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La trampa de los estándares

No pensamos demasiado en ellos, pero los formatos de archivo son una parte esencial de nuestra vida digital: en ellos guardamos imágenes, texto, bases de datos, confiamos en ellos para almacenar nuestra información importante, dependemos de ellos. Pero así como son una herramienta versátil y potente pueden también crear trampas difíciles de evitar.

Estas trampas pueden tomar varias formas. La más evidente es el infame «vendor lock-in»: un formato de archivo cuyo funcionamiento es secreto o está «protegido» por patentes en modo tal que solo pueda ser utilizado por un programa particular o, en el menor de los males, por «socios autorizados».

No creo que los lectores de este pingüino necesiten una lista de ejemplos de esta nefasta (al menos para el usuario) práctica.

Para luchar contra el «vendor lock-in» es que, en principio, nacen los estándares abiertos: contra los formatos cerrados que alguna vez utilizó MSOffice se creó el estándar ODF, para enfrentarse al ubicuo mp3 vorbis y compañía, etcétera.

La idea es que al ser un estándar abierto cualquiera puede implementar su uso y que por lo tanto un mismo archivo podrá ser abierto por cualquier programa en cualquier momento obteniendo siempre el mismo resultado.

La idea, digo.

Porque si bien es cierto que a veces esto se logra (png, PDF, vorbis, theora) la realidad es siempre más compleja.

Tomemos como ejemplo un archivo ODT creado en LibreOffice Writer en el que además de aplicar características OpenType avanzadas se tenga la fuente incrustada en el mismo.

Probemos ahora a abrir ese archivo en Apache OpenOffice o en Calligra Suite (en ambos se ve igual). ¿Resultado?

Y mejor no empezamos a hablar de los problemas que tiene Calligra Words para abrir documentos odt «normales»

Ahora bien, el formato ODF es un estándar ISO, ¿porqué tanta diferencia?, ¿no debería ser el resultado siempre el mismo?

Desafortunadamente no.

Pero antes de continuar debemos distinguir entre estándares «solo para almacenar y mostrar» y estándares «para ser manipulados». Ejemplo de estándar para «almacenar y mostrar» son los formatos de audio y vídeo o el magnífico PDF, mientras que para los formatos «a ser manipulados» tenemos el formato utilizado por LibreOffice y compañía, ODF. En este artículo estamos hablando mayormente de la segunda categoría, que nadie va a discutir la utilidad de un estándar como PDF. ¡Los PDF son magníficos! Solo no hay que tratar de modificarlos.

Veamos entonces el porqué un archivo «estándar para ser modificado» como el ODT puede fallar tanto.

Por una parte diferentes programas tienen distintos niveles de desarrollo por lo que el hecho de que algo esté definido en el estándar no implica que todos los «clientes» de ese estándar lo implementen. Por otro lado, y esto es aún más importante, los «estándares para ser modificados» no suelen ser las recetas rígidas exentas de ambigüedad que muchos creen: hasta donde comprendo el asunto ODF permite el uso de «extensiones» no definidas explícitamente en el estándar, extensiones que en realidad solo podrán ser utilizadas por una implementación particular que las reconozca… y LibreOffice hace uso de varias de esas extensiones, como incrustar fuentes, por ejemplo, o utilizar nombres extendidos para tener soporte OpenType.

¿Conclusión?, pues que ODF no resuelve el problema de la «interoperatividad». Y por si esto fuera poco agrega otro problema más sutil, pero no por eso menos grave. Veamos un ejemplo.

Writer ofrece la posibilidad de numerar las notas al pie de página «por capítulo». El problema es que define como «capítulo» solo títulos de nivel 1: si queremos agrupar nuestros capítulos en «partes» y nuestras notas al pie «por capítulo» tendremos problemas si tratamos de utilizar el nivel 1 para la parte y el 2 para el capítulo.

Existen «trucos» para superar este problema, es verdad, pero ninguno de ellos resulta perfecto. Por algo son trucos.

Ahora bien, ¿imaginas, lector, el motivo por el cual esta opción de usar «capítulos» que sean títulos de nivel 2 no está disponible en Writer? Sí, se debe al formato ODT: simplemente no lo permite.

Bug 112301 – Set outline level for chapters

(ver comentario 2)

LibreOffice ha sido capaz de aprovechar las ambigüedades de ODF para implementar características sumamente útiles y potentes como el soporte OpenType, el incrustar fuentes y vídeos en sus archivos, implementar firmas digitales y mucho más, pero al costo de perder interoperatividad con otros editores ODF. Y al mismo tiempo LibreOffice tiene las manos atadas a la hora de implementar características útiles cuando el estándar ODF decide ser explícito.

Es decir, por una parte la ambigüedad de ODF ha dado lugar a una especie de «vendor lock-in soft» donde documentos medianamente complejos creados en versiones recientes de LibreOffice no funcionan correctamente en otros editores ODF, mientras que por otra parte la rigidez del estándar hace difícil el ir más allá de lo que ya tenemos, bloqueando efectivamente el progreso del programa.

En el pasado fui un furioso defensor de ODF, pero ahora ya no estoy tan seguro de su utilidad. Y es que el objetivo de limitar el poder de los formatos de MSOffice lo ha cumplido solo parcialmente (sigue siendo más sencillo manipular un .doc que un .docx), crea la ilusión de una interoperatividad en realidad inalcanzable y por si esto fuera poco dificulta la implementación de nuevas características.

Ahora creo que cada programa que crea documentos «para ser manipulados» debería utilizar su propio formato de archivo y que ese formato de archivo solo necesita estar bien documentado, con documentación accesible a todos así cualquiera puede implementar filtros para importar y exportar a ese formato. Nada más. ¿Ser un «estándar»? Para esta categoría de programas ya no creo en los estándares. Uno de los motivos por los que LaTeX sigue funcionando a través de los años es que no se preocupa de lo que hacen los demás y tiene un formato de archivo que le sirve solo a él. Comprensible por todos, sí, pero exclusivo.

Los estándares han resultado ser un mito pernicioso, lleno de trampas. Y es que solo funcionan (cuando lo hacen) para tareas bien definidas como un formato de imagen, audio o vídeo o cuando el contenido que llevan no debe ser modificado, como en un PDF. Para tareas más complejas como documentos que combinan texto e imagen (y audio y vídeo) en una página bien definida y que deben ser manipulados (documentos de texto, planillas de cálculo) los estándares resultan ser poco más que un cuento de hadas: algo bonito, incluso deseable, pero completamente alejado de la realidad.

Y sí, HTML es una más que bienvenida excepción, pero tiene su truco. O más bien tres trucos.

Primer truco: HTML es un estándar que nació antes que los programas que actualmente lo implementan mientras que ODF nació a partir del formato ya en uso por OpenOffice.org y por lo tanto los otros programas que lo implementan se adaptaron a ese formato, no les es nativo.

Segundo truco: el visor de HTML (el navegador) está separado del editor de HTML mientras que para ODF ambas funciones coinciden en el mismo programa. Esto hace que HTML sea más parecido a los estándares «para almacenar y mostrar» (como el PDF, que sí funciona) que a los estándares «para ser modificados» (como el ODF, que como estamos viendo en este artículo puede resultar un tanto problemático).

Tercer truco: los desarrolladores web necesitan comprobar todo varias veces y en varios navegadores diferentes para hacer «ajustes finos» antes de poder publicar por lo que… en fin, que se entiende.

Finalmente comprendo el porqué la gente de Abiword usa un formato propio y solo da soporte para importar o exportar ODT: atarse a un estándar puede complicarte la vida.

Para completar la lista de dificultades podríamos hablar también del asunto de la proliferación de estándares… pero ese es otro problema que me permitiré dejar pasar.

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Casi una vida con KDE

Estimado lector, a menos que vivas bajo una piedra o no consultes la blogosfera desde hace mucho (que viene a ser lo mismo) seguramente ya sabrás que hoy el proyecto KDE cumple 20 años.

En este breve artículo no voy a agregar nada nuevo al gran y merecido festejo (puedes, debes, consultar a Baltokien, a Victor-hck, al Replicante), más bien contaré algo viejo y sumamente personal.

SuSE 4 everY es que mi primer experiencia linuxera (a nivel hogareño, me refiero, que en la universidad empecé antes) fue hace unos 17 años con un SuSE 7.0 y KDE 1.1.2.

Desde aquella remota época he probado otros escritorios, pero siempre he vuelto (y rápido) a la base: KDE. Pasé por las versiones 1, las 2, la mayor parte de las 3 (incluyendo aquella del milagro de la multiplicación de las barras de herramientas), casi todas las 4… y allí me he quedado un poco, con openSUSE 13.2 y su KDE 4.14.9.

Pero eso está por cambiar, que en poco más de un mes me estaré pasando a Leap 42.2 y su Plasma 5.8.

En fin, casi una vida (linuxera, al menos) con KDE.

¡Feliz cumpleaños!

konqui-openSUSE-sopensuseplasma

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Breve teatralización de una conversación no muy casual

Se levanta el telón. Dos personas cruzan la escena caminando de izquierda a derecha. El primero, [A], lleva las manos en los bolsillos y una expresión algo incrédula. El segundo, [B], sostiene un libro de tapa dura y buena encuadernación con el borde de las hojas doradas.

El diálogo que se presenta al espectador continúa una conversación que inició fuera de escena.

[A] (Frunciendo el ceño)

—Veamos si te entiendo bien. Yo comento que la ciencia nos habla de un universo enorme, posiblemente infinito y con millardos de años de antigüedad. Digo que la materia que nos forma fue en gran parte forjada, a partir de los protones creados al inicio del tiempo, en la explosión de las primeras estrellas gigantes. Digo que los restos de esas explosiones enriquecieron el medio interestelar con elementos pesados. Digo que este proceso se repitió y que las nubes de polvo e hidrógeno que se formaron colapsaron entonces para crear una nueva generación de estrellas y con ellas sistemas solares con planetas rocosos donde un intrincado proceso evolutivo tuvo la oportunidad de crear vida a partir de la química, llevando así adelante un ecosistema cada vez más complejo donde todas las partes interaccionan entre sí en forma exquisita… ¿y me acusas de «reduccionista» al no aceptar yo tu idea de un único creador omnipotente responsable de cada detalle del universo?, ¿de que todo existe solamente por un único acto creador de una única «voluntad divina»? Debo admitir que encuentro alguna dificultad al tratar de comprender tu idea de qué es el «reduccionismo»…

[B] (Respira profundamente y realiza un breve gesto llevando ambas manos brevemente hacia delante)

—Ok, probemos de otra manera. Olvidémonos por un momento de que eres ateo…

[A]

—Agnóstico. Niego el «diseño inteligente» en cualquiera de sus formas, incluso cuando intentan disfrazarlo de ciencia a través de una absurda «evolución guiada». Niego que el universo tenga un propósito, sobre todo cuando quieren venderme la idea absurda de que los humanos somos el centro del universo y la razón de su existencia. Niego que tenga sentido el pensar en un dios personal que atiende todas las plegarias, incluso aquellas que no están exentas de un absurdo egoísmo. Niego todas esas «hipótesis» porque ninguna de ellas logra superar la más mínima confrontación con la realidad, pero no me preocupo por la posibilidad de que exista un… digamos «ente superior»: la discusión de si existe o no un «dios» independiente de las religiones humanas simplemente no me interesa, solo me preocupa que la gente se dañe a si misma aferrándose a una esperanza sin fundamento organizada en forma de rito y que dañe a otros tratando de imponer su fe en esa esperanza y en esos ritos.

[B] (Luego de una breve pausa)

—Como sea. Olvidémonos. Trata de utilizar tu imaginación en este pequeño experimento.

[A] (Bajando la voz)

—Ok. Después de todo no es a mi a quien falta imaginación…

[B] (Ignorando el comentario)

—Perfecto, entonces. Trata de imaginar, al menos por un momento, que realmente existe Dios, que al término de tus días llegas a Su presencia y que Él te acepta en su Gloria. Piensa, imagina: ¿qué le preguntarías?

[A] (Manteniendo una expresión neutra)

—Cómo se accede al Bugzilla del universo.

[B] (Abre los ojos desmesuradamente y trata de decir algo, pero no lo logra)

[A] (Quita las manos de sus bolsillos para ayudar su discurso con gestos)

—¡Es claro que el universo está lleno de «bugs»! Y ni hablar del ser humano, de nosotros. ¡En algún lugar se tienen que poder reportar todos esos problemas!

[B] (Frunciendo el ceño)

—¿De qué…?

[A]

—El nervio laríngeo recurrente, por ejemplo. Va del cerebro, baja hasta el tórax para pasar en torno al arco de la aorta y vuelve a subir hasta la garganta: ¿a quién se le ocurre introducir una desviación tan absurda? Ya en el ser humano resulta ridículo, ¡ni hablar de los metros de más que recorre en la jirafa!

[B] (Breve gesto incierto, tratando de encontrar qué decir)

—Pero…

[A] (Señalándose la garganta)

—¿A quién se le puede ocurrir que la primer parte del tracto digestivo debe coincidir con la primer parte del aparato respiratorio? ¡Los niños que habrán tenido problemas, o incluso habrán muerto por asfixia al tratar de tragar algo demasiado grande!

[B] (Con gesto de alarma)

—Bueno…

[A] (Señalando hacia… abajo)

—Y eso sin entrar en el viejo chiste de «a quién se le ocurre poner un desagüe tóxico en medio de un área recreativa»…

[B] (Tos nerviosa)

[A] (Señalándose los ojos)

—El sistema de reconocimiento visual de los humanos, por ejemplo, debería tener varios reportes en su contra. Entiendo que la pareidolia surja como un comportamiento adaptativo válido, ¿pero adorar una tostada porque presenta una «aparición mariana»? ¡Eso ya me parece un «release stopper»!

[B] (Con un gesto, y un tono, de desaprobación)

—Eres imposible…

[A] (Con un amplio gesto en el que levanta la cabeza y alza ambas manos, blandiendo los índices)

—¡Ah! Tratar de huir de los temas que ponen en entredicho las propias creencias personales acusando a los demás de no ser capaces de discutir civilizadamente, ¡cuando son ellos mismos los que no saben discutir! Para ese reporte será fácil conseguir muchísimos ejemplos…

(Piensa por un momento, luego inclina ligeramente su cabeza y mientras se acerca brevemente a su interlocutor comienza a hablar con un gesto que pretende mostrar seriedad al tiempo que está cargado de ironía)

—Los meta-bugs que reúnen los sesgos cognitivos por un lado y el abuso de falacias por el otro deben ser monstruosos…

(Gira y comienza a alejarse, nuevamente con las manos en los bolsillos).

[B] (Quedándose atrás y hablando en voz baja, como para sí mismo, mientras su interlocutor sigue caminando)

—¿Por qué será tan difícil que los ateos comprendan?

[A] (Saliendo de la escena)

—¡AGNÓSTICO! ¡El módulo de comprensión de lenguaje también debe tener varios reportes en su contra!

[B] Queda en una posición rígida, mandíbula y puños firmemente cerrados. Cae el telón.


NOTAS

Lo de la tostada parece broma, pero desgraciadamente no lo es:

BBC News: Woman ‘blessed by the holy toast’

Magonia: Cuando el cerebro nos engaña

Magonia: La vendedora de la Virgen del Sándwich se tatúa la imagen del emparedado en el pecho

Pareidolia en la wikipedia

El diálogo refleja, en forma caricaturesca, varias charlas (muchas de ellas inútiles) que he tenido en mi vida. Los ejemplos que doy vienen de varias fuentes:

Los problemas asociados con respirar, hablar y comer por el mismo conducto se grabaron a fuego en mi memoria cuando, siendo niño, vi cómo el hermanito (unos tres años) de un compañero de escuela casi muere asfixiado por un caramelo «media hora» (una esfera sólida del tamaño de una canica mediana). Afortunadamente un adulto cercano supo qué hacer y lo salvó… por poco.

El chascarrillo de los ingenieros hablando sobre el diseño del cuerpo y de que solo un ingeniero civil podría poner un desagüe tóxico en medio de un área recreativa es bastante viejo 😉

Lo del nervio laríngeo recurrente lo aprendí hace poco en este vídeo

It’s Okay To Be Smart: Evolution Is Dumb – 12 Days of Evolution #6

(la serie completa es sumamente recomendable, puede verse desde aquí: «The 12 Days of Evolution»)

Más información en la wikipedia en inglés (la versión en castellano del artículo es incomprensible):

Recurrent laryngeal nerve

Existen muchos lugares donde aprender qué son los sesgos cognitivos (por ejemplo, el RationalWiki) por lo que dejo al lector el ejercicio de buscarlos. Lo mismo con las «falacias» y cuál es el problema con ellas, pero hace poco descubrí (como siempre, por casualidad) una página tan útil como divertida donde estas se muestran en forma gráfica: Falacias explicadas gráficamente.

Y por supuesto, el protagonista de la charla: Bugzilla 😉


BONUS TRACK: Does the Universe Have a Purpose? feat. Neil deGrasse Tyson (tiene subtítulos en castellano)

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Una de romanos (en realidad dos)

Desde hace ya varios años distintos conocidos han insistido una y otra vez en que tenía que leer a Manfredi: que los libros son buenos/entretenidos/interesantes/<ponga un adjetivo positivo aquí>.

Uno de los argumentos más comunes con los que me han atacado incentivado ha sido siempre «y además puedes leerlo en idioma original», lo cual es cierto: dado que desde hace doce años vivo en Italia tengo una cierta fluidez con la «lengua del Dante».

El problema está en que siempre he sentido gran desconfianza en los «best sellers» y este señor ha ganado dei bei quattrini con sus muchas novelas, lo cual me generaba sospechas.

Antes de que alguien proteste recordándole a este pingüino tolkiano que «el señor de los anillos» es un best-seller a escala mundial, tengo dos cosas para decir en mi defensa:

  1. Tolkien no fue precisamente un autor prolífico

  2. Conocí sus libros hace casi treinta años, en una época sin Internet y donde uno llegaba a un nuevo autor cuando un amigo le prestaba un libro: me llevó literalmente años el saber que Tolkien era famoso…

Pero volvamos a Manfredi y sus romanos. Tanto me hablaron sobre este autor que (quizás para que finalmente cambiaran de tema) pasando yo un día por una librería vi en oferta un volumen con tres de sus novelas: los idus de marzo (Idi di marzo), el imperio de los dragones (L’impero dei draghi) y la última legión (L’ultima legione).

Pasaron todavía algunos meses antes de decidirme a abrir el libro. Finalmente, he aquí mis impresiones.

Sobre el primer relato, la palabra que vino a mi mente al terminarlo fue innecesario. Luego llegó la construcción oportunidad desperdiciada. En fin, que me dejó un tanto indiferente.

Parecería que mientras paseaba los dedos por el teclado de su computadora, el autor estaba imaginándose con avidez a un productor de Hollywood que venía a ofrecerle un grueso cheque con el cual financiar un film épico de acción (algo que, hasta donde sé, afortunadamente no ha sucedido). De hecho, una mitad de la historia sucede en los caminos del imperio, centrándose en la urgencia del protagonista de llegar a destino «antes de que sea tarde» y a pesar del clima adverso y de los malos de turno que quieren detenerlo. La otra mitad de la historia sucede en Roma, con un juego casi de película (mala) de espionaje donde algunos tratan de averiguar algo que al parecer era sabido por todos menos por los afectados.

¿Por cuál motivo Publio Sestio tuvo que alejarse tantos kilómetros para convencerse de algo que en Roma todos parecían saber, aceptando sin discusión en aquellos lejanos parajes un rumor tan poco claro como el que circulaba en su ciudad de origen de que «algo grave estaba por suceder»? Realmente no tiene sentido.

La historia al menos hubiera dado para una reflexión sobre los personajes principales (Julio Cesar, Cleopatra, Antonio, Bruto…), pero solo ofrece esquemas de esos personajes: realmente no me creo mucho ni que Bruto fuera tan idealista (y por momentos, tonto) ni que Cesar fuera tan moderno en su forma de pensar…

Pero bueno, al menos el relato es fácil de seguir y las páginas se pasan con agilidad. Es una lectura aceptable, pero nada del otro mundo.

Luego comencé con «el imperio de los dragones» y ahí sí que la cosa fue diferente: un completo desastre.

En realidad la obra empieza bien: el «rey de los reyes», Shapur I de Persia, engaña y captura al emperador Valeriano en lo que seguramente fue la humillación más grande sufrida por Roma en toda su historia. El relato acompaña entonces a los prisioneros (entre ellos, claro está, el protagonista real de la historia: Marco Metello Aquila) a través de varias vicisitudes como la muerte del emperador (cremación exprés incluida), una fuga imposible y… ¡un viaje hacia China!

La historia hubiera sido sumamente interesante de no ser porque el autor parece olvidarse de su formación académica y, a medida que avanza en el relato, se prodiga en disparates de calibre cada vez mayor, con guerreros chinos que «vuelan» con alas de seda, combaten realizando acrobacias proezas que el propio Bruce Lee consideraría exageradas y con un personaje que (¡ahhhhhh!) salva la vida de otro concentrándose y absorbiendo a distancia parte del golpe que lo habría matado…

Ni hablar del momento en el cual uno de los personajes hace la vertical sosteniéndose solo con el dedo índice de una mano… por fortuna la escena pasa rápidamente, que casi tiro el libro al piso y comienzo a saltarle encima.

Me encantan las novelas históricas (ya que estamos con Roma, si pueden encontrarla no dejen pasar Galla Placidia, de Lidia Storoni Mazzolani) y disfruto enormemente de las historias de fantasía bien escritas, pero en fin, que o escribes un libro de fantasía o una novela histórica, las dos cosas simultáneamente no cuadran.

Esta vez la palabra «innecesario» no corresponde: la idea de base (un romano del tercer siglo visitando la lejana tierra de la seda) es realmente interesante, pero la frase oportunidad desperdiciada sí se aplica, sobre todo si dicha con un cierto enojo.

El libro chorrea misticismo mal entendido, personajes chatos y por momentos contradictorios y «golpes de escena» que solo sorprenden (cuando lo hacen, que uno de los principales está más que cantado) porque en realidad son tan absurdos que nadie en su sano juicio podría esperarlos.

Muchos me han dicho que el mejor libro de Manfredi es el que me quedaría por leer, la última legión, pero a decir verdad no me han quedado muchas fuerzas para comenzarlo. Un fallo en mi búsqueda del dao, seguramente.

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You must be kidding…

Ya han pasado casi tres meses desde que hablé del estado del proyecto AOO, contando que había un «luchador» tratando de llevarlo adelante para que saliera de su crisis, diciendo que la situación era difícil, pero no imposible, etcétera. ¿Qué sucedió desde entonces?

En fin, allá vamos.

Primero, el proyecto consiguió un nuevo «release manager» (RM). Buena noticia, ¿verdad? Pues no tanto. Andrea Pescetti, el anterior «chair» del proyecto, se ofreció a cubrir el rol de RM, pero es claro que lo hizo no porque crea ser la persona más capacitada para el trabajo: él se ofreció porque nadie más se ofrecía, tan simple como eso. En sus propias palabras:

I obviously can’t fulfill the role completely, since there are skills that I miss

(evidentemente no puedo cubrir el rol completamente, dado que hay habilidades que me faltan)

Andrea es una persona con una enorme voluntad de trabajo que siempre ha tratado de que todos en el proyecto estuvieran bien y de que todo fuera adelante, pero eso no cambia las cosas: el problema que llevó a que el proyecto no tuviera RM no se ha resuelto, solo se ha postergado. En cierta forma, es ahora más complejo que antes.

Y luego, hace unos días, sucedió otro cambio de esos que son «importantes».

Debo admitir que, a pesar de haber tratado de sonar optimista en el anterior artículo, en el fondo siempre sospeché que terminaría sucediendo lo que finalmente sucedió. Es decir, conociendo a todos los personajes casi que era obvio: solo unos meses después de haber sido elegido como nuevo «Chair» del proyecto Jan Iversen anunció su intensión de renunciar en setiembre.

No sé como fueron las discusiones que lo llevaron a tomar semejante decisión, pero desgraciadamente no me resulta difícil imaginarlas.

Y no solo eso, el único candidato a reemplazarlo es por el momento Dennis Hamilton, el mismo «ormid» que inició cierta ridícula discusión en los foros ingleses, demostrando que no entiende cómo funciona la comunidad.

Dennis Hamilton es una persona con un curriculum técnico impecable: miembro de OASIS, en su momento cubrió un rol importante en el desarrollo del estándar ODF… pero OpenOffice es (o era) mucho más que una cuestión técnica: OpenOffice es por sobre todas las cosas una comunidad de usuarios y esto es algo que el proyecto no parece comprender completamente. Y por si fuera poco, Dennis Hamilton ya fue candidato al cargo en las elecciones que había ganado Jan…

Cambiar todo para no cambiar nada.

No tenía pensado escribir este artículo, de hecho, a menos de un milagro (y yo no creo en milagros) este artículo será el último que escribiré sobre OpenOffice o sus derivados, pero algo que me pareció horriblemente absurdo me empujó a hacerlo. ¿Que qué fue ese singular acontecimiento? Pues bien, dado que el movimiento que ofrece es casi nulo ya casi lo había olvidado, pero en épocas mejores hice clic en el botón «seguir» de la página G+ del proyecto. Y bueno, justo en el día en el cual LibreOffice anunció la disponibilidad de su versión 5.0 me encontré con esto en mi página G+

anuncioAOO

Como si nada hubiera pasado en estos últimos años, como si todo estuviera bien y funcionando como debería, como si fingir optimismo fuera suficiente para hacer que todo sea una fiesta, el proyecto «celebra» un número de descargas, una estadística interesante, sí, pero que fuera de contexto carece completamente de significado y que es producto más de la inercia de un nombre con una enorme historia que de un trabajo bien llevado, inercia que hoy por hoy se sostiene solo gracias al inigualable soporte ofrecido por los voluntarios de los foros.

No se puede saber quién fue la persona que publicó esa «noticia» en G+, pero tampoco es tan difícil adivinarlo. Por eso, cuando la vi, la frase que vino inmediatamente a mi mente fue

You must be kidding, Rob!

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To Reflex or not to Reflex

Hace un par de años (no recuerdo exactamente cuándo lo noté por primera vez) comencé a ver un fenómeno realmente extraño y cada vez más frecuente que por mucho tiempo me resultó incompresible: turistas utilizando costosas cámaras reflex que en pleno día tienen el flash incorporado abierto.

Salvo por situaciones muy particulares (realizar un retrato con una fuente de luz intensa detrás del sujeto) utilizar el flash en pleno día carece completamente de sentido, no solo por lo inútil que resulta tratar de iluminar algo que ya está bien iluminado (o peor aún, que se encuentra completamente fuera del alcance máximo del flash) sino también por cómo ese flash consume la batería con cada disparo.

La respuesta de esta incógnita me llegó a principios de este año cuando tuve brevemente en mis manos una de estas cámaras reflex de última generación (yo sigo con mi D80, la cual ya va por su octavo año de fieles servicios):

  1. en la rueda de selección del «modo» de la cámara, la posición «A» que desde hace décadas indica el automático se había desdoblado en una A con flash y una A sin flash

  2. las cámaras vienen de fábrica con la A con flash preseleccionada.

Pero esta respuesta me llevó a otra incógnita aún más profunda: ¿cómo es posible que esta gente se gaste un dineral, que esas cámaras son todo menos baratas, adquiriendo una reflex y no sea capaz de leer tan siquiera las primeras cinco páginas del manual? Porque para evitar el usar inútilmente el flash, lo único que esta gente necesita es girar la rueda de selección principal en un punto…

Estoy de acuerdo en que las cámaras compactas (y no me hagan hablar de eso que viene en los teléfonos móviles) son un verdadero desastre y que por más baratas que resulten son una pérdida de tiempo, pero existe toda una gama de cámaras «sin espejo» (es decir, no reflex) entre las compactas y las reflex digitales que están especialmente pensadas para aquellos que quieren imágenes de calidad razonable sin el esfuerzo de tener que regular todo, ofreciendo ópticas de buena calidad y sensores razonablemente grandes a una fracción del precio de una reflex: lumix, nikon coolpix, canon, sony… que hay para elegir.

Y es que el único motivo por el cual alguien podría querer una cámara reflex por sobre una de esas «automáticas pero buenas» es para utilizarla: manejar todas sus opciones, ver qué pasa cuando usamos distintos tiempos de exposición, cambiamos el ISO o utilizamos diferentes aperturas…

Cada tipo de cámara tiene «su usuario»: las compactas son para aquellos que en realidad no se preocupan por la imagen final (el usuario «foto de cumpleaños»), las «sin espejo pero buenas» son para los que quieren fotos de calidad razonable que se hagan solas (el usuario «apuntar y disparar, pero mejor que la imagen se vea bien») y las reflex para los obsesivos que queremos tener todo bajo control (el usuario «tres ruedas de control no son suficientes, menos mal que también están los botones»).

No soy sociólogo/psicólogo ni mucho menos por lo que la explicación podría estar equivocada, pero el único motivo que veo para tener tantos «fotógrafos» en el grupo de usuarios equivocado es el mismo por el cual cierta gente ansía tener autos deportivos o teléfonos/tablets de alta gama: aparentar.

Y es que si bien una cámara lumix o una coolpix pueden dar incluso más de lo que el turista medio realmente necesita no se ven profesionales. Y cierta gente quiere aparentar que sabe lo que hace, especialmente cuando no tiene la menor idea.

Pues bien, desde estas líneas quiero lanzar una advertencia a todos los usuarios de cámaras reflex, no reflex y similares: el tener el flash abierto en pleno día tampoco se ve profesional…

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No está muerto quien pelea, pero ¿hay alguien peleando? El estado de AOO

NOTA: Hace ya varios meses que le estoy dando vueltas a este artículo, sin saber siquiera cómo comenzarlo. Un correo de mi gran amigo Mauricio, quien ha tomado las riendas del foro en español cuando yo me alejé, me dio el empujón que faltaba. Lo que sigue es una larga reflexión personal acerca de un tema complejo sobre el cual no tengo respuestas.


Sobre la pregunta del título, sí, hay alguien peleando, y no, no soy yo, al menos ya no. Pero vayamos por partes.

¿Debería importarme?

Por supuesto. Incluso si te has tatuado el logo de «the document foundation» sobre el pecho y no desperdicias oportunidad de hablar bien de LibO aún cuando nadie quiera oírte deberías darte cuenta de que a nadie le importan tus tatuajes o tu elocuencia: lo que la gente quiere es abrir sin problemas un archivo de hace cinco años y que ese archivo y el que crea ahora se abran sin problemas en diez años en cualquier programa corriendo en cualquier plataforma, quiere compartir archivos con otros, quiere mostrarse «profesional» aún cuando no lo sea. Pero esto solo es posible con un formato de archivos que sea un estándar abierto y a disposición de todos, un estándar que pueda ser interpretado por cualquier programa y que sea interpretado por muchos programas, no por uno solo. Si es con AOO, LibO, Calligra u otro engendro es algo que a nadie debería interesarle: toda la apuesta para mantener la libertad de nuestros documentos está en que el formato de archivos ODF sea fuerte y esa fuerza se logrará mantener solo si se tienen varias implementaciones válidas.

Un «vendor lock-in» de código abierto puede parecer mejor que uno cerrado, pero eso no quiere decir que sea completamente bueno. Lector, si eres de esos que desean la «muerte» de AOO deja por un momento de mirarte el ombligo y piensa en las consecuencias de que uno de los proyectos FOSS más famosos de la historia fracase. La diversidad no solo es buena, la diversidad es esencial: sin diversidad no hay evolución.

Un poco de historia

Rumores sobre la «muerte» del proyecto OpenOffice se suceden sin solución de continuidad desde que Oracle compró Sun en 2010, por lo que no son una novedad. Sobre la veracidad de estos rumores, pues la situación ha cambiado mucho (y muchas veces) en estos años: al principio eran fundados, luego, al pasar a la fundación Apache y por al menos un par de años, la actividad fue frenética hasta, quizás, la liberación de la versión 4.0 por lo que los rumores en esa época eran absurdas mentiras, ahora… entre de la liberación de AOO 4.0 y 4.1 algo sucedió y el proyecto comenzó a estancarse en forma cada vez más clara por lo que en estos momentos los rumores son fundados otra vez, casi tanto, si no más, que en el 2010.

La última oleada de artículos sobre la mala salud de AOO parte quizás de este análisis (en inglés):

Development activity in LibreOffice and OpenOffice

Este artículo fue seguido de otros que no citaré aquí (no es necesario), los cuales fueron a su vez traducidos no siempre en forma feliz y que por lo tanto tampoco citaré (no vale la pena).

Sobre el artículo original no hay mucho que pueda decirse: todos los datos son correctos. Es suficiente ver cómo la lista de correo de desarrollo pasó de más de 80 mensajes diarios (con picos de más de cien) en el 2012 para caer por debajo de la decena (con varios mínimos de uno) en el 2015… Sí, en febrero se dieron unos «picos» de unos cuarenta mensajes diarios, pero eso en realidad se debió a otro problema del cual hablaré más abajo.

¿Qué pasó?

Hace unos años dije:

Jürgen Schmidt se ofreció como «release manager» para coordinar las varias tareas previas a la liberación oficial […] pero si él por algún motivo decidiera no ofrecerse a esa tarea ningún problema: alguien más tomaría las riendas.

Pues bien, Jürgen dejó su cargo como release manager (RM) el dos de octubre pasado, hace más de siete meses y nadie parece interesado en reemplazarlo: sin RM una nueva versión es simplemente imposible y esa es una de las razones por las cuales AOO 4.1.2 (que debería traer binarios «firmados» para windows y OSX además de varias correcciones de error) se encuentra hoy más lejos de lo que parecía el año pasado.

Alguien que siga estas páginas podría preguntarse si esta situación que resulta hoy tan evidente no habrá comenzado mucho antes, o incluso si no será en parte responsable del «cansancio» que me llevó a abandonar el proyecto hace más de un año y medio. Ya sea que tengas estas inquietudes o no, estimado lector, la respuesta a ambas preguntas es sí.

No sería correcto que entrara en detalles ya que muchas de estas cosas se discutieron (y es que eran discusiones con nombre y apellido… ya se sabe, la cuestión de la privacy) en la lista de correo privada del proyecto, pero debo decir que se dieron en estos años varias situaciones que requerían una acción inmediata de la comisión directiva (el PMC) y que terminaron en… nada. Algunos de estos problemas eran, en mi opinión, graves, pero el proyecto como un todo no fue capaz de reaccionar.

Es decir, sé que un par de personas intentaron «mediar» en alguno de estos problemas, pero el proyecto como un todo parecía mantener una actitud del tipo «si no lo miramos, quizás se arregle solo», actitud que tuvo serias consecuencias como, por ejemplo, el que la wiki y los foros estuvieran con «mantenimiento mínimo» por más de un año (es suficiente explorar los reportes del proyecto a la fundación Apache donde pequeñas variantes de la frase «The OpenOffice custom infrastructure (wiki, forum) is still in a “minimal maintenance” mode» comienzan en octubre de 2013 y toman todo el 2014…).

Traté de hacer notar que esta excesiva pasividad era mala, pero no lo logré… o quizás sí, pero igual no se dieron respuestas. En un momento lancé una clara acusación a todo el equipo al decir «el proyecto se ha mostrado incapaz de reaccionar ante un problema real», ante lo cual obtuve solo una respuesta con un esperanzador «la próxima vez seremos capaces». Pues bien, unos meses más tarde esa «próxima vez» llegó y nuevamente no fue enfrentada por el grupo (sí por algunos individuos, pero eso no sirve), por lo que luego de meditarlo profundamente y no sin pena decidí retirarme.

La vida es complicada y no es posible hacer que todos sean felices: siempre que se toma una decisión alguien quedará fuera. Cuando el PMC decidió no decidir, yo me sentí fuera.

¿Culpables?

Todos (incluyéndome) y ninguno a la vez: Las relaciones humanas son complejas, para ser suaves, por lo que no es raro que se den problemas de todo tipo. Quizás el «apache way» con sus vagas reglas explícitas y sus rígidas reglas no escritas solo sea útil para grupos cerrados y no muy grandes de programadores y no funcione tan bien para comunidades de usuarios grandes y complejas como la heredada de OpenOffice. De hecho, por mucho tiempo (en gran medida aún hoy es así) el PMC no comprendió cómo funcionan los foros de la comunidad, llegando por momentos a reacciones absurdas.

Al menos un luchador

Tiempo después de mi partida (puedo decirlo porque él mismo lo hizo público varias veces) Jan Iversen, otro miembro del PMC renunció al mismo por motivos similares a los míos. Según sus propias palabras:

I resigned from the PMC in 2014 mainly because felt a strong disagreement with the rest of the PMC, about where we are, and how we give the project more momentum.

[Renuncié al PMC en 2014 principalmente porque sentí un fuerte desacuerdo con el resto del PMC sobre dónde estamos y cómo darle al proyecto más empuje.]

Pero hace unos meses Andrea Pescetti anunció su intención de «rotar» el cargo de chair del proyecto renunciando al mismo y llamando a elecciones para encontrar un sucesor. Luego de muchas dudas, idas y vueltas, Jan decidió presentarse y ganó… no sin dificultades: la elección tuvo que hacerse dos veces y fue el origen de esos breves «picos» de actividad en la lista de correo que mencioné antes.

Jan es una persona de un enorme empuje e infinita voluntad de hacer cosas, una persona por la cual siento un enorme respeto. ¿Será capaz de sacar el proyecto de este letargo? Pues no lo sé, la tarea es realmente monumental y no hay garantías.

Solo el tiempo dirá.

EDITO: Jan Iversen no solo terminó renunciado a su posición en el proyecto, directamente está trabajando en LibO. Dada la situación, me parece una decisión acertada.

¿Y entonces?

Ni idea. Por lo pronto, lector, si usas AOO 4.1.1 pues que no va a dejar de funcionar de hoy para mañana: tal vez dentro de muchos años cuando las pocas librerías externas de las que depende cambien ya no será posible instalarlo, pero si ahora te sirve seguirá sirviéndote por mucho tiempo. Y si no usas AOO, pues ningún problema, sigue con lo que hoy te sirve: ya dije muchas veces que LibO es un gran proyecto perfectamente válido, que no tengo problemas con el proyecto en sí ni con su producto… solo con algunos de sus dirigentes, pero eso es otra historia…

Además, AOO todavía puede recuperarse. No será fácil, pero eso no quiere decir que sea imposible.

Debo admitir que la posibilidad de tener nuevamente solo un paquete de oficina libre «para dominarlos a todos» me preocupa y no porque el más firme candidato al cargo sea LibO: si solo quedara un AOO impetuoso y saludable también me preocuparía. Insisto en que la diversidad aquí es fundamental para darle fuerza al estándar ODF: si como parece AOO se dirige al olvido y Calligra nunca termina de despegar, tener solo un paquete de oficina usando por defecto ODF no va a ayudarnos.

Creo que la situación general de los paquetes de oficina libres es preocupante y, siendo una pieza clave del zoo de programas que nuestras computadoras necesitan hoy día, tiene el potencial de afectar la credibilidad del software libre como un todo.

En fin, que los próximos meses serán claves para el proyecto AOO. Esperemos que al menos Calligra Suite finalmente logre despegar y que programas como Abiword y gnumeric ganen importancia, dándole riqueza a este precario ecosistema de los programas de «productividad» libres.


EDITO (Agosto de 2015): he escrito una «continuación» (menos optimista) de este artículo

You must be kidding…

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