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Complicando las cosas: encabezados, cabeceras y encabezamientos

ACTUALIZACIÓN: A partir de la versión 5.2, Writer resuelve algunos de los problemas comentados en esta entrada

Hoy traigo una cuestión lingüística aplicada a los procesadores de texto: las palabras encabezado y encabezamiento suenan condenadamente similares a pesar de referirse a dos cosas completamente distintas, lo cual es un problema. En el procesador de texto Writer la primera se utiliza para nombrar a los títulos de una parte de un documento, como los capítulos, secciones, etcétera1, mientras que la segunda se refiere a la parte superior de la página, aquella que no forma parte del «área de texto principal» y donde puede ir el número de página u otra información… lo cual no estaría tan bien ya que encabezamiento se refiere, según la RAE, a

1. m. Conjunto de las palabras con que, según fórmula, se empieza un documento.

2. m. Aquello que, como advertencia o en otro concepto, se dice al principio de un libro o escrito de cualquier clase.

Es decir, el comienzo de un libro. Pero el uso hace al lenguaje y no al contrario por lo que si esas palabras se usan así, ¡listo!, ¿verdad? Bueno, no tanto. Para empezar Writer no es consistente con el uso de estas palabras, tal y como nos muestra esta captura de pantalla de un menú de LibO 5.1:

encabezadomiento

¡Dos palabras distintas para el mismo significado, una al lado de la otra! (ya lo comenté en las listas de correo)

Y para seguir la cosa no termina aquí ya que en otros programas estas palabras significan otras cosas: LyX usa encabezado para referirse a lo que Writer llama encabezamiento y entorno para lo que Writer llama encabezado.

En fin, todo un lío.

Dada mi natural habilidad para el furcio2 en los últimos años he utilizado en todos mis artículos el término cabecera para referirme a lo que Writer llama (la mayor parte de las veces) encabezamiento en la esperanza de evitar confusiones (al menos las mías), ya que este término significa

Adorno que se pone a la cabeza de una página, capítulo o parte de un impreso.

Lo cual suena bien.3

¿Deberíamos iniciar entonces una campaña para aclarar esos términos en el castellano? Porque en inglés, con header para la parte superior de la página y heading para los títulos de las secciones está todo claro, ¿no? No, tampoco, ni por casualidad.

Según WordNet header y heading son sinónimos. De hecho:

header noun

2. a line of text serving to indicate what the passage below it is about

– the heading seemed to have little to do with the text

Syn: heading, head

heading noun

1. a line of text serving to indicate what the passage below it is about (Freq. 1)

– the heading seemed to have little to do with the text

Syn: header, head

La confusión es internacional.

Quizás el término que está peor utilizado es el de encabezado que más allá de referirse, en América Latina al menos, a un titular en la primera página de un periódico no tiene mucho que ver con capítulos y secciones. Pero no creo que a esta altura se pueda hacer algo al respecto.

Creo que la decisión de LyX de utilizar entorno (que sería la traducción de environment) para aquello que determina la identidad del texto que sigue (capítulo, sección, etcétera) es brillante, pero allí también tenemos su uso de encabezado… En fin, que este tipo de problemas nunca tienen una solución simple por lo que los adjetivos que se me ocurren no son muy elegantes. Mannaggia!


NOTAS:

1 Lo cual no deja de sorprenderme ya que, según la RAE, uno de los significados del verbo encabezar es «aumentar la parte espiritosa de un vino con otro más fuerte, con aguardiente o con alcohol»

2 Arg., Méx., Perú y Ur. Equivocación cometida al hablar.

3 Si bien cabecera también se refiere al mueble vertical que se coloca a la cabeza de una cama… como sea.

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Contaminación lingüística

Pocos lugares en el mundo deben dar tantas facilidades a la «contaminación lingüística» como Suiza: con cuatro idiomas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), de los cuales cada ciudadano conoce al menos dos, más el ubicuo inglés y los dialectos locales, el tráfico de palabras resulta casi infinito.

azione

Una oferta de chocolate suizo (odio las cámaras de los teléfonos… aunque esta vez sirvió de algo)

Una «contaminación» particularmente llamativa puede verse en la imagen a la izquierda, tomada en la puerta de un supermercado del cantón Tesino, la parte donde se habla el italiano… «helvético».

La palabra italiana «azione» se traduce al castellano únicamente como «acción», pero en el cartel está claramente utilizada con el sentido de «oferta» (que en italiano se dice offerta, con doble f). ¿De dónde ha salido semejante uso?

Al parecer la «contaminación» proviene del alemán, pero a través de giros extraños: es una traducción literal del alemán «Aktion», que en la suiza alemana y en partes de Alemania se utiliza también para indicar una oferta… y cuya traducción al castellano también es «acción». Es decir, no hemos resuelto aún el misterio.

La clave, según me cuentan algunos germánicos amigos, quizás se encuentre en la palabra alemana Verkaufsaktion que se traduce al castellano como «promoción de ventas» (los alemanes tienen estas extrañas construcciones): esta palabra se habría abreviado a simplemente Aktion y de allí fue traducida tanto al suizo italiano (azione) como al suizo francés (action).

Cosas locas de los idiomas.

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Pequeña etimología ítalocastellana

Por años, no solo en mi infancia sino también durante buena parte de la edad adulta, un misterio se presentó ante mi en cada guiso dominguero: la palabra osobuco.

¿Por qué estos suculentos guisos, y en especial ese hueso en forma de anillo con su increíblemente grasoso y gustoso cargamento de tuétano tenía ese extraño nombre? Lo máximo que logré durante mi niñez fue una tajante aclaración indicando que esa carne nada tenía que ver con un corpulento úrsido, que era de normalísima vaca. Recuerdo que algún adulto intentó en su momento una explicación anatómica precisa del origen del corte… pero la palabra en sí siempre quedó sin explicación.

La revelación llegó en el momento de mudarme a Italia y acercarme a la carnicería del supermercado donde una bandeja blanca no solo me ofrecía el inconfundible osobuco perfectamente envasado: la etiqueta lo identificaba sin lugar a dudas como osso buco.

Osso → hueso

Buco → agujero

¡El misterio estaba finalmente resuelto!

Eso fue solo el comienzo de una serie de descubrimientos: por ejemplo, escarpines proviene del italiano scarpa (zapato) y vendría a ser «pequeño zapato» (en italiano, las terminaciones -ino e -ina y sus correspondientes plurales -ini e -ine indican diminutivos).

Incluso algunas frases hechas tienen un itálico origen. Típico de abuela chusma, la molesta pregunta «para cuándo los confites», insufriblemente repetida en cada noviazgo del benjamín/a de la casa, proviene de la costumbre italiana de regalar confites de colores en todo momento festivo: en los matrimonios, se regalan confites blancos con almendras enteras en su interior.

Uno de estos descubrimientos me provocó sin embargo una fuerte impresión que no he logrado superar aún. Luego de notar que los deliciosos filetes de carne empanados y fritos que toda mi vida llamé «milanesas» no eran otra cosa que cotolette alla milanese, es decir, «chuletas al estilo de Milán», me enfrenté con una terrible verdad: un plato típico de la gastronomía rioplatense como era y es la «milanesa a la napolitana» resultaba entonces una insuperable pesadilla intelectual.

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En defensa del lenguaje

A más de uno le habrá seguramente pasado: recibir un correo electrónico con una línea, muchas veces al inicio del mensaje, como la siguiente:

Enviado desde mi <smart-phone de turno>.

Odio esas líneas.

Pero es aún peor cuando no contentos con la citada afrenta ciertas personas agregan una «aclaración» semejante a la siguiente:

Disculpen los posibles errores.

Pareciera que el remitente intentara con esas en apariencia tímidas palabras, seguramente agregadas en forma automática por el software de correo utilizado, imponer en sus victimas (es decir: los lectores de sus incompresibles mensajes) la idea de que la ausencia de un teclado físico es suficiente para justificar cualquier barbaridad que se deslice en el texto.

En mi opinión un mensaje mal escrito enviado desde un teléfono no es menos malo que un mensaje mal escrito enviado desde cualquier otro dispositivo: si el remitente no es capaz de dedicar un minuto a revisar la veintena de palabras de su muchas veces críptico mensaje, el acusar al medio utilizado para escribir no lo ayudará a lograr el perdón de sus propias y verdaderas faltas.

Y es que, generalmente, estando frente a un grupo de mensajes enviados por estas personas no suele ser sencillo el discernir cuáles fueron escritos en un verdadero teclado y cuáles en un teclado virtual: Ambos suelen ser igual de desastrosos.

La función del lenguaje es comunicar ideas. Pensar qué va a decirse antes de comenzar a escribir y revisar al menos una vez lo escrito mejora enormemente esa comunicación.

Que sea más difícil escribir desde un teléfono nadie lo duda, pero esa dificultad extra es una pobre escusa para bombardear a los destinatarios con mensajes pobremente escritos y faltos de claridad. Después de todo, la idea detrás de tener siempre al alcance de la mano los medios más variados de comunicación es justamente el disponer constantemente de la posibilidad de comunicarse, algo que va (algo que tiene que ir) mucho más allá del simple envío de textos arbitrarios.

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Breve comentario sobre el significado de las palabras

No creo que mi memoria me traicione, pero sí lo hace mi capacidad de localizar el texto que recuerdo… en fin, que creo recordar a Borges diciendo que la etimología es un ejercicio más entretenido que útil: saber que en el teatro griego «cretino» designa al actor no nos ayuda a comprender qué es un cretino en la actualidad. Décadas después de esta observación borgeana, en medio de este mundo altamente «globalizado» la situación es aún peor por culpa de la «contaminación lingüística». Un ejemplo divertido de esto último es la palabra «bizarro»: tanto en el idioma español como en el italiano —duplicando la z— esta palabra es, o en realidad debería ser utilizada para indicar personas que actúan con extremo arrojo y valor, personas espléndidas, lúcidas, generosas, valientes… pero esta magnífica palabra ha sido aplastada por el «bizarre» inglés, pasando a ser algo completamente diferente en el lenguaje cotidiano. Podría jugarse con la idea de que el valor y el coraje desinteresado y sin límites se han vuelto algo tan raro que se justifica el cambio de significado, pero creo que esta pequeña broma semántica es en realidad más triste que divertida.

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