído y vuelto a oír sus discos, visto y vuelto a ver los vídeos de sus espectáculos. Nunca me canso del humor de Les Luthiers.

En fin, ¡muchas gracias Les Luthiers por estos 50 años de humor y música!


https://es.wikipedia.org/wiki/Les_Luthiers

http://www.leslu.com.ar/index.htm

https://lesluthiers.org/ (esta página tiene algunos problemas)

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Pausa

Ya comenzaron los cursos de verano por lo que estoy de trabajo (y calor) hasta el cuello. Inicia aquí una pausa para este blog en la que trataré de utilizar el escaso tiempo libre (y las escasas fuerzas) que me quede(n) para terminar el libro sobre LyX.

A menos de una hipotética, imprevista e improbable novedad demasiado grande como para dejarla pasar, el primer artículo luego de la pausa está programado para el 7 de septiembre (sí, con p, que me sigo resistiendo).

¡Buenas vacaciones!

Y recuerden usar filtro solar.

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Desempaquetar un archivo rpm

Todo aquel que por cualquier motivo (y mejor no entremos en los porqué que no quiero deprimirme) se vea obligado a utilizar skype en Linux y no quería actualizar a la última, patética versión habrá seguramente recibido en las últimas semanas un amable correo electrónico indicando que las versiones 4 y anteriores serán descontinuadas a partir del primero de julio y que hay que pasarse obligatoriamente a la versión 5.3, la cual está oficialmente marcada como beta y falla más que escopeta de feria.

Sí, exacto. Pienso igual.

Bueno, la cuestión es que esta nueva versión viene distribuida solamente como rpm y deb y que yo no tengo ganas de instalar un rpm que no venga de un repositorio de mi distro, por lo que ha sido esta una buena oportunidad para desempolvar las viejas recetas sobre cómo desempaquetar archivos rpm para una «instalación local».

Veamos.

Un archivo, gráficamente

Un rpm es simplemente un archivo comprimido al que se le han agregado metadatos. El formato de compresión elegido ha sido, históricamente, cpio, pero versiones recientes del estándar pueden utilizar bzip2, lzip, lzma, xz o, desde la versión 5, xar.

Como sea, cualquier programa de compresión de datos debería ser capaz de abrirlo. Por ejemplo, Ark abre archivos rpm sin problemas por lo que en KDE solo tenemos que hacer clic derecho → Extraer → Extraer archivo comprimido aquí, autodetectar subcarpeta.

Un archivo, en línea de comandos

En la carpeta que contiene el archivo.rpm creamos una subcarpeta, entramos en ella, abrimos allí una terminal y escribimos

rpm2cpio ../archivo.rpm | cpio -id

La i es para «extraer» y la d para crear directorios si son necesarios. Digo, en caso de que alguien quisiera saberlo. Por supuesto siempre tenemos

cpio --help

para más opciones (la página man del programa no me parece muy útil).

Muchos archivos a abrir recursivamente

También podríamos estar interesados en descomprimir la instalación de la versión de desarrollo de LibreOffice, que está dividida en unos 50 archivos rpm, para hacer pruebas y ver qué tiene de nuevo sin molestar la instalación «normal». Hace ya muchos años escribí sobre esto (aquí, aquí y aquí), pero no está de más el repasar la instrucción.

Como antes, creamos una subcarpeta dentro de la carpeta que contiene todos los rpm, entramos allí y abrimos una terminal para ejecutar el siguiente código

for i in ../*.rpm; do rpm2cpio $i | cpio -id; done

Lo que hace esta línea es crear un bucle que va pasando por todos los archivos rpm, descomprimiéndolos y copiando el contenido recursivamente.

Todo listo.

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