El problema de los genéricos de clase

Decir «compañeros y compañeras» o «amigos y amigas» es pesadamente redundante por lo que conviene utilizar un genérico de clase. El problema, claro está, es que en castellano este genérico es idéntico al masculino, independientemente de qué tan mixto sea el grupo.

Mucha gente ve en esto otra expresión más de una sociedad que históricamente se ha caracterizado por ser recalcitrantemente machista. El tema tiene su tela, por supuesto. Considera por ejemplo esta vieja entrada del profesor Bustos en su blog

¿Pero de verdad es sexista el diccionario?

La pregunta que deja al final queda dolorosamente abierta, pero antes de saltar al cuello de la gente de la Real Academia recuerda que el magno instituto es mayormente descriptivo, no prescriptivo. Es decir, el diccionario recoge cómo el idioma es utilizado, no alecciona sobre cómo debería usarse. Al máximo, en casos de ambigüedad sugiere una vía, pero no mucho más. Y sí, algunas sugerencias de la RAE han sido metidas de pata épicas, pero bueno, que nadie es perfecto.

El punto aquí es que los idiomas son la expresión más clara de las culturas que los crean y nuestra cultura tiene muchos aspectos que merecen, o incluso exigen, ser mejorados. Eso sí, antes de continuar me permitiré el ser tajante en una cosa: expresiones como tod@s no solo son ridículas (¿cómo se supone que tendríamos que pronunciarlas?), también llevan a inconsistencias. Por ejemplo, ¿cómo resumirías «día del niño / de la niña» usando el @? ¿Tenemos que empezar a entrenarnos con expresiones regulares para cubrir todos casos?

Eliminado entonces este uso poco feliz de la pobre @, preguntémonos seriamente cómo desfacer el entuerto.

Algunas personas, lo he notado en un par de podcast, están comenzando a utilizar el femenino para los genéricos de clase. La idea es interesante, pero debemos admitir que sigue sin resolver el problema de fondo: la molesta carestía de palabras con género neutro en nuestro idioma.

¿Y entonces? Pues no lo sé. Y es que la única solución posible sería la introducción, así a los martillazos y por unanimidad, de una forma nueva que sirva para indicar un género gramatical «indefinido», pero la verdad es que no me veo pronunciando frases del estilo «¿como estáis todis?» en una reunión de consorcio… No sé, será la costumbre.

Desgraciadamente las buenas intenciones no alcanzan para resolver problemas, especialmente cuando estos existen desde hace siglos: siempre es mejor el tratar de hacer las cosas bien de entrada, no sea que luego tengamos que corregir las correcciones. Hasta que alguna solución inteligente, y consensuada, aparezca no veo otra opción que el seguir utilizando lo que indica la norma, que después de todo no es otra cosa que lo que la mayoría usa. Si en el futuro la norma cambia a utilizar los femeninos para los genéricos de clase, bien, si cambia a un verdadero «genérico», mejor. Pero por ahora la norma es lo que es, qué vamos a hacerle.


Apéndice 1: los diccionarios de la lengua española

Contrariamente a lo que mucha gente suele creer (incluyendo algún youtuber escéptico al que cada tanto se le da por, como diría Mundstock, «opinar fuera del tarro») los diccionarios de la lengua española no son obra exclusiva de la Real Academia: la asociación de academias de la lengua española (ASALE) es de hecho parte fundamental del proceso. Esta organización fue fundada en México en 1951 y reúne a las 23 academias de la lengua española existentes en el mundo.

El diccionario de la lengua española, la ortografía, el diccionario panhispánico de dudas y el diccionario de americanismos han surgido de esta colaboración entre ASALE y RAE. Esto quiere decir que nuestros diccionarios son verdaderamente «panhispánicos» y que nos representan a todos ya que, como comenté más arriba, nuestras academias son descriptivas, no prescriptivas: puedes preguntarle a un francés lo que opina de su academia para comprender la diferencia…

Creo que tenemos que estar agradecidos de los esfuerzos de estas organizaciones, especialmente si consideramos que estos recursos son de libre acceso. Y si hay algo de nuestro idioma que no nos gusta, tenemos que darnos cuenta de que el problema no está en estas academias sino en la sociedad que ha creado esta maravillosa, si bien imperfecta, lengua castellana.

Y sí, estoy de acuerdo, los términos científicos que presenta el diccionario necesitan mejores definiciones, pero eso también llegará.

Apéndice 2: las variantes

La única persona «realmente famosa» (en el sentido de aparecer en la televisión, al menos cada tanto) a quien he visto usar regularmente el femenino para un genérico de clase es el nutricionista Aitor Sánchez, pero creo que lo hace solo en referencia a su profesión: más de una vez ha dicho que la presencia masculina en esa rama de la medicina es prácticamente anecdótica.

La única persona «conocida» (categoría un escalón por debajo de «realmente famosa») de quien sé con seguridad que utiliza el femenino para todos los genéricos de clase es el físico Héctor Socas, presentador del programa radial/podcast Coffee Break, señal y ruido, pero es solo él: ni siquiera sus contertulios lo hacen.

Sobre el uso de «tod[i|e]s» ni hablar hace falta: el que un par de trasnochados que hablan de [hack|ac]tivismo en algún podcast o blog personal que ni sus parientes siguen lo usen… pues realmente no cuenta.

Y antes de que me lo digas: soy perfectamente consciente de ser yo mismo un trasnochado que escribe en un blog personal que ni siquiera mis parientes leen. Sé muy bien que la opinión que expreso en este artículo tampoco cuenta.

En fin, que decir que hay un «movimiento» para utilizar otros genéricos es un tanto exagerado. Más que movimiento todo esto parece una siesta. «Por algo se empieza», me dirás. Y sí: por algo, que aquí todavía no hay nada.

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El difícil arte de escribir

Hace unos meses, un lector me envió, a través del formulario de contacto del sitio, una pregunta muy interesante. En el artículo de hoy quiero explorar en mayor profundidad la breve respuesta que le di en su momento, convirtiéndola en un «ensayo» independiente. Aquí va.


En mis vueltas por la red, muchas veces me he cruzado con variaciones de la siguiente ridiculez frase: «una de las formas más simples de ayudar a un proyecto de software libre es escribir documentación sobre el mismo».

No.

Escribir documentación es una de las formas más útiles de ayudar a un proyecto de software libre, ¡pero de simple, nada!

Escribir bien es difícil, mucho (¡mucho!) más de lo que la gente cree. Requiere conocer a la perfección el software del que se habla y a sus usuarios, requiere muchísimo trabajo de planificación, buscar formas alternativas de explicar, de usar… y por sobre todas las cosas requiere dedicar horas y horas de trabajo para construir, pulir y corregir. Y luego volver a pulir y volver a corregir.

Escribir documentación útil también requiere conocer el idioma en el que se escribe, algo que, desgraciadamente, muchos escritores de la red suelen pasar por alto. Una prosa inconsistente o monótona, abusar de los signos de puntuación o el prodigarse en palabras técnicas (pecados en los que yo también he caído) no ayuda a que te comprendan.

Escribir bien es un gran desafío y un esfuerzo enorme que además requiere práctica y atención al detalle, pero el poder ayudar a los demás, incluso a través de la palabra, siempre vale a pena.

Atención, que este artículo no es para descorazonar a los potenciales escritores, sino todo lo contrario: escribir bien es un desafío, sí, pero uno sumamente gratificante y realmente útil que puede ayudar a muchísimas personas. Si te gusta escribir, ¡escribe! Lo único que te pido es que lo hagas dándole la importancia, y el tiempo, que la tarea merece.

No sé qué valor tengan, pero aquí van los pocos consejos que puedo darte.

Para empezar, una variante del viejo cliché: si escribes «a prueba de tontos» solo los tontos te leerán, pero si escribes «solo para expertos» ni siquiera los expertos te leerán. Dale a tus lectores la posibilidad de esforzarse un poco ya que solo con esfuerzo se aprende, pero no exageres.

Nunca escribas por obligación. Si bien es útil fijarse una rutina de publicación, intentar una rutina de escritura es contraproducente: si un día no tienes deseos de escribir, no escribas, que no pasa nada. Aún en esos momentos en los que solo quieres distraerte con vídeos o juegos, en el fondo de tu mente el proceso seguirá adelante y cuando vuelvas a sentarte frente al teclado verás que la pausa fue útil.

Toma la tarea como un juego personal, como un desafío, que así nunca te resultará pesada.

Pon tu afecto no solo en aquello sobre lo que estás escribiendo, sino también en cómo lo estás escribiendo.

Si puedes decir lo mismo con menos palabras o con palabras más simples, ya estás tardando en editar tu texto.

De ser posible, que otras personas lean lo que escribes antes de publicarlo: puede ser que tu familia te odie por eso, pero tus lectores te lo agradecerán.

Si no encuentras a otro friki que pueda funcionar de beta tester, antes de la revisión final deja «descansar» el texto por unos días: dedícate a otro proyecto, pon por un tiempo tu mente en otra cosa, que así al volver todo resultará más claro y te será más sencillo el encontrar errores sutiles.

También es útil, si bien no siempre se puede hacer, el tratar de «ver todo con otros ojos». Por ejemplo, traducir mi libro sobre Writer al inglés me ayudó a encontrar, y a corregir, pequeños problemas de consistencia en el texto.

En fin, diviértete escribiendo, que esa es la única forma de hacerlo bien.

Y mantén siempre a mano los diccionarios de la RAE, tanto el de la lengua española como el diccionario panhispánico de dudas: yo los uso todo el tiempo. Ya hablamos por aquí sobre cómo utilizarlos en el escritorio Plasma. También te recomiendo el trabajo del profesor Alberto Bustos, tanto en su blog como en su canal de youtube, que lo que ofrece es oro puro para quienes deben escribir en castellano.

Es más, de dejo con un par de sus vídeos:

Resumiendo: ¿quieres ayudar a tu proyecto de software libre favorito, pero no sabes programar? ¡Escribe! Pero no porque sea fácil, que no lo es, sino porque vale la pena el hacerlo.

Complicando las cosas: encabezados, cabeceras y encabezamientos

ACTUALIZACIÓN: A partir de la versión 5.2, Writer resuelve algunos de los problemas comentados en esta entrada

Hoy traigo una cuestión lingüística aplicada a los procesadores de texto: las palabras encabezado y encabezamiento suenan condenadamente similares a pesar de referirse a dos cosas completamente distintas, lo cual es un problema. En el procesador de texto Writer la primera se utiliza para nombrar a los títulos de una parte de un documento, como los capítulos, secciones, etcétera1, mientras que la segunda se refiere a la parte superior de la página, aquella que no forma parte del «área de texto principal» y donde puede ir el número de página u otra información… lo cual no estaría tan bien ya que encabezamiento se refiere, según la RAE, a

1. m. Conjunto de las palabras con que, según fórmula, se empieza un documento.

2. m. Aquello que, como advertencia o en otro concepto, se dice al principio de un libro o escrito de cualquier clase.

Es decir, el comienzo de un libro. Pero el uso hace al lenguaje y no al contrario por lo que si esas palabras se usan así, ¡listo!, ¿verdad? Bueno, no tanto. Para empezar Writer no es consistente con el uso de estas palabras, tal y como nos muestra esta captura de pantalla de un menú de LibO 5.1:

encabezadomiento

¡Dos palabras distintas para el mismo significado, una al lado de la otra! (ya lo comenté en las listas de correo)

Y para seguir la cosa no termina aquí ya que en otros programas estas palabras significan otras cosas: LyX usa encabezado para referirse a lo que Writer llama encabezamiento y entorno para lo que Writer llama encabezado.

En fin, todo un lío.

Dada mi natural habilidad para el furcio2 en los últimos años he utilizado en todos mis artículos el término cabecera para referirme a lo que Writer llama (la mayor parte de las veces) encabezamiento en la esperanza de evitar confusiones (al menos las mías), ya que este término significa

Adorno que se pone a la cabeza de una página, capítulo o parte de un impreso.

Lo cual suena bien.3

¿Deberíamos iniciar entonces una campaña para aclarar esos términos en el castellano? Porque en inglés, con header para la parte superior de la página y heading para los títulos de las secciones está todo claro, ¿no? No, tampoco, ni por casualidad.

Según WordNet header y heading son sinónimos. De hecho:

header noun

2. a line of text serving to indicate what the passage below it is about

– the heading seemed to have little to do with the text

Syn: heading, head

heading noun

1. a line of text serving to indicate what the passage below it is about (Freq. 1)

– the heading seemed to have little to do with the text

Syn: header, head

La confusión es internacional.

Quizás el término que está peor utilizado es el de encabezado que más allá de referirse, en América Latina al menos, a un titular en la primera página de un periódico no tiene mucho que ver con capítulos y secciones. Pero no creo que a esta altura se pueda hacer algo al respecto.

Creo que la decisión de LyX de utilizar entorno (que sería la traducción de environment) para aquello que determina la identidad del texto que sigue (capítulo, sección, etcétera) es brillante, pero allí también tenemos su uso de encabezado… En fin, que este tipo de problemas nunca tienen una solución simple por lo que los adjetivos que se me ocurren no son muy elegantes. Mannaggia!


NOTAS:

1 Lo cual no deja de sorprenderme ya que, según la RAE, uno de los significados del verbo encabezar es «aumentar la parte espiritosa de un vino con otro más fuerte, con aguardiente o con alcohol»

2 Arg., Méx., Perú y Ur. Equivocación cometida al hablar.

3 Si bien cabecera también se refiere al mueble vertical que se coloca a la cabeza de una cama… como sea.

Contaminación lingüística

Pocos lugares en el mundo deben dar tantas facilidades a la «contaminación lingüística» como Suiza: con cuatro idiomas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), de los cuales cada ciudadano conoce al menos dos, más el ubicuo inglés y los dialectos locales, el tráfico de palabras resulta casi infinito.

azione

Una oferta de chocolate suizo (odio las cámaras de los teléfonos… aunque esta vez sirvió de algo)

Una «contaminación» particularmente llamativa puede verse en la imagen a la izquierda, tomada en la puerta de un supermercado del cantón Tesino, la parte donde se habla el italiano… «helvético».

La palabra italiana «azione» se traduce al castellano únicamente como «acción», pero en el cartel está claramente utilizada con el sentido de «oferta» (que en italiano se dice offerta, con doble f). ¿De dónde ha salido semejante uso?

Al parecer la «contaminación» proviene del alemán, pero a través de giros extraños: es una traducción literal del alemán «Aktion», que en la suiza alemana y en partes de Alemania se utiliza también para indicar una oferta… y cuya traducción al castellano también es «acción». Es decir, no hemos resuelto aún el misterio.

La clave, según me cuentan algunos germánicos amigos, quizás se encuentre en la palabra alemana Verkaufsaktion que se traduce al castellano como «promoción de ventas» (los alemanes tienen estas extrañas construcciones): esta palabra se habría abreviado a simplemente Aktion y de allí fue traducida tanto al suizo italiano (azione) como al suizo francés (action).

Cosas locas de los idiomas.

Pequeña etimología ítalocastellana

Por años, no solo en mi infancia sino también durante buena parte de la edad adulta, un misterio se presentó ante mi en cada guiso dominguero: la palabra osobuco.

¿Por qué estos suculentos guisos, y en especial ese hueso en forma de anillo con su increíblemente grasoso y gustoso cargamento de tuétano tenía ese extraño nombre? Lo máximo que logré durante mi niñez fue una tajante aclaración indicando que esa carne nada tenía que ver con un corpulento úrsido, que era de normalísima vaca. Recuerdo que algún adulto intentó en su momento una explicación anatómica precisa del origen del corte… pero la palabra en sí siempre quedó sin explicación.

La revelación llegó en el momento de mudarme a Italia y acercarme a la carnicería del supermercado donde una bandeja blanca no solo me ofrecía el inconfundible osobuco perfectamente envasado: la etiqueta lo identificaba sin lugar a dudas como osso buco.

Osso → hueso

Buco → agujero

¡El misterio estaba finalmente resuelto!

Eso fue solo el comienzo de una serie de descubrimientos: por ejemplo, escarpines proviene del italiano scarpa (zapato) y vendría a ser «pequeño zapato» (en italiano, las terminaciones -ino e -ina y sus correspondientes plurales -ini e -ine indican diminutivos).

Incluso algunas frases hechas tienen un itálico origen. Típico de abuela chusma, la molesta pregunta «para cuándo los confites», insufriblemente repetida en cada noviazgo del benjamín/a de la casa, proviene de la costumbre italiana de regalar confites de colores en todo momento festivo: en los matrimonios, se regalan confites blancos con almendras enteras en su interior.

Uno de estos descubrimientos me provocó sin embargo una fuerte impresión que no he logrado superar aún. Luego de notar que los deliciosos filetes de carne empanados y fritos que toda mi vida llamé «milanesas» no eran otra cosa que cotolette alla milanese, es decir, «chuletas al estilo de Milán», me enfrenté con una terrible verdad: un plato típico de la gastronomía rioplatense como era y es la «milanesa a la napolitana» resultaba entonces una insuperable pesadilla intelectual.

En defensa del lenguaje

A más de uno le habrá seguramente pasado: recibir un correo electrónico con una línea, muchas veces al inicio del mensaje, como la siguiente:

Enviado desde mi <smart-phone de turno>.

Odio esas líneas.

Pero es aún peor cuando no contentos con la citada afrenta ciertas personas agregan una «aclaración» semejante a la siguiente:

Disculpen los posibles errores.

Pareciera que el remitente intentara con esas en apariencia tímidas palabras, seguramente agregadas en forma automática por el software de correo utilizado, imponer en sus victimas (es decir: los lectores de sus incompresibles mensajes) la idea de que la ausencia de un teclado físico es suficiente para justificar cualquier barbaridad que se deslice en el texto.

En mi opinión un mensaje mal escrito enviado desde un teléfono no es menos malo que un mensaje mal escrito enviado desde cualquier otro dispositivo: si el remitente no es capaz de dedicar un minuto a revisar la veintena de palabras de su muchas veces críptico mensaje, el acusar al medio utilizado para escribir no lo ayudará a lograr el perdón de sus propias y verdaderas faltas.

Y es que, generalmente, estando frente a un grupo de mensajes enviados por estas personas no suele ser sencillo el discernir cuáles fueron escritos en un verdadero teclado y cuáles en un teclado virtual: Ambos suelen ser igual de desastrosos.

La función del lenguaje es comunicar ideas. Pensar qué va a decirse antes de comenzar a escribir y revisar al menos una vez lo escrito mejora enormemente esa comunicación.

Que sea más difícil escribir desde un teléfono nadie lo duda, pero esa dificultad extra es una pobre escusa para bombardear a los destinatarios con mensajes pobremente escritos y faltos de claridad. Después de todo, la idea detrás de tener siempre al alcance de la mano los medios más variados de comunicación es justamente el disponer constantemente de la posibilidad de comunicarse, algo que va (algo que tiene que ir) mucho más allá del simple envío de textos arbitrarios.

Manual de acentuación

Uno de los blog que sigo con placer es el de Alberto Bustos, filólogo y profesor universitario de lengua: cada día me ayuda a conocer, y querer, aún más nuestra bella lengua castellana.

Desde ese blog se encuentra ahora disponible un magnífico manual con las reglas de acentuación, el cual desarrolla metódica y exhaustivamente el sistema de acentuación de la lengua castellana.

El texto, disponible en formato PDF y e-pub, se publica bajo la licencia GNU de documentación libre y fue desarrollado en LyX (programa del cual encontrará el lector una guía introductoria en este sitio…). Es decir, contenido libre desarrollado con herramientas libres.

Desde aquí, un gran aplauso para el autor y mi más sincera recomendación de seguir sus trabajos.